Difference between revisions of "Lu Xun Complete Works/es/Fengbo"

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= La tormenta (风波) =
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! colspan="2" | La tormenta
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| '''Autor''' || Lu Xun (鲁迅)
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| '''Título''' || La tormenta (风波)
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| '''Colección''' || Grito de guerra (呐喊)
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| '''Primera publicación''' || 1920
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| '''Traducción''' || Claude / Martin Woesler
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|}
  
'''Lu Xun (鲁迅, Lǔ Xùn, 1881–1936)'''
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Traducción del chino al español.
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= La tormenta (风波) =
 
 
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== La tormenta ==
 
  
 
De la colección '''Grito de guerra''' (《呐喊》)
 
De la colección '''Grito de guerra''' (《呐喊》)
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La esposa de Siete-jin aún no había respondido cuando de repente vio a Siete-jin apareciendo por la esquina del callejón. Inmediatamente cambió de dirección y le gritó a él: «¡Cadáver ambulante! ¿Por qué regresas tan tarde? ¿Dónde te fuiste a morir? ¡Te esperamos para cenar!»
 
La esposa de Siete-jin aún no había respondido cuando de repente vio a Siete-jin apareciendo por la esquina del callejón. Inmediatamente cambió de dirección y le gritó a él: «¡Cadáver ambulante! ¿Por qué regresas tan tarde? ¿Dónde te fuiste a morir? ¡Te esperamos para cenar!»
  
Aunque Siete-jin vivía en el campo, desde hacía tiempo albergaba ciertas aspiraciones de progreso. Durante tres generaciones, desde su abuelo, la familia no había tocado una azada; él también, como de costumbre, ayudaba a pilotar un barco de pasajeros, una vez al día —por la mañana desde la Villa Lu (鲁镇) a la ciudad y por la tarde de vuelta—, así que estaba bastante bien informado sobre la actualidad: por ejemplo, dónde el Dios del Trueno había matado a un demonio ciempiés; dónde una muchacha había dado a luz a un yaksha. Entre los aldeanos, era ciertamente un personaje de cierta posición. Pero cenar sin lámpara en verano seguía siendo una costumbre campesina que observaba, de modo que llegar tarde a casa era motivo de reprimenda.
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Aunque Siete-jin vivía en el campo, desde hacía tiempo albergaba ciertas aspiraciones de progreso. Durante tres generaciones, desde su abuelo, la familia no había tocado una azada; él también, como de costumbre, ayudaba a pilotar un barco de pasajeros, una vez al día --por la mañana desde la Villa Lu (鲁镇) a la ciudad y por la tarde de vuelta--, así que estaba bastante bien informado sobre la actualidad: por ejemplo, dónde el Dios del Trueno había matado a un demonio ciempiés; dónde una muchacha había dado a luz a un yaksha. Entre los aldeanos, era ciertamente un personaje de cierta posición. Pero cenar sin lámpara en verano seguía siendo una costumbre campesina que observaba, de modo que llegar tarde a casa era motivo de reprimenda.
  
 
Siete-jin sostenía en una mano su pipa de bambú moteado de seis pies de largo, con boquilla de marfil y cazoleta de cobre blanco, con la cabeza gacha, y vino caminando lentamente a sentarse en el taburete bajo. Seis-jin aprovechó la ocasión para escurrirse y sentarse a su lado, llamándolo «papá». Siete-jin no respondió.
 
Siete-jin sostenía en una mano su pipa de bambú moteado de seis pies de largo, con boquilla de marfil y cazoleta de cobre blanco, con la cabeza gacha, y vino caminando lentamente a sentarse en el taburete bajo. Seis-jin aprovechó la ocasión para escurrirse y sentarse a su lado, llamándolo «papá». Siete-jin no respondió.
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Siete-jin llevó el cuenco roto adentro y se sentó en el umbral a fumar; pero estaba tan preocupado que olvidó fumar: el fuego en la cazoleta de cobre blanco de su pipa de bambú moteado de seis pies con boquilla de marfil se fue apagando gradualmente. En su mente sentía que la situación era extremadamente grave; intentaba pensar en soluciones, hacer planes, pero todo era un lío irremediable que no lograba articular: «Coleta... ¿dónde está mi coleta? Lanza de serpiente de dieciocho pies. Cada generación peor que la anterior. Emperador en el Trono del Dragón. El cuenco roto hay que llevarlo a la ciudad para remendarlo. ¿Quién puede oponérsele? Está escrito en los libros, artículo por artículo. ¡Maldita sea...!»
 
Siete-jin llevó el cuenco roto adentro y se sentó en el umbral a fumar; pero estaba tan preocupado que olvidó fumar: el fuego en la cazoleta de cobre blanco de su pipa de bambú moteado de seis pies con boquilla de marfil se fue apagando gradualmente. En su mente sentía que la situación era extremadamente grave; intentaba pensar en soluciones, hacer planes, pero todo era un lío irremediable que no lograba articular: «Coleta... ¿dónde está mi coleta? Lanza de serpiente de dieciocho pies. Cada generación peor que la anterior. Emperador en el Trono del Dragón. El cuenco roto hay que llevarlo a la ciudad para remendarlo. ¿Quién puede oponérsele? Está escrito en los libros, artículo por artículo. ¡Maldita sea...!»
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== El desenlace ==
  
 
A la mañana siguiente, Siete-jin fue como de costumbre desde la Villa Lu en barco a la ciudad, y regresó a la Villa Lu por la tarde, de nuevo cargando su pipa de seis pies y un cuenco de arroz. Durante la cena le contó a la abuela Nueve-jin que el cuenco había sido remendado en la ciudad; como la grieta era grande, necesitó dieciséis remaches de cobre, a tres wen cada uno, un total de cuarenta y ocho wen.
 
A la mañana siguiente, Siete-jin fue como de costumbre desde la Villa Lu en barco a la ciudad, y regresó a la Villa Lu por la tarde, de nuevo cargando su pipa de seis pies y un cuenco de arroz. Durante la cena le contó a la abuela Nueve-jin que el cuenco había sido remendado en la ciudad; como la grieta era grande, necesitó dieciséis remaches de cobre, a tres wen cada uno, un total de cuarenta y ocho wen.
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Y así, Siete-jin recibió de nuevo de su esposa y de los aldeanos el respeto apropiado y el trato debido. En verano seguían comiendo en la explanada de tierra apisonada frente a su puerta; todos lo saludaban con sonrisas. La abuela Nueve-jin hacía tiempo que había celebrado su octogésimo cumpleaños y seguía descontenta y con buena salud. Las dos coletas de Seis-jin habían crecido hasta convertirse en una gran trenza; aunque recientemente le habían vendado los pies, todavía podía ayudar a la esposa de Siete-jin con las tareas, y renqueaba de un lado a otro por la explanada de tierra cargando el cuenco de arroz con sus dieciocho remaches de cobre.
 
Y así, Siete-jin recibió de nuevo de su esposa y de los aldeanos el respeto apropiado y el trato debido. En verano seguían comiendo en la explanada de tierra apisonada frente a su puerta; todos lo saludaban con sonrisas. La abuela Nueve-jin hacía tiempo que había celebrado su octogésimo cumpleaños y seguía descontenta y con buena salud. Las dos coletas de Seis-jin habían crecido hasta convertirse en una gran trenza; aunque recientemente le habían vendado los pies, todavía podía ayudar a la esposa de Siete-jin con las tareas, y renqueaba de un lado a otro por la explanada de tierra cargando el cuenco de arroz con sus dieciocho remaches de cobre.
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(Septiembre de 1920.)
  
 
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=== Capítulo primero: De la escritura a la literatura ===
 
=== Capítulo primero: De la escritura a la literatura ===
  
En tiempos remotos, los hombres primitivos, viviendo en grupo, se expresaban únicamente mediante gestos y sonidos. Los sonidos se multiplicaron y transformaron hasta formar palabras; las palabras, al hacerse armoniosas, engendraron el canto. En aquella época de barbarie, el pueblo era sencillo y puro: cuando los sentimientos se acumulaban en el interior, cantaban libremente; cuando el cielo y la tierra cambiaban en el exterior, rezaban con temor reverente. Los que destacaban entre sus pares eran apreciados por todos, recordados sin esfuerzo, transmitidos de boca en boca, y a veces alcanzaban las generaciones posteriores. Existían además los chamanes, cuyo oficio era comunicarse con los dioses; celebraban cantos y danzas para implorar dones divinos, y el uso de la alabanza en la comunidad se hizo cada vez más amplio. Si examinamos a los pueblos primitivos actuales, aunque presenten un aspecto enteramente salvaje, sin vestimenta, palacios, ni escritura, casi todos poseen cánticos para invocar a los espíritus y conjurar a los dioses. Lü Buwei (吕不韦) escribió: «La música del antiguo señor Ge Tian consistía en que tres hombres, sujetando colas de buey, golpeaban el suelo con los pies y cantaban ocho estrofas.» Zheng Xuan (郑玄), por su parte, afirmó que «el nacimiento de la poesía no se remonta seguramente a la época de los soberanos primordiales.» Aunque la antigüedad remota carece de testimonios escritos y nada puede verificarse con certeza, si se contrasta con los pueblos primitivos actuales y se aplica la lógica de la psicología humana, parece más razonable la opinión de Lü.
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En tiempos remotos, los hombres primitivos, viviendo en grupo, se expresaban únicamente mediante gestos y sonidos. Los sonidos se multiplicaron y transformaron hasta formar palabras; las palabras, al hacerse armoniosas, engendraron el canto. En aquella época de barbarie, el pueblo era sencillo y puro: cuando los sentimientos se acumulaban en el interior, cantaban libremente; cuando el cielo y la tierra cambiaban en el exterior, rezaban con temor reverente. Los que destacaban entre sus pares eran apreciados por todos, recordados sin esfuerzo, transmitidos de boca en boca, y a veces alcanzaban las generaciones posteriores. Existían además los chamanes, cuyo oficio era comunicarse con los dioses; celebraban cantos y danzas para implorar dones divinos, y el uso de la alabanza en la comunidad se hizo cada vez más amplio.
  
Sin embargo, las palabras son como ondas en el agua: una vez que la agitación cesa, su rastro se desvanece. Fiarse únicamente de la transmisión oral es del todo insuficiente para alcanzar lejanías o perdurar en el tiempo. El poeta, conmovido por las cosas, compone un canto; cantado, la emoción se disipa y el asunto concluye. Si se desea consignar palabras y hechos, preservar méritos y hazañas, fiarse exclusivamente del lenguaje hablado entraña el gran peligro del olvido. De ahí que los antiguos gobernaran mediante nudos en cuerdas, hasta que los sabios posteriores los sustituyeron por la escritura. Se dice que «el antiguo soberano Fuxi (庖羲), al reinar sobre el mundo, miró hacia arriba y observó las imágenes del cielo, miró hacia abajo y observó las leyes de la tierra, contempló las marcas de aves y bestias y las configuraciones del terreno; tomando modelos cercanos de su propio cuerpo y lejanos de las cosas, creó entonces los ocho trigramas.» Shen Nong (神农) los duplicó luego hasta los sesenta y cuatro hexagramas. Esto parece indicar el origen de la escritura. Estos signos, conservados hoy en el ''Yijing'' (《易》), son figuras compuestas de trazos acumulados, cortos y largos entrelazados, cuyas variaciones son finitas y que carecen de relación directa con los caracteres escritos posteriores. Por ello, Xu Shen (许慎) propuso otra explicación: «Cangjie (仓颉), historiador del Emperador Amarillo (黄帝), al observar las huellas de aves y bestias, comprendió que los signos diferenciables podían distinguirse entre sí, y creó entonces los primeros caracteres escritos.» En todo caso, la formación de la escritura debió de requerir largos períodos de tiempo y ser obra de múltiples manos; debía ser comprendida por toda la comunidad para poder difundirse; atribuir el mérito a un solo sabio no es sino conjetura.
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Sin embargo, las palabras son como ondas en el agua: una vez que la agitación cesa, su rastro se desvanece. Fiarse únicamente de la transmisión oral es del todo insuficiente para alcanzar lejanías o perdurar en el tiempo. El poeta, conmovido por las cosas, compone un canto; cantado, la emoción se disipa y el asunto concluye. Si se desea consignar palabras y hechos, preservar méritos y hazañas, fiarse exclusivamente del lenguaje hablado entraña el gran peligro del olvido. De ahí que los antiguos gobernaran mediante nudos en cuerdas, hasta que los sabios posteriores los sustituyeron por la escritura.
  
 
Los seis métodos de formación de caracteres se presentan así: pictogramas (象形), que reproducen la forma del objeto; indicadores simples (指事), que señalan la posición; compuestos ideográficos (会意), que combinan significados; fonoideogramas (形声), que unen un elemento semántico con uno fonético; transferencias (转注); y préstamos (假借). Cuando aparecieron por primera vez en tablillas de bambú y tiras de seda, los caracteres poseían ya una triple belleza: la belleza de significado (意美), capaz de conmover el corazón; la belleza de sonido (音美), capaz de deleitar el oído; y la belleza de forma (形美), capaz de agradar a la vista.
 
Los seis métodos de formación de caracteres se presentan así: pictogramas (象形), que reproducen la forma del objeto; indicadores simples (指事), que señalan la posición; compuestos ideográficos (会意), que combinan significados; fonoideogramas (形声), que unen un elemento semántico con uno fonético; transferencias (转注); y préstamos (假借). Cuando aparecieron por primera vez en tablillas de bambú y tiras de seda, los caracteres poseían ya una triple belleza: la belleza de significado (意美), capaz de conmover el corazón; la belleza de sonido (音美), capaz de deleitar el oído; y la belleza de forma (形美), capaz de agradar a la vista.
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=== Capítulo segundo: El Libro de los Documentos y la Poesía ===
 
=== Capítulo segundo: El Libro de los Documentos y la Poesía ===
  
Una vez que la escritura estuvo establecida y existieron registros, aparecieron los documentos arcaicos. El más antiguo de ellos es el ''Shūjīng'' (《尚书》, Libro de los Documentos). Según la tradición, originalmente contenía más de cien capítulos. Tras la quema de libros ordenada por el Primer Emperador de Qin, el erudito Fu Sheng (伏生), siendo ya nonagenario, recitó de memoria veintinueve capítulos que transmitió en versión «escritura moderna» (今文). Posteriormente, al demoler la antigua residencia de Confucio, el rey Gong de Lu (鲁恭王) descubrió textos ocultos en los muros, todos escritos en «escritura antigua» (古文). Kong Anguo (孔安国) los cotejó con la versión de Fu Sheng y estableció un texto de cincuenta y ocho capítulos.
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Una vez que la escritura estuvo establecida y existieron registros, aparecieron los documentos arcaicos. El más antiguo de ellos es el ''Shujing'' (《尚书》, Libro de los Documentos). Según la tradición, originalmente contenía más de cien capítulos. Tras la quema de libros ordenada por el Primer Emperador de Qin, el erudito Fu Sheng (伏生), siendo ya nonagenario, recitó de memoria veintinueve capítulos que transmitió en versión «escritura moderna» (今文).
  
La prosa del ''Shūjīng'' es arcaica y difícil; como ejemplo citemos el pasaje del ''Xibó kān Lí'' (《西伯戡黎》):
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El ''Shijing'' (《诗经》, Libro de las Odas), con sus 305 poemas, es la colección poética más antigua y completa de China. Se clasifica en tres secciones: ''Feng'' (Vientos/Aires nacionales), ''Ya'' (Odas, subdivididas en Grandes y Pequeñas) y ''Song'' (Himnos). Los tres métodos poéticos son: ''fu'' (赋, narración directa), ''bi'' (比, comparación) y ''xing'' (兴, evocación). El poema ''Cai Wei'' (《采薇》, «Cogiendo helechos») canta al soldado que parte a la guerra: «Antaño, cuando partí, los sauces se mecían; hoy que vuelvo, la nieve cae espesa. El camino es largo, tengo sed y hambre. Mi corazón está triste; nadie conoce mi pena.»
 
 
«Cuando Xibó hubo sometido a Lí, Zu Yi (祖伊), aterrado, corrió a informar al rey diciendo: "¡Hijo del Cielo! El Cielo ha decidido poner fin al mandato de nuestra casa Yin..."»
 
 
 
En cuanto a la poesía, aunque sus orígenes son seguramente anteriores al registro de hechos, de las «Ocho Estrofas» de Ge Tian y de las letras musicales del Emperador Amarillo solo se conservan los nombres. Los primeros cantos verificables aparecen en el capítulo ''Gaoyao mo'' (《皋陶谟》) del ''Shūjīng'', donde el emperador Shun y sus ministros intercambian cantos:
 
 
 
«Kui (夔) dijo: "¡Oh! Golpeo y palmeo las piedras, y las cien bestias danzan al unísono." El Emperador entonces compuso un canto: "Si los miembros se regocijan, y la cabeza se levanta, todos los oficiales prosperarán." Gaoyao (皋陶) cantó en respuesta: "Si la cabeza gobierna con sabiduría y los miembros sirven con lealtad, todos los asuntos marcharán en paz."»
 
 
 
El ''Shījīng'' (《诗经》, Libro de las Odas), con sus 305 poemas, es la colección poética más antigua y completa de China. Se clasifica en tres secciones: ''Feng'' (Vientos/Aires nacionales), ''Ya'' (Odas, subdivididas en Grandes y Pequeñas) y ''Song'' (Himnos). Los tres métodos poéticos son: ''fu'' (赋, narración directa), ''bi'' (比, comparación) y ''xing'' (兴, evocación). Los ''Song'' de Shang (《商颂》), con su lenguaje arcaico y rebuscado similar al del ''Shūjīng'', son probablemente los más antiguos. Los Dos ''Ya'' contienen tanto elogios como críticas, reflejando mejor los sentimientos de sus autores; así, el poema ''Cai Wei'' (《采薇》, «Cogiendo helechos») canta al soldado que parte a la guerra: «Antaño, cuando partí, los sauces se mecían; hoy que vuelvo, la nieve cae espesa. El camino es largo, tengo sed y hambre. Mi corazón está triste; nadie conoce mi pena.» Los ''Guofeng'' (Aires nacionales) son de lenguaje más llano y expresan los sentimientos con mayor franqueza. Todos los poemas proceden del norte de China, con el río Amarillo como centro.
 
  
 
=== Capítulo tercero: Laozi y Zhuangzi ===
 
=== Capítulo tercero: Laozi y Zhuangzi ===
  
Al declinar la casa de Zhou, los encargados de recoger cantos populares cesaron su labor; por ello se dice: «Cuando se extinguieron las huellas del soberano, la poesía pereció.» Los hombres de principios que deseaban remediar los males de su época agotaron sus energías y expusieron sus conocimientos. Mientras tanto, los señores feudales rivalizaban entre sí y acogían generosamente a los letrados itinerantes, quienes refutaban con vehemencia a las escuelas rivales y sostenían que solo su propia doctrina contenía la verdad esencial. Sin embargo, las «escuelas prominentes» de la época eran realmente solo tres: el Taoísmo, el Confucianismo y el Moísmo.
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Al declinar la casa de Zhou, los encargados de recoger cantos populares cesaron su labor. Los hombres de principios que deseaban remediar los males de su época agotaron sus energías y expusieron sus conocimientos. Sin embargo, las «escuelas prominentes» de la época eran realmente solo tres: el Taoísmo, el Confucianismo y el Moísmo.
  
De los textos taoístas registrados en la sección bibliográfica del ''Hànshū'' (《汉书》), el más antiguo que se conserva es el ''Lǎozǐ'' (《老子》). Laozi (老子) se llamaba Er (耳), con nombre de cortesía Dan (聃), de apellido Li (李), natural de Chu. Fue archivero de la corte de Zhou. Al presenciar la decadencia de la dinastía, partió; al llegar a la frontera, a petición del guardián de la puerta Yin Xi (尹喜), escribió un libro en dos partes sobre el Dao y la Virtud, de poco más de cinco mil caracteres, y desapareció sin que nadie supiera su destino. Su texto combina a veces pares de caracteres y rimas para facilitar la memorización:
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De los textos taoístas, el más antiguo que se conserva es el ''Laozi'' (《老子》). Laozi se llamaba Er (耳), con nombre de cortesía Dan (聃), de apellido Li (李), natural de Chu. Fue archivero de la corte de Zhou. Al presenciar la decadencia de la dinastía, partió; al llegar a la frontera, a petición del guardián Yin Xi (尹喜), escribió un libro sobre el Dao y la Virtud, de poco más de cinco mil caracteres.
  
 
«Lo que se mira y no se ve se llama Yi; lo que se escucha y no se oye se llama Xi; lo que se palpa y no se atrapa se llama Wei. Estos tres no se pueden escrutar, por ello se funden en uno solo.»
 
«Lo que se mira y no se ve se llama Yi; lo que se escucha y no se oye se llama Xi; lo que se palpa y no se atrapa se llama Wei. Estos tres no se pueden escrutar, por ello se funden en uno solo.»
  
«Agarrar la Gran Imagen, y todo el mundo acudirá. Acuden y no sufren daño, hallan paz y quietud.»
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Zhuangzi (庄子), cuyo nombre personal era Zhou (周), natural de Meng en Song, fue funcionario menor del Jardín de las Lacas. Escribió más de cien mil caracteres, en su mayor parte parábolas. Su prosa es vasta y ondulante, de mil formas y actitudes; entre los escritores del período final de Zhou, ninguno lo iguala.
 
 
Confucio nació en el año veintiuno del rey Ling de Zhou (551 a.C.) en Lu. Buscó restablecer el orden según los modelos de Yao (尧) y Shun (舜). Mo Di (墨翟), también de Lu, vivió unos ciento treinta o ciento cuarenta años después de Confucio; predicaba el «amor universal» y la «conformidad con el superior», y rechazaba los ritos y la música de los antiguos. Mengzi (孟子, 372-289 a.C.), discípulo de la tradición de Zisi (子思), defendió la benevolencia y la justicia, y refutó tanto a Yang Zhu (杨朱) como a Mozi.
 
 
 
Sin embargo, fue la escuela taoísta la que alcanzó la mayor riqueza literaria. Zhuangzi (庄子), cuyo nombre personal era Zhou (周), natural de Meng en Song, fue funcionario menor del Jardín de las Lacas. Escribió más de cien mil caracteres, en su mayor parte parábolas; los personajes, lugares y acontecimientos son enteramente ficticios, pero su prosa es vasta y ondulante, de mil formas y actitudes; entre los escritores del período final de Zhou, ninguno lo iguala. De los treinta y tres capítulos que se conservan, siete son «Capítulos Interiores», quince «Exteriores» y once «Misceláneos»:
 
  
 
«Las fuentes se secan; los peces yacen juntos en la tierra, se humedecen con su propio aliento, se mojan con su propia baba: mejor fuera olvidarse los unos de los otros en los ríos y lagos.» (''El Gran Maestro Ancestral'', capítulo sexto)
 
«Las fuentes se secan; los peces yacen juntos en la tierra, se humedecen con su propio aliento, se mojan con su propia baba: mejor fuera olvidarse los unos de los otros en los ríos y lagos.» (''El Gran Maestro Ancestral'', capítulo sexto)
  
«El soberano del Mar del Sur se llamaba Raudo; el del Mar del Norte, Súbito; el del Centro, Caos Primordial. Raudo y Súbito se encontraban de cuando en cuando en el territorio de Caos Primordial, quien los trataba con suma generosidad. Raudo y Súbito deliberaron cómo retribuir la bondad de Caos Primordial, y dijeron: "Los hombres tienen siete orificios para ver, oír, comer y respirar; solo este no tiene ninguno. Intentemos horadarlos." Cada día abrían un orificio; al séptimo día, Caos Primordial murió.» (''El emperador que responde'', capítulo séptimo)
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«El soberano del Mar del Sur se llamaba Raudo; el del Mar del Norte, Súbito; el del Centro, Caos Primordial. Raudo y Súbito se encontraban de cuando en cuando en el territorio de Caos Primordial, quien los trataba con suma generosidad. Deliberaron cómo retribuir su bondad: "Los hombres tienen siete orificios para ver, oír, comer y respirar; solo este no tiene ninguno. Intentemos horadarlos." Cada día abrían un orificio; al séptimo día, Caos Primordial murió.» (''El emperador que responde'', capítulo séptimo)
 
 
Al final de la obra hay un capítulo titulado ''Tianxia'' (《天下》), que evalúa sucesivamente a los «que cultivaron las artes del gobierno en el mundo», reservando los mayores elogios para Guan Yin (关尹) y Laozi, y describiendo el propio estilo de Zhuangzi: «Con palabras extravagantes, expresiones desmesuradas y frases sin principio ni fin, se expandía libremente sin parcialidad. Consideraba que el mundo estaba demasiado turbio para que se pudiera hablar con seriedad. Sus libros, aunque magníficos, serpentean sin causar daño. Sus palabras, aunque dispares, son fascinantes de contemplar.»
 
 
 
Lu Xun observa que así, a partir de la historiografía de Laozi, se completa en Zhuangzi la doctrina china del desapego del mundo, del olvido de la vida y la muerte, de la abolición del bien y del mal: el retorno al Caos Primordial.
 
 
 
=== Capítulo cuarto: Qu Yuan y Song Yu ===
 
 
 
En la era de los Reinos Combatientes, mientras Zhuangzi despreciaba los ritos y exaltaba el vacío superando a todos los filósofos por su estilo literario, en el ámbito de la poesía rimada surgió Qu Yuan (屈原) en el estado de Chu. Víctima de calumnias y desterrado, compuso el ''Lísāo'' (《离骚》). Sus extraordinarios versos y su poderosa retórica fueron incomparables en su época. Los escritores posteriores, asombrados por su esplendor literario, lo imitaron profusamente; como era originario de Chu, este género se llamó ''Chǔcí'' (楚辞, «Cantos de Chu»). Comparados con el ''Shījīng'', sus versos son más largos, su imaginación más fantástica, su lenguaje más suntuoso, su significado más transparente: habla desde el corazón, sin atenerse a reglas fijas. Su influencia sobre la literatura posterior fue quizá incluso mayor que la de los Trescientos Poemas.
 
 
 
Qu Yuan, de nombre Ping (平), pertenecía al mismo clan real de Chu. Sirvió al rey Huai (怀王) como Consejero de la Izquierda. Era hombre de vasta erudición, profundo conocimiento de los asuntos de gobierno y gran elocuencia. Cuando el rey le encargó redactar leyes constitucionales, un alto dignatario quiso arrebatarle el borrador; al no lograrlo, lo calumnió ante el rey, que se enfadó y apartó a Qu Yuan.
 
 
 
=== Capítulo quinto: Li Si ===
 
 
 
Al comienzo de su reinado, el Primer Emperador de Qin (秦始皇) mantuvo al canciller Lü Buwei (吕不韦), que había reunido a numerosos eruditos para compilar el ''Lǚshì Chūnqiū'' (《吕氏春秋》), obra de más de doscientos mil caracteres. Sin embargo, una vez adulto, el emperador apartó a Lü Buwei y confió cada vez más en su primer ministro Li Si (李斯), gobernando mediante la ley.
 
 
 
Li Si, natural de Shangcai en Chu, había estudiado junto con Han Fei (韩非) bajo la tutela de Xun Kuang (荀况). Aunque discípulo de un confuciano, Li Si no siguió la vía de los letrados. Su contribución a la escritura fue extraordinaria: unificó los caracteres de los seis reinos, creó el «sello de Qin» (秦篆) y originó la escritura clerical (隶书). Entre los legistas, generalmente parcos en estilo literario, solo Li Si conservó cierta elegancia retórica, como en su célebre memorial contra la expulsión de los consejeros extranjeros (《谏逐客》): «Si solo fuera aceptable lo producido en Qin, entonces las perlas luminosas no adornarían la corte; los objetos de marfil y cuerno de rinoceronte no serían juguetes; las mujeres de Zheng y Wei no poblarían el harén; y los corceles Juanti no llenarían las cuadras.»
 
 
 
En el año veintiocho de su reinado, el Primer Emperador realizó su primera gira por las comandancias del este, y sus ministros compusieron inscripciones laudatorias grabadas en piedra y bronce. Estas fueron también obra de Li Si; su estilo, sobrio pero grandioso, fue el antepasado directo de las inscripciones funerarias de las dinastías Han y Jin.
 
 
 
=== Capítulo sexto: Los cantos de Chu en la corte Han ===
 
 
 
Tras la quema de los libros y la masacre de letrados en Qin, la tradición poética del ''Shījīng'' se extinguió. En el pueblo prosperaban los cantos al estilo de Chu, y cuando Liu Bang (刘邦), un simple jefe de distrito, ascendió al trono imperial, esta corriente musical penetró también en la corte. Xiang Yu (项籍), acorralado en Gaixia (垓下), cantó: «Mi fuerza arrancaba montañas, mi ímpetu cubría el mundo; pero los tiempos me son adversos, y mi corcel Zhui no avanza. ¡Yu, mi amada Yu, qué será de ti!» Era un canto de Chu. Liu Bang, tras pacificar el imperio y al pasar por su pueblo natal de Pei, también cantó golpeando el laúd: «Se levanta el gran viento y vuelan las nubes. Mi poder se extiende sobre los Cuatro Mares y regreso a mi tierra. ¿Dónde encontraré guerreros valerosos que guarden las cuatro fronteras?» También era canto de Chu.
 
 
 
El emperador Wu (武帝) fue el más brillante en la composición de estos cantos. Al viajar al este del río y ofrecer sacrificios, contempló la capital desde su barca, y compuso el ''Qiūfēng cí'' (《秋风辞》): «Se levanta el viento de otoño, vuelan las blancas nubes; hierbas y árboles amarillean, y los gansos regresan al sur. Las orquídeas florecen, los crisantemos exhalan fragancia; añoro a la amada, no la puedo olvidar. ¿Cuánto dura la juventud? ¡Qué hacer ante la vejez!»
 
 
 
=== Capítulo séptimo: Jia Yi y Chao Cuo ===
 
 
 
A comienzos de la dinastía Han, los dos grandes prosistas que discutieron las artes del gobierno fueron Jia Yi (贾谊) y Chao Cuo (晁错). Jia Yi, natural de Luoyang, fue llamado a la corte a los veinte años y ascendido rápidamente a Gran Consejero. Calumniado por los nobles, fue desterrado como preceptor del rey de Changsha. Al cruzar el río Xiang (湘), compuso una elegía por Qu Yuan en la que también se lamentaba de su propia suerte. A los treinta y tres años murió de pesar.
 
 
 
Chao Cuo, natural de Yingchuan, había estudiado las leyes de Shen Buhai (申不害) y Shang Yang (商鞅), y luego recibió las enseñanzas del ''Shūjīng'' de labios de Fu Sheng. Propuso reducir los territorios de los príncipes feudales, lo que provocó la rebelión de los Siete Reinos. Fue ejecutado en el mercado del este en el 154 a.C.
 
 
 
Lu Xun observa que la diferencia final entre ambos no se debió a su talento sino a las circunstancias: Jia Yi encontró un emperador que prefería la quietud, por lo que sus propuestas nunca se aplicaron; Chao Cuo encontró un emperador dispuesto a reformar, pudo llevar a cabo sus ideas, pero terminó provocando la rebelión y su propia muerte. Si se hubieran intercambiado las circunstancias, el destino de cada uno habría sido impredecible. Sin embargo, como Jia Yi poseía mayor talento literario y Sima Qian (司马迁) lo compadeció en una biografía conjunta con Qu Yuan, fue él quien alcanzó la mayor fama póstuma.
 
 
 
=== Capítulo octavo: La literatura de los reinos vasallos ===
 
 
 
Aunque el emperador Gao (高祖) de Han no gustaba de los letrados, y los emperadores Wen y Jing preferían el legismo y la escuela de Huang-Lao, varios príncipes vasallos cultivaron con pasión las letras y la erudición. Los más notables fueron los reyes de Chu, Wu, Liang, Huainan y Hejian.
 
 
 
El rey Xiao de Liang (梁孝王) reunió la corte literaria más brillante de su época. Mei Sheng (枚乘), natural de Huaiyin, fue el más grande de estos escritores cortesanos. Siguiendo libremente el modelo de los ''Chǔcí'' y tomando la inspiración de ''Zhāo hún'' (《招魂》), creó el ''Qī fā'' (《七发》, «Las Siete Incitaciones»), inaugurando así el «género de los siete». En la ''Selección de literatura'' (《文选》) figuran también diecinueve «Antiguos Poemas» en pentasílabos, algunos atribuidos a Mei Sheng. Si esta atribución es correcta, Mei Sheng no solo creó el «género de los siete», sino que fue también el fundador de la poesía pentasilábica antigua.
 
 
 
El rey An de Huainan (淮南王安), amante de los libros, reunió a miles de eruditos y creó los veintiún capítulos de la obra ''Huáinánzǐ'' (《淮南子》). Entre los escritores de su corte, los «Ocho Señores» (八公) compusieron el poema ''Zhāo yǐnshì'' (《招隐士》, «Invitación al ermitaño»), que representa una nueva voz dentro de la tradición de los ''Chǔcí'': «Los laureles crecen espesos en lo profundo de la montaña, con ramas entrelazadas y retorcidas. ¡Vuelve, príncipe! En la montaña no se puede permanecer mucho tiempo.»
 
 
 
=== Capítulo noveno: El florecimiento literario bajo el emperador Wu ===
 
 
 
El emperador Wu (武帝) fue un soberano de grandes ambiciones y talentos, y además un notable protector de las artes. Estableció la Oficina de la Música (乐府), recopiló cantos populares de todas las regiones y creó los «Diecinueve Cantos» (《十九章》) para los sacrificios estatales. Li Yannian (李延年), nombrado Prefecto de Música, componía «nuevas melodías» (新声曲) que eran, en esencia, cantos de Chu transformados y ampliados. En cierta ocasión se presentó ante el emperador y cantó: «En el norte hay una bella mujer, sin par en el mundo; con una sola mirada derrumba ciudades, con otra, reinos. ¿Acaso no se sabe que puede arruinar ciudades y reinos? Pero una belleza así no se encuentra dos veces.» Así presentó a su hermana menor, que fue nombrada Dama Li (李夫人).
 
 
 
Entre los letrados que rodeaban al emperador Wu, el más notable fue Dongfang Shuo (东方朔). Al presentarse a la corte, se describió a sí mismo con una carta de autoelogio que incluía: «A los doce años estudié caligrafía, a los quince la esgrima, a los diecinueve las artes de la guerra. He memorizado cuatrocientos cuarenta mil caracteres. Soy valiente como Meng Ben (孟贲), veloz como Qing Ji (庆忌), íntegro como Bao Shu (鲍叔), fiel como Wei Sheng (尾生). Con tales cualidades, bien podría ser un gran ministro del Hijo del Cielo.» Aunque fue apreciado por su ingenio, nunca obtuvo un cargo de importancia, y compuso la ''Respuesta al huésped difícil'' (《答客难》) para consolarse.
 
 
 
=== Capítulo décimo: Sima Xiangru y Sima Qian ===
 
 
 
Bajo el emperador Wu, los dos mayores escritores fueron Sima Xiangru (司马相如) en la poesía descriptiva (赋) y Sima Qian (司马迁) en la prosa; uno vivió en la pobreza, el otro sufrió la castración. Los hombres que destacan en las letras suelen ser demasiado altivos para adular al soberano, de modo que su suerte es generalmente inferior a la de los escritores mediocres.
 
  
Sima Xiangru, natural de Chengdu en Shu, compuso el ''Zǐxū fù'' (《子虚赋》) y más tarde el ''Shànglín fù'' (《上林赋》), que deslumbraron al emperador Wu. Su estilo rompía con todos los moldes: no seguía modelos previos, desplegaba un talento extraordinario, era vasto y espléndido, y sin igual en toda la dinastía Han. El crítico Ming Wang Shizhen (王世贞) observó que Sima Xiangru poseía una riqueza de material, una suntuosidad de expresión, una antigüedad de estilo, una fluidez de espíritu que ningún otro escritor igualó: Jia Yi tenía su intención pero no su material; Ban Gu (班固), Zhang Heng (张衡) y Pan Yue (潘岳) tenían su material pero no su pluma; Yang Xiong (扬雄) tenía su pluma pero carecía de esa fluidez espiritual.
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=== Capítulos cuarto al décimo: De Qu Yuan a Sima Qian ===
  
Sima Qian, natural de Longmen, viajó extensamente por todo el imperio en su juventud. Heredó el cargo de Gran Historiador de su padre. Cuando el general Li Ling (李陵) se rindió ante los Xiongnu, Sima Qian defendió su inocencia y fue condenado a la castración. Tras sufrir este suplicio, se entregó con redoblada energía a la composición de los ''Shǐjì'' (《史记》, Memorias del Gran Historiador), ciento treinta capítulos que abarcan desde el Emperador Amarillo hasta el emperador Wu. En su célebre carta a Ren An (任安), explicó las razones de su perseverancia:
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En la era de los Reinos Combatientes surgió Qu Yuan (屈原) en el estado de Chu. Víctima de calumnias y desterrado, compuso el ''Lisao'' (《离骚》). Sus extraordinarios versos y su poderosa retórica fueron incomparables en su época.
  
«La razón por la que soporté vivir cubierto de inmundicia fue que lamentaba que mi corazón aún tuviera algo por expresar, y que el morir sin que mi obra quedara para la posteridad habría sido despreciable. Desde la antigüedad, los ricos y los nobles cuya fama se ha borrado son incontables; solo se recuerda a los espíritus extraordinarios. Xibó (西伯) fue encarcelado y elaboró el ''Yijing''; Confucio sufrió tribulaciones y compuso las ''Anales de Primavera y Otoño''; Qu Yuan fue desterrado y escribió el ''Lísāo''; Zuo Qiuming (左丘明) perdió la vista y compuso las ''Conversaciones de los estados''. Los Trescientos Poemas fueron en su mayor parte obra de sabios que expresaban su indignación. [...] Mi ambición era investigar la relación entre el Cielo y el Hombre, penetrar las transformaciones de lo antiguo y lo actual, y completar una doctrina propia
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Li Si (李斯), natural de Chu, fue primer ministro de Qin. Unificó los caracteres de los seis reinos y creó el «sello de Qin». Su célebre memorial contra la expulsión de los consejeros extranjeros es un modelo de prosa argumentativa: «Si solo fuera aceptable lo producido en Qin, entonces las perlas luminosas no adornarían la corte
  
Lu Xun concluye que aunque Sima Qian contradijo la ortodoxia del ''Chūnqiū'', su obra constituye la cumbre insuperable de la historiografía y un ''Lísāo'' sin rima. Su prosa, libre de las ataduras de los métodos históricos y la convención verbal, brotada directamente de la emoción y del corazón, posee la fuerza de conmover al lector a través de los siglos.
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Los dos mayores escritores de la dinastía Han fueron Sima Xiangru (司马相如) en la poesía descriptiva y Sima Qian (司马迁) en la prosa. Sima Qian, condenado a la castración por defender al general Li Ling (李陵), se entregó con redoblada energía a la composición de los ''Shiji'' (《史记》), ciento treinta capítulos que abarcan desde el Emperador Amarillo hasta el emperador Wu. En su célebre carta a Ren An (任安), explicó: «Xibo fue encarcelado y elaboró el ''Yijing''; Confucio sufrió tribulaciones y compuso las ''Anales de Primavera y Otoño''; Qu Yuan fue desterrado y escribió el ''Lisao''. Los Trescientos Poemas fueron en su mayor parte obra de sabios que expresaban su indignación.»
  
 
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La tormenta
Autor Lu Xun (鲁迅)
Título La tormenta (风波)
Colección Grito de guerra (呐喊)
Primera publicación 1920
Traducción Claude / Martin Woesler

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La tormenta (风波)

De la colección Grito de guerra (《呐喊》)


En la explanada de tierra apisonada junto al río, el sol retiraba gradualmente su luz ambarino. Las hojas de los árboles de sebo al borde del agua, resecas y marchitas, solo ahora recuperaban el aliento; unos cuantos mosquitos de patas moteadas zumbaban y danzaban debajo. De las chimeneas de las casas de labranza ribereñas, el humo de la cocina se iba disipando; las mujeres y los niños rociaban agua sobre el suelo de tierra apisonada delante de sus puertas y sacaban mesitas y taburetes bajos: todos sabían que era hora de cenar.

Los ancianos y los hombres se sentaban en los taburetes bajos, abanicándose con grandes abanicos de hoja de plátano y charlando ociosos; los niños corrían como el viento o se acurrucaban bajo los árboles de sebo apostando con piedrecitas. Las mujeres traían las verduras secas al vapor, negras como el azabache, y el arroz dorado, humeando y caliente. Un barco de recreo de literatos pasó por el río; un letrado, arrebatado por la inspiración poética, exclamó: «Sin una preocupación en el mundo: ¡esta es verdaderamente la dicha de la vida campestre!»

Sin embargo, las palabras del letrado no se ajustaban del todo a los hechos, precisamente porque no había oído lo que estaba diciendo la abuela Nueve-jin (九斤). En aquel momento, la abuela Nueve-jin estaba furiosa, golpeando su abanico roto contra la pata del taburete:

«He vivido setenta y nueve años; ya es bastante. No quiero ver más esta ruina. ¡Mejor me muero! ¡La cena está a punto de servirse y ella sigue comiendo habas tostadas, arruinando a toda la familia!»

Su bisnieta Seis-jin (六斤), con un puñado de habas en la mano, venía corriendo desde la otra acera; al ver la escena, se precipitó directamente a la orilla del río, se escondió detrás del árbol de sebo, sacó su cabecita con sus dos coletas y gritó: «¡Vieja bruja que no se muere!»

La abuela Nueve-jin era ciertamente muy anciana pero aún no muy sorda; sin embargo, no oyó las palabras de la niña y siguió hablando para sí: «Cada generación peor que la anterior.»

Esta aldea tenía una costumbre bastante peculiar: cuando una mujer daba a luz, gustaban de pesar al bebé en una balanza y usar el peso en jin como apodo. Desde que la abuela Nueve-jin celebró su quincuagésimo cumpleaños, gradualmente se había convertido en una quejica crónica, siempre diciendo que en su juventud el calor no era tan intenso ni las habas tan duras; en resumen, los tiempos presentes estaban completamente equivocados. Especialmente el hecho de que Seis-jin pesara tres jin menos que su bisabuela y un jin menos que su padre Siete-jin (七斤): este era un ejemplo verdaderamente irrefutable. Así que repitió con énfasis: «Cada generación peor que la anterior.»

Su nuera, la esposa de Siete-jin, acababa de llegar a la mesa cargando la cesta de la comida; la dejó caer sobre la mesa y dijo indignada: «¡Otra vez con eso, madre! Cuando Seis-jin nació, ¿acaso no pesó seis jin y cinco liang? Además, su balanza es una balanza privada, de peso fuerte, a dieciocho liang por jin. Si usamos la balanza estándar de dieciséis liang, nuestra Seis-jin pesaría más de siete jin. Y dudo mucho que el bisabuelo y el abuelo pesaran realmente nueve y ocho jin exactos: la balanza que usaron probablemente era de catorce liang...»

«¡Cada generación peor que la anterior!»

La esposa de Siete-jin aún no había respondido cuando de repente vio a Siete-jin apareciendo por la esquina del callejón. Inmediatamente cambió de dirección y le gritó a él: «¡Cadáver ambulante! ¿Por qué regresas tan tarde? ¿Dónde te fuiste a morir? ¡Te esperamos para cenar!»

Aunque Siete-jin vivía en el campo, desde hacía tiempo albergaba ciertas aspiraciones de progreso. Durante tres generaciones, desde su abuelo, la familia no había tocado una azada; él también, como de costumbre, ayudaba a pilotar un barco de pasajeros, una vez al día --por la mañana desde la Villa Lu (鲁镇) a la ciudad y por la tarde de vuelta--, así que estaba bastante bien informado sobre la actualidad: por ejemplo, dónde el Dios del Trueno había matado a un demonio ciempiés; dónde una muchacha había dado a luz a un yaksha. Entre los aldeanos, era ciertamente un personaje de cierta posición. Pero cenar sin lámpara en verano seguía siendo una costumbre campesina que observaba, de modo que llegar tarde a casa era motivo de reprimenda.

Siete-jin sostenía en una mano su pipa de bambú moteado de seis pies de largo, con boquilla de marfil y cazoleta de cobre blanco, con la cabeza gacha, y vino caminando lentamente a sentarse en el taburete bajo. Seis-jin aprovechó la ocasión para escurrirse y sentarse a su lado, llamándolo «papá». Siete-jin no respondió.

«¡Cada generación peor que la anterior!», dijo la abuela Nueve-jin.

Siete-jin alzó lentamente la cabeza y suspiró: «El Emperador ha ocupado el Trono del Dragón.»

La esposa de Siete-jin se quedó estupefacta un instante, y entonces exclamó como si se le hubiera encendido una luz: «¡Maravilloso! ¿Eso significa que habrá otra amnistía imperial?»

Siete-jin suspiró de nuevo: «No tengo coleta.»

«¿El Emperador quiere coletas?»

«El Emperador quiere coletas.»

«¿Cómo lo sabes?», preguntó la esposa de Siete-jin ansiosamente.

«Todo el mundo en la Taberna Xianheng (咸亨酒店) lo dice.»

La esposa de Siete-jin sintió instintivamente que las cosas no iban bien, pues la Taberna Xianheng era un lugar bien informado. Su mirada cayó sobre la cabeza rapada de Siete-jin, y no pudo evitar enfadarse: lo culpaba, lo resentía, le reprochaba. Luego, de repente, fue presa de la desesperación; llenó un cuenco de arroz, lo puso delante de Siete-jin y dijo: «Cómete el arroz de una vez. ¿Acaso poniendo cara larga te va a crecer una coleta?»

El sol había retirado su última luz; la frescura ascendía oscuramente desde el agua. En la explanada de tierra, se oía el tintineo de cuencos y palillos, y gotas de sudor brillaban en las espaldas de todos. Cuando la esposa de Siete-jin terminó su tercer cuenco de arroz y levantó casualmente la vista, el corazón comenzó a latirle incontrolablemente. A través de las hojas del árbol de sebo vio al bajo y gordo Zhao Qiye (赵七爷) cruzando el puente de troncos, y llevaba puesto su túnica larga de tela de bambú azul zafiro.

Zhao Qiye era el dueño de la Taberna Maoyuan (茂源酒店) en la aldea vecina y el único personaje distinguido y letrado en un radio de treinta li. Siendo erudito, también tenía algo de lealista del antiguo orden. Poseía más de diez volúmenes del Romance de los Tres Reinos con el comentario de Jin Shengtan (金圣叹), y a menudo se sentaba a leerlos palabra por palabra. No solo podía recitar los nombres de los Cinco Generales Tigre sino que incluso sabía que el nombre de cortesía de Huang Zhong (黄忠) era Hansheng (汉升) y el de Ma Chao (马超) era Mengqi (孟起). Tras la revolución, se había enrollado la coleta en lo alto de la cabeza como un sacerdote taoísta y a menudo suspiraba diciendo que si Zhao Zilong (赵子龙) estuviera vivo, el mundo no habría caído en tal desorden. La esposa de Siete-jin tenía ojos agudos y ya había notado que hoy Zhao Qiye ya no era un taoísta: llevaba la cabeza completamente rapada con un gorro negro. Comprendió al instante que el Emperador debía de haber ocupado el Trono del Dragón, que se requerirían coletas, y que Siete-jin estaba en peligro extremo. Pues la túnica de bambú de Zhao Qiye no se vestía a la ligera; en tres años la había llevado solo dos veces: una cuando su adversario, el picado de viruelas Asi (阿四), cayó enfermo, y otra cuando el maestro Lu (鲁大爷), que una vez había destrozado su taberna, murió. Esta era la tercera vez: debía tratarse de nuevo de algo para celebrar él y una calamidad para sus enemigos.

La esposa de Siete-jin recordó que dos años antes, Siete-jin se había emborrachado y había llamado a Zhao Qiye «hombre de baja cuna»; así que en ese instante presintió el peligro de Siete-jin, y su corazón latió furiosamente.

Zhao Qiye se acercó caminando; todos los que estaban sentados cenando se levantaron, golpeando los cuencos de arroz con los palillos y diciendo: «¡Maestro Qiye, cene con nosotros!» Qiye asintió a cada uno y dijo «Por favor, por favor», pero caminó directamente hasta la mesa de Siete-jin. Los Siete-jin se apresuraron a saludarlo; Qiye sonrió y dijo «Por favor, por favor» mientras examinaba cuidadosamente su comida.

«Qué fragantes verduras secas... ¿han oído la noticia?», preguntó Zhao Qiye, de pie detrás de Siete-jin y de cara a la esposa de Siete-jin.

«El Emperador ha ocupado el Trono del Dragón», dijo Siete-jin.

La esposa de Siete-jin miró el rostro de Qiye y forzó una sonrisa: «El Emperador ha ocupado el Trono del Dragón... ¿cuándo habrá amnistía imperial?»

«¿Amnistía imperial? Bueno, probablemente habrá una amnistía tarde o temprano.» En este punto, la expresión de Qiye se tornó repentinamente severa: «Pero ¿dónde está la coleta de su Siete-jin? ¿Su coleta? Eso es un asunto grave. Ya conocen el dicho de la época de los Melenudos: conserva el pelo, pierde la cabeza; conserva la cabeza, pierde el pelo...»

Siete-jin y su esposa nunca habían aprendido a leer y no captaron del todo las sutilezas de esta alusión clásica; pero como el erudito Maestro Qiye lo había dicho así, el asunto era naturalmente gravísimo y sin remedio. Fue como si hubieran recibido una sentencia de muerte: les zumbaban los oídos y no pudieron articular una palabra más.

«¡Cada generación peor que la anterior!» La abuela Nueve-jin, ya indignada, aprovechó para dirigirse a Zhao Qiye: «Estos Melenudos modernos simplemente cortan las coletas de la gente: ni monjes ni sacerdotes. ¿Eran así los Melenudos de antaño? He vivido setenta y nueve años, es bastante. Los Melenudos de antaño se envolvían la cabeza con rollos enteros de raso rojo, colgando, colgando, hasta los talones; los príncipes llevaban raso amarillo, colgando, raso amarillo; raso rojo, raso amarillo... He vivido bastante, setenta y nueve años.»

La esposa de Siete-jin se puso de pie y murmuró: «¿Qué se puede hacer? Una casa entera de viejos y jóvenes, todos dependiendo de él para vivir...»

Zhao Qiye sacudió la cabeza: «No hay nada que hacer. Para no tener coleta, qué castigo corresponde... está todo escrito, artículo por artículo, en los libros. No importa quién viva en su casa.»

Cuando la esposa de Siete-jin oyó que estaba escrito en los libros, su desesperación fue completa. En su angustia frenética, volvió de pronto su odio contra Siete-jin. Señaló la punta de su nariz con los palillos: «¡Este cadáver se lo buscó! Cuando empezó la rebelión, le dije: no pilotes el barco, no vayas a la ciudad. Pero tenía que ir a morirse a la ciudad, revolcarse en la ciudad, y una vez allí le cortaron la coleta. Antes era una coleta lustrosa y negra como el azabache, y ahora no parece ni monje ni sacerdote. ¡Este convicto se lo buscó, y nos ha arrastrado a todos! ¡Este cadáver ambulante de convicto...!»

Los aldeanos habían visto llegar a Zhao Qiye a la aldea, terminaron de comer apresuradamente y se congregaron alrededor de la mesa de Siete-jin. Siete-jin, sabiendo que era un personaje de cierta posición, encontró sumamente impropio ser insultado así por su esposa ante la multitud, de modo que alzó la cabeza y dijo lentamente:

«Hoy hablas con mucha soltura, pero en aquel entonces tú...»

«¡Cadáver ambulante de convicto...!»

Entre los mirones, la tía Ba-yi (八一嫂) era el alma más bondadosa; sosteniendo a su hijo póstumo de dos años, estaba de pie junto a la esposa de Siete-jin mirando el espectáculo. Sin poder contenerse más, se apresuró a mediar: «Hermana Siete-jin, déjalo ya. Nadie es inmortal; ¿quién puede prever el futuro? Incluso usted, hermana Siete-jin, ¿acaso no dijo en su momento que no tener coleta no era tan vergonzoso? Además, el magistrado del yamen ni siquiera ha promulgado un edicto todavía...»

La esposa de Siete-jin no había terminado de escuchar cuando las dos orejas se le pusieron coloradas. Dio la vuelta a los palillos y señaló la nariz de la tía Ba-yi: «¿Qué clase de palabras son esas? Tía Ba-yi, todavía me considero una persona razonable... ¿diría yo algo tan insensato? En aquel entonces lloré durante tres días seguidos: todo el mundo lo vio; ¡hasta la pequeña Seis-jin lloró!...» Seis-jin acababa de terminar un gran cuenco de arroz y sostenía el cuenco vacío pidiendo más. La esposa de Siete-jin, ya de un humor terrible, clavó los palillos directamente entre las dos coletas de Seis-jin y bramó: «¡Quién te pidió que te metieras! ¡Pequeña viuda roba-maridos!»

¡Crash! El cuenco vacío se cayó de la mano de Seis-jin, dio contra la esquina de un ladrillo y al instante se abrió una gran grieta. Siete-jin se levantó de un salto, recogió el cuenco roto, juntó los pedazos para examinarlos y maldijo: «¡Maldita sea!», dándole una bofetada a Seis-jin que la derribó al suelo. Seis-jin quedó llorando; la abuela Nueve-jin la tomó de la mano, repitiendo «Cada generación peor que la anterior», y las dos se alejaron juntas.

La tía Ba-yi también estaba furiosa y dijo en voz alta: «Hermana Siete-jin, usted golpea a la gente con el palo de la rabia...»

Zhao Qiye había estado observando con una sonrisa; pero cuando la tía Ba-yi dijo «el magistrado del yamen ni siquiera ha promulgado un edicto», se había irritado un poco. Para entonces ya había salido de detrás de la mesa y continuó: «¿"Palo de la rabia"? ¡Qué importancia tiene! Los soldados llegarán pronto. ¿Saben quién escolta al Emperador esta vez? ¡El mariscal Zhang (张)! ¡El mariscal Zhang es descendiente de Zhang Yide (张翼德) de Yan, con su lanza de serpiente de dieciocho pies de largo, tiene el valor que diez mil hombres no pueden resistir! ¿Quién puede oponérsele?» Apretó los dos puños como si empuñara una lanza invisible y avanzó varios pasos hacia la tía Ba-yi: «¿Puede usted oponérsele?»

La tía Ba-yi temblaba de rabia, apretando a su hijo, cuando de repente vio a Zhao Qiye, con la cara chorreando sudor grasiento y los ojos desorbitados, dirigiéndose directamente hacia ella. Se aterró, no se atrevió a terminar lo que decía, y se dio la vuelta para marcharse. Zhao Qiye la siguió; la multitud culpó a la tía Ba-yi por entrometerse y le abrió paso. Varios hombres que se habían cortado la coleta y la estaban dejando crecer de nuevo se escondieron rápidamente detrás de otros, temiendo que él los notara. Zhao Qiye no investigó en detalle; atravesó la multitud, se escabulló de repente detrás del árbol de sebo, gritó «¿Puede oponérsele?», pisó el puente de troncos y se marchó con grandes aires.

Los aldeanos permanecieron mudos, calculando en sus mentes, y todos sintieron que verdaderamente no podrían resistir a Zhang Yide; por lo tanto concluyeron que Siete-jin perdería sin duda la vida. Como Siete-jin había violado la ley imperial, recordaron cómo solía dar sus noticias de la ciudad con su larga pipa, con un aspecto tan orgulloso, y sintieron cierta satisfacción ante su transgresión. Parecían querer hacer algún comentario, pero no encontraron nada que decir. Tras un confuso zumbido, los mosquitos chocaron contra los torsos desnudos y se retiraron bajo el árbol de sebo; los aldeanos también se dispersaron gradualmente hacia sus casas, cerraron las puertas y se fueron a dormir. La esposa de Siete-jin murmuró para sí, recogió los utensilios, la mesa y los taburetes, entró, cerró la puerta y se fue a dormir.

Siete-jin llevó el cuenco roto adentro y se sentó en el umbral a fumar; pero estaba tan preocupado que olvidó fumar: el fuego en la cazoleta de cobre blanco de su pipa de bambú moteado de seis pies con boquilla de marfil se fue apagando gradualmente. En su mente sentía que la situación era extremadamente grave; intentaba pensar en soluciones, hacer planes, pero todo era un lío irremediable que no lograba articular: «Coleta... ¿dónde está mi coleta? Lanza de serpiente de dieciocho pies. Cada generación peor que la anterior. Emperador en el Trono del Dragón. El cuenco roto hay que llevarlo a la ciudad para remendarlo. ¿Quién puede oponérsele? Está escrito en los libros, artículo por artículo. ¡Maldita sea...!»

El desenlace

A la mañana siguiente, Siete-jin fue como de costumbre desde la Villa Lu en barco a la ciudad, y regresó a la Villa Lu por la tarde, de nuevo cargando su pipa de seis pies y un cuenco de arroz. Durante la cena le contó a la abuela Nueve-jin que el cuenco había sido remendado en la ciudad; como la grieta era grande, necesitó dieciséis remaches de cobre, a tres wen cada uno, un total de cuarenta y ocho wen.

La abuela Nueve-jin dijo muy disgustada: «Cada generación peor que la anterior. He vivido demasiado. ¡Tres wen por un remache! ¿Eran así los remaches de antaño? Los remaches de antaño eran... He vivido setenta y nueve años...»

Después, aunque Siete-jin continuó yendo a la ciudad diariamente como de costumbre, la atmósfera del hogar seguía algo lúgubre; los aldeanos lo evitaban mayormente y ya no acudían a escuchar las noticias que traía de la ciudad. La esposa de Siete-jin tampoco estaba de buen humor, y a menudo lo llamaba «convicto».

Pasados más de diez días, Siete-jin volvió de la ciudad y encontró a su esposa de excelente humor; ella le preguntó: «¿Oíste algo en la ciudad?»

«Nada.»

«¿El Emperador ha ocupado el Trono del Dragón o no?»

«No dijeron nada.»

«¿Nadie en la Taberna Xianheng tampoco?»

«Nadie.»

«Yo creo que el Emperador seguramente no ha ocupado el Trono. Hoy, al pasar por la tienda de Zhao Qiye, lo vi sentado leyendo otra vez, con la coleta enrollada arriba de nuevo, y sin la túnica larga.»

«...»

«¿No crees que no ha ocupado el Trono?»

«Creo que no.»

Y así, Siete-jin recibió de nuevo de su esposa y de los aldeanos el respeto apropiado y el trato debido. En verano seguían comiendo en la explanada de tierra apisonada frente a su puerta; todos lo saludaban con sonrisas. La abuela Nueve-jin hacía tiempo que había celebrado su octogésimo cumpleaños y seguía descontenta y con buena salud. Las dos coletas de Seis-jin habían crecido hasta convertirse en una gran trenza; aunque recientemente le habían vendado los pies, todavía podía ayudar a la esposa de Siete-jin con las tareas, y renqueaba de un lado a otro por la explanada de tierra cargando el cuenco de arroz con sus dieciocho remaches de cobre.

(Septiembre de 1920.)


Compendio de historia de la literatura china (汉文学史纲要)

Capítulo primero: De la escritura a la literatura

En tiempos remotos, los hombres primitivos, viviendo en grupo, se expresaban únicamente mediante gestos y sonidos. Los sonidos se multiplicaron y transformaron hasta formar palabras; las palabras, al hacerse armoniosas, engendraron el canto. En aquella época de barbarie, el pueblo era sencillo y puro: cuando los sentimientos se acumulaban en el interior, cantaban libremente; cuando el cielo y la tierra cambiaban en el exterior, rezaban con temor reverente. Los que destacaban entre sus pares eran apreciados por todos, recordados sin esfuerzo, transmitidos de boca en boca, y a veces alcanzaban las generaciones posteriores. Existían además los chamanes, cuyo oficio era comunicarse con los dioses; celebraban cantos y danzas para implorar dones divinos, y el uso de la alabanza en la comunidad se hizo cada vez más amplio.

Sin embargo, las palabras son como ondas en el agua: una vez que la agitación cesa, su rastro se desvanece. Fiarse únicamente de la transmisión oral es del todo insuficiente para alcanzar lejanías o perdurar en el tiempo. El poeta, conmovido por las cosas, compone un canto; cantado, la emoción se disipa y el asunto concluye. Si se desea consignar palabras y hechos, preservar méritos y hazañas, fiarse exclusivamente del lenguaje hablado entraña el gran peligro del olvido. De ahí que los antiguos gobernaran mediante nudos en cuerdas, hasta que los sabios posteriores los sustituyeron por la escritura.

Los seis métodos de formación de caracteres se presentan así: pictogramas (象形), que reproducen la forma del objeto; indicadores simples (指事), que señalan la posición; compuestos ideográficos (会意), que combinan significados; fonoideogramas (形声), que unen un elemento semántico con uno fonético; transferencias (转注); y préstamos (假借). Cuando aparecieron por primera vez en tablillas de bambú y tiras de seda, los caracteres poseían ya una triple belleza: la belleza de significado (意美), capaz de conmover el corazón; la belleza de sonido (音美), capaz de deleitar el oído; y la belleza de forma (形美), capaz de agradar a la vista.

Capítulo segundo: El Libro de los Documentos y la Poesía

Una vez que la escritura estuvo establecida y existieron registros, aparecieron los documentos arcaicos. El más antiguo de ellos es el Shujing (《尚书》, Libro de los Documentos). Según la tradición, originalmente contenía más de cien capítulos. Tras la quema de libros ordenada por el Primer Emperador de Qin, el erudito Fu Sheng (伏生), siendo ya nonagenario, recitó de memoria veintinueve capítulos que transmitió en versión «escritura moderna» (今文).

El Shijing (《诗经》, Libro de las Odas), con sus 305 poemas, es la colección poética más antigua y completa de China. Se clasifica en tres secciones: Feng (Vientos/Aires nacionales), Ya (Odas, subdivididas en Grandes y Pequeñas) y Song (Himnos). Los tres métodos poéticos son: fu (赋, narración directa), bi (比, comparación) y xing (兴, evocación). El poema Cai Wei (《采薇》, «Cogiendo helechos») canta al soldado que parte a la guerra: «Antaño, cuando partí, los sauces se mecían; hoy que vuelvo, la nieve cae espesa. El camino es largo, tengo sed y hambre. Mi corazón está triste; nadie conoce mi pena.»

Capítulo tercero: Laozi y Zhuangzi

Al declinar la casa de Zhou, los encargados de recoger cantos populares cesaron su labor. Los hombres de principios que deseaban remediar los males de su época agotaron sus energías y expusieron sus conocimientos. Sin embargo, las «escuelas prominentes» de la época eran realmente solo tres: el Taoísmo, el Confucianismo y el Moísmo.

De los textos taoístas, el más antiguo que se conserva es el Laozi (《老子》). Laozi se llamaba Er (耳), con nombre de cortesía Dan (聃), de apellido Li (李), natural de Chu. Fue archivero de la corte de Zhou. Al presenciar la decadencia de la dinastía, partió; al llegar a la frontera, a petición del guardián Yin Xi (尹喜), escribió un libro sobre el Dao y la Virtud, de poco más de cinco mil caracteres.

«Lo que se mira y no se ve se llama Yi; lo que se escucha y no se oye se llama Xi; lo que se palpa y no se atrapa se llama Wei. Estos tres no se pueden escrutar, por ello se funden en uno solo.»

Zhuangzi (庄子), cuyo nombre personal era Zhou (周), natural de Meng en Song, fue funcionario menor del Jardín de las Lacas. Escribió más de cien mil caracteres, en su mayor parte parábolas. Su prosa es vasta y ondulante, de mil formas y actitudes; entre los escritores del período final de Zhou, ninguno lo iguala.

«Las fuentes se secan; los peces yacen juntos en la tierra, se humedecen con su propio aliento, se mojan con su propia baba: mejor fuera olvidarse los unos de los otros en los ríos y lagos.» (El Gran Maestro Ancestral, capítulo sexto)

«El soberano del Mar del Sur se llamaba Raudo; el del Mar del Norte, Súbito; el del Centro, Caos Primordial. Raudo y Súbito se encontraban de cuando en cuando en el territorio de Caos Primordial, quien los trataba con suma generosidad. Deliberaron cómo retribuir su bondad: "Los hombres tienen siete orificios para ver, oír, comer y respirar; solo este no tiene ninguno. Intentemos horadarlos." Cada día abrían un orificio; al séptimo día, Caos Primordial murió.» (El emperador que responde, capítulo séptimo)

Capítulos cuarto al décimo: De Qu Yuan a Sima Qian

En la era de los Reinos Combatientes surgió Qu Yuan (屈原) en el estado de Chu. Víctima de calumnias y desterrado, compuso el Lisao (《离骚》). Sus extraordinarios versos y su poderosa retórica fueron incomparables en su época.

Li Si (李斯), natural de Chu, fue primer ministro de Qin. Unificó los caracteres de los seis reinos y creó el «sello de Qin». Su célebre memorial contra la expulsión de los consejeros extranjeros es un modelo de prosa argumentativa: «Si solo fuera aceptable lo producido en Qin, entonces las perlas luminosas no adornarían la corte.»

Los dos mayores escritores de la dinastía Han fueron Sima Xiangru (司马相如) en la poesía descriptiva y Sima Qian (司马迁) en la prosa. Sima Qian, condenado a la castración por defender al general Li Ling (李陵), se entregó con redoblada energía a la composición de los Shiji (《史记》), ciento treinta capítulos que abarcan desde el Emperador Amarillo hasta el emperador Wu. En su célebre carta a Ren An (任安), explicó: «Xibo fue encarcelado y elaboró el Yijing; Confucio sufrió tribulaciones y compuso las Anales de Primavera y Otoño; Qu Yuan fue desterrado y escribió el Lisao. Los Trescientos Poemas fueron en su mayor parte obra de sabios que expresaban su indignación.»


Español: Lu Xun — Obras completas