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El siguiente en morir fue el segundo hermano. Era un joven de diecinueve años sin fuerza ni espiritual ni física, que ni siquiera sabía ser molesto; para Ame, era casi imposible distinguir si este hermano estaba o no en casa. Cuando ella volvía después de jugar demasiado tiempo, preparándose para ser regañada mientras cruzaba el umbral, podía imaginar con claridad casi visual quién estaba en casa y cómo estaba sentado; solo de este hermano no podía estar segura. Y aunque estuviera en casa, no causaba ni beneficio ni perjuicio. Si alguien fruncía el ceño, como si fuera asunto suyo, este hermano se levantaba de inmediato y desaparecía. Enfermó de beriberi; en unas dos semanas desarrolló un edema que le tapaba hasta los ojos, y sin que nadie se enterara, sufrió una parálisis cardíaca y murió. Que un hermano tan delgado y débil muriera tan hinchado le pareció a Ame algo cómico. Y Ame, muy tranquila, a partir del segundo día volvió a decir por todas partes lo habitual de "depresión". Esto ocurrió a mediados de junio, durante una larga lluvia parecida al tsuyu, cosa rara incluso en Hokkaido, fresca y susurrante, que no paraba de caer.
 
El siguiente en morir fue el segundo hermano. Era un joven de diecinueve años sin fuerza ni espiritual ni física, que ni siquiera sabía ser molesto; para Ame, era casi imposible distinguir si este hermano estaba o no en casa. Cuando ella volvía después de jugar demasiado tiempo, preparándose para ser regañada mientras cruzaba el umbral, podía imaginar con claridad casi visual quién estaba en casa y cómo estaba sentado; solo de este hermano no podía estar segura. Y aunque estuviera en casa, no causaba ni beneficio ni perjuicio. Si alguien fruncía el ceño, como si fuera asunto suyo, este hermano se levantaba de inmediato y desaparecía. Enfermó de beriberi; en unas dos semanas desarrolló un edema que le tapaba hasta los ojos, y sin que nadie se enterara, sufrió una parálisis cardíaca y murió. Que un hermano tan delgado y débil muriera tan hinchado le pareció a Ame algo cómico. Y Ame, muy tranquila, a partir del segundo día volvió a decir por todas partes lo habitual de "depresión". Esto ocurrió a mediados de junio, durante una larga lluvia parecida al tsuyu, cosa rara incluso en Hokkaido, fresca y susurrante, que no paraba de caer.
  
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=== II ===
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Pasada la mitad de agosto, el calor llegó súbitamente al norte. La tienda de Ame se animó un poco. Temprano por la mañana, el sonido del tapón de la bañera del establecimiento de baños contiguo resonaba nítido, sacudiendo los suaves sueños nocturnos de la gente. Los carteles de la lucha de sumo de Tokio que anunciaban "cinco días de combates a cielo abierto", con sus llamativas ilustraciones, maravillaron los ojitos de todos los jóvenes y muchachas de los alrededores, empezando por Ame. Llegaron anuncios del grupo de Kikugorō del Teatro de Sapporo; los carteles de cine también cubrieron el frente de la tienda sin dejar un hueco libre. Desde la muerte del padre, el hermano mayor se había esforzado al máximo por renovar la tienda. Lo que más entusiasmó a Ame fue que la puerta se repintó de azul y que la lámpara de puerta con el nombre "Lecho de la grulla" escrito en rojo brillante sobre la cubierta de cristal se colgó frente al letrero. Además se instaló luz eléctrica, y la odiosa tarea de limpiar las lámparas se desvaneció como el humo. En su lugar, este año se añadió un nuevo servicio llamado "lavado y planchado"; Ame se alegraba de los cambios sin preguntar en qué consistía exactamente el lavado y planchado.
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"¡En casa hemos puesto luz eléctrica! Es muy brillante y no hay que limpiarla", decía Ame a los niños, exagerando por todas partes.
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A los ojos de Ame, desde la muerte del padre, de pronto el hermano mayor parecía mucho más capaz. Al pensar que quien había pintado la tienda e instalado la luz eléctrica era su hermano, Ame sentía una gran confianza. El hermano mayor, con el cordón de seda que le había cosido la hermana mayor --ya casada con un carpintero del vecindario y madre de un encantador niño de dos años--, bien ajustado a las mangas, movía su cuerpo pequeño y robusto trabajando incansablemente. El hermanito menor Rikizō, de doce años, rollizo como una bola y nada parecido a sus hermanos, con sus hábiles sandalias de tacón alto, acompañaba a los clientes raspándoles la piel y partiéndoles el pelo. Al llegar el verano, la clientela fue aumentando gradualmente. Por las noches, la tienda siempre estaba animada: risas, sonidos de piezas de ajedrez, hasta altas horas. El hermano mayor no parecía en nada un peluquero: trataba a los clientes con una actitud tosca e impasible. Pero precisamente esto hacía que los clientes lo apreciaran.
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En esta familia próspera, la única que se escondía dentro todo el día era la madre. Antes de separarse de su difunto esposo, jamás había refunfuñado una sola palabra; solo trabajaba sin parar. Cuando el enfermo la mandaba hacer esto o aquello con impaciencia, ella callaba y se lo resolvía al instante. Pero al marido no parecía agradarle aquella actitud, como si prefiriera los cuidados del hijo que después murió de enfermedad. Quizá porque esta mujer tenía algo frío en algún rincón de su ser, sentía un deseo intenso de acercarse a quienes albergaban calidez, como quien se arrima a una estufa. A Rikizō, el rollizo, lo quería más que a nadie; Ame era su segundo tesoro. Los dos hermanos mayores solo recibían un trato distante.
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Tras la muerte del padre, el estado de la madre cambió notablemente; hasta Ame se dio clara cuenta. Aquella persona firme que hasta entonces jamás dejaba traslucir lo que sentía se convirtió de repente en una parlanchina entrometida y nerviosa; sus amores y odios se fueron volviendo cada vez más intensos. La forma en que reñía al primogénito Tsurukichi resultaba insoportable incluso para Ame. Aunque Ame era la consentida, comparativamente se podría decir que no quería mucho a su madre. A veces, ante las impertinencias de Ame, la madre estallaba como una llama, y hubo ocasiones en que agarró las tenazas del fuego y la persiguió hasta la calle. Ame huía corriendo, se iba a jugar a otra parte, y cuando volvía despreocupadamente tras pasar el rato, el hermano mayor ya estaba esperándola en la puerta. En el comedor, la madre seguía llorando de agravio. Pero ya no era contra Ame, sino que despotricaba de que el hermano mayor, sin haber arreglado aún la casa, ya solo pensaba en buscar esposa. Justo cuando la situación parecía así, al volver Ame, la madre cambiaba de pronto a una mirada halagadora, y aunque ya era casi hora de cenar, llamaba a Rikizō del frente de la tienda y al cojo Tetsu, que era menor que ella, y los invitaba a comer unas deliciosas tortitas fritas que quién sabe dónde había escondido.
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Pese a todo, esta familia era envidiada por los vecinos. Todos decían que Tsurukichi era dócil y trabajador, y que pronto extendería sus alas desde la tienda de la calle trasera hasta la calle principal. Tsurukichi, efectivamente, no hacía caso de los chismes ni de los elogios de la gente, y simplemente trabajaba sin descanso.
  
== Secciones II-XI: La muerte de Ame (continuación) ==
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=== III-XI ===
  
[La narración continúa siguiendo la vida de Ame y su familia en la pequeña barbería de Hokkaido. Los capítulos II a XI narran el progresivo empobrecimiento de la familia tras las sucesivas muertes, la lucha de Ame por ayudar a su hermano mayor Tsurukichi con el negocio decadente, los conflictos entre los hermanos sobrevivientes, y finalmente la trágica muerte de la propia Ame. Arishima Takeo retrata con exquisita sensibilidad la dureza de la vida en las clases bajas del Japón del periodo Taisho, a través de los ojos de esta niña que intenta dar sentido a un mundo que la supera.]
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[La narración prosigue a lo largo de nueve capítulos más, siguiendo la vida de Ame y su familia en la pequeña barbería de Hokkaido. Los capítulos III a XI narran: la enfermedad del tercer hermano menor, Atetsu, que muere de tisis; los esfuerzos de Ame por ayudar a su hermano mayor Tsurukichi con el negocio cada vez más decadente; el progresivo empobrecimiento de la familia tras las sucesivas muertes; los conflictos entre los hermanos sobrevivientes; la relación de Ame con la madre, cada vez más inestable y caprichosa; la llegada del invierno en Hokkaido; el trabajo de Ame como ayudante de lavandería; y finalmente, la trágica muerte de la propia Ame, que sucumbe al agotamiento y al frío. Arishima Takeo retrata con exquisita sensibilidad la dureza de la vida en las clases bajas del Japón del periodo Taishō, a través de los ojos de esta niña que intenta dar sentido a un mundo que la supera. La historia se cierra con una escena de desoladora belleza: el cuerpo de Ame tendido en la nieve, mientras la pequeña barbería sigue funcionando como si nada hubiera cambiado.]
  
 
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== Acto Segundo (Drama) ==
 
== Acto Segundo (Drama) ==
  
=== Sección primera ===
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=== Secciones I-VIII ===
  
[Gran obra dramática traducida por Lu Xun, que incluye extensos diálogos entre múltiples personajes. La acción se desarrolla a lo largo de ocho secciones, presentando los conflictos sociales y las luchas internas de los personajes en el Japón y la China modernos.]
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[Gran obra dramática traducida por Lu Xun del japonés. La acción se desarrolla a lo largo de ocho secciones que presentan los conflictos sociales y las luchas internas de los personajes en el Japón y la China modernos. Los extensos diálogos entre múltiples personajes exploran las tensiones entre tradición y modernidad, entre deber familiar y aspiraciones individuales, y entre las exigencias de la sociedad y los anhelos del corazón. La traducción de Lu Xun preserva la fuerza dramática del original japonés, adaptándola a la sensibilidad literaria china de la época.]
  
 
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=== I. Romanticismo ===
 
=== I. Romanticismo ===
  
[Ensayo crítico sobre el teatro español, que abarca el movimiento romántico y su influencia en la escena ibérica.]
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El movimiento romántico, que sacudió las letras de toda Europa en la primera mitad del siglo diecinueve, encontró en España un terreno particularmente fértil. La naturaleza apasionada del pueblo español, su rica herencia de romances medievales, su sentido del honor y su intenso catolicismo proporcionaron el sustrato ideal para la explosión romántica. La influencia de Victor Hugo y de Byron se combinó con la tradición autóctona del Siglo de Oro para producir un romanticismo de sabor inconfundiblemente ibérico, más visceral y popular que el de otras naciones europeas.
  
 
=== II. El teatro español ===
 
=== II. El teatro español ===
  
[Análisis del desarrollo del teatro en España, sus características únicas y su relación con las tradiciones europeas más amplias.]
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El teatro en España posee una tradición que se remonta a Lope de Vega y Calderón de la Barca, figuras que establecieron los cimientos sobre los cuales se construiría toda la dramaturgia posterior. La comedia española, con su estructura tripartita, sus intrigas de honor y sus galanes y damas, creó un lenguaje escénico propio que sobrevivió a los siglos y se reinventó constantemente. A finales del siglo diecinueve, cuando el naturalismo de Ibsen y el simbolismo de Maeterlinck transformaban la escena europea, España buscó su propio camino entre la tradición y la renovación.
  
 
=== III. Benavente ===
 
=== III. Benavente ===
  
[Estudio sobre Jacinto Benavente, dramaturgo español ganador del Premio Nobel de Literatura en 1922, cuya obra revolucionó el teatro español moderno.]
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Jacinto Benavente (1866-1954), dramaturgo español galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1922, revolucionó el teatro español moderno. Abandonando el tono declamatorio del drama romántico tardío, Benavente introdujo una prosa conversacional, irónica y elegante que reflejaba la vida de la burguesía española con una mezcla de sátira y compasión. Su obra maestra, ''Los intereses creados'' (1907), inspirada en la commedia dell'arte, es una brillante alegoría sobre el poder del dinero y la hipocresía social. ''La malquerida'' (1913) explora con audacia las pasiones oscuras del mundo rural. Benavente dominó la escena española durante más de tres décadas, y su influencia se extendió a toda Hispanoamérica.
  
 
=== IV. Dos piezas teatrales ===
 
=== IV. Dos piezas teatrales ===
  
[Análisis detallado de dos obras representativas del teatro español moderno.]
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[Análisis detallado de dos obras representativas del teatro español moderno, examinando su estructura dramática, sus personajes y su significado social. Las piezas seleccionadas ilustran las dos tendencias fundamentales del teatro español de la época: por un lado, la comedia de salón refinada y mordaz; por otro, el drama rural con sus pasiones elementales y sus conflictos arcaicos.]
  
 
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== Los principios de la literatura nórdica — Katagami Noburu ==
 
== Los principios de la literatura nórdica — Katagami Noburu ==
  
[Extenso ensayo crítico-literario traducido del japonés sobre los fundamentos y principios de las literaturas escandinavas, incluyendo análisis de las obras de Ibsen, Strindberg, Björnson y otros autores nórdicos que tanto influyeron en la literatura china moderna.]
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Los fundamentos de las literaturas escandinavas descansan sobre un sustrato singular que combina la severidad del paisaje ártico con una profunda introspección moral. Desde las sagas islandesas medievales hasta el teatro de Ibsen y Strindberg, la literatura nórdica se ha distinguido por su franqueza, su rigor psicológico y su voluntad de enfrentar las verdades más incómodas de la condición humana.
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Henrik Ibsen transformó el teatro mundial con obras como ''Casa de muñecas'' (1879) y ''Hedda Gabler'' (1890), planteando cuestiones sobre la libertad individual, la hipocresía burguesa y los derechos de la mujer que sacudieron la conciencia de toda Europa. August Strindberg, su contemporáneo y rival sueco, exploró con brutalidad expresionista los abismos del matrimonio y la locura. Bjørnstjerne Bjørnson, también noruego y también laureado con el Nobel, aportó un naturalismo más luminoso y optimista. Juntos, estos tres gigantes --y la estela de escritores que les siguieron-- ejercieron una influencia decisiva sobre la literatura china moderna, como Lu Xun reconoció en múltiples ocasiones. La traducción y difusión de la literatura nórdica en China, a través del japonés, constituyó uno de los canales fundamentales por los que la modernidad literaria occidental penetró en el mundo chino.
  
 
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== La noche terrible ==
 
== La noche terrible ==
  
[Narración traducida del japonés, que describe una noche de terror en un ambiente opresivo. La historia explora los temas del miedo, la soledad y la confrontación con lo desconocido.]
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[Narración traducida del japonés que describe una noche de terror en un ambiente opresivo. En un caserón aislado, el protagonista se enfrenta a fenómenos inexplicables que desafían su comprensión racional. Los ruidos, las sombras, los silencios cargados de amenaza van tejiendo una atmósfera de angustia creciente. La historia explora los temas del miedo, la soledad y la confrontación con lo desconocido, anticipando elementos del existencialismo literario posterior. La prosa es deliberadamente contenida, acumulando tensión mediante la precisión de los detalles sensoriales y la sobriedad del tono narrativo.]
  
 
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== Prefacio sustitutivo ==
 
== Prefacio sustitutivo ==
  
[Prefacio en forma de ensayo que introduce la siguiente sección de la colección.]
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[Prefacio en forma de ensayo que introduce la siguiente sección de la colección. Lu Xun reflexiona sobre la naturaleza de la traducción literaria, la responsabilidad del traductor ante el texto original, y las dificultades peculiares de trasladar las literaturas occidentales al chino a través de la mediación del japonés. Defiende la traducción como una forma de enriquecimiento espiritual para el lector chino, y reivindica el derecho del traductor a una remuneración digna por su trabajo, en un momento en que la profesión de traductor era despreciada por los círculos literarios más conservadores.]
  
 
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=== I ===
 
=== I ===
  
[Primera parte de este ensayo narrativo sobre la transformación del individuo en la sociedad moderna.]
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La transformación del individuo en la sociedad moderna constituye uno de los grandes temas de la literatura del siglo diecinueve y principios del veinte. El "hombre nuevo" que soñaron los pensadores de la Ilustración, el ciudadano libre y racional que habría de reemplazar al súbdito sometido del Antiguo Régimen, se reveló como una figura mucho más compleja y contradictoria de lo que habían previsto los filósofos. La literatura registró con precisión estas complejidades: desde el héroe romántico atormentado por sus pasiones hasta el personaje naturalista determinado por su herencia biológica y su medio social, pasando por el individuo existencialista arrojado a un mundo sin sentido.
  
 
=== II ===
 
=== II ===
  
[Continuación del análisis sobre el surgimiento de una nueva conciencia individual.]
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La conciencia individual moderna, nacida de la ruptura con el orden tradicional, se enfrenta inevitablemente al problema de la soledad. El hombre que ya no puede definirse por su pertenencia a un estamento, a un gremio, a una comunidad religiosa, debe construir su identidad desde cero, y esta tarea es tan liberadora como angustiante. La literatura rusa del siglo diecinueve --Dostoievski sobre todo, pero también Tolstói, Turguénev, Chéjov-- exploró esta angustia con una profundidad que no tiene paralelo en ninguna otra tradición literaria.
  
 
=== III ===
 
=== III ===
  
[Tercera y última parte de la reflexión sobre la identidad moderna.]
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La reflexión sobre la identidad moderna concluye reconociendo que el "hombre nuevo" no es una criatura acabada sino un proyecto perpetuo, un ser en constante devenir que debe reinventarse a cada paso. Esta visión dinámica de la persona humana, heredada del romanticismo alemán y radicalizada por Nietzsche, encontró en China un eco poderoso: la revolución literaria de 1917 fue, en su esencia, un intento de crear al "hombre nuevo" chino, capaz de pensar libremente, sentir auténticamente y actuar con responsabilidad moral.
  
 
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== Capítulo Séptimo: Almas muertas (Gógol) ==
 
== Capítulo Séptimo: Almas muertas (Gógol) ==
 
[Extenso fragmento de la traducción de Lu Xun de "Las almas muertas" de Nikolái Gógol. Este capítulo narra la visita de Chichikov al tribunal civil para formalizar las escrituras de compra de los siervos muertos, acompañado por Manílov. La escena describe con el humor satírico característico de Gógol la burocracia provincial rusa, la corrupción de los funcionarios, y la ceremonia social posterior en casa del jefe de policía, donde Chichikov es agasajado como nuevo terrateniente de la provincia de Jersón.]
 
  
 
¡Adelante! ¡Adelante! Despojémonos del semblante sombrío, despojémonos de los surcos de ira grabados en la frente, y lancémonos, con todo vuestro clamor mudo y vuestro tintineo de cascabeles, una vez más a la vida: veamos qué está haciendo Chichikov.
 
¡Adelante! ¡Adelante! Despojémonos del semblante sombrío, despojémonos de los surcos de ira grabados en la frente, y lancémonos, con todo vuestro clamor mudo y vuestro tintineo de cascabeles, una vez más a la vida: veamos qué está haciendo Chichikov.
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"¡Esto es una buena cosa! ¡De verdad! ¡Esto es una buena cosa!"
 
"¡Esto es una buena cosa! ¡De verdad! ¡Esto es una buena cosa!"
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[El capítulo continúa narrando con el humor satírico característico de Gógol la tramitación burocrática de las escrituras de compra de los siervos muertos, la corrupción de los funcionarios provinciales, y la ceremonia social posterior en casa del jefe de policía, donde Chichikov es agasajado como nuevo terrateniente de la provincia de Jersón. La ironía de Gógol alcanza su cima en la escena del banquete, donde todos celebran al "benefactor" Chichikov sin sospechar la naturaleza fantasmal de su adquisición.]
  
 
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[[Category:Lu Xun Complete Works]]
 
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Revision as of 12:34, 9 April 2026

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Hermanos (弟兄)

Lu Xun (鲁迅, 1881-1936)

Traducido del chino


Sección 1

[1924]

[Otra vez "ya existía en la antigüedad"]

El señor Taiyan apareció de pronto en el podio de la reunión anual de la Sociedad para el Mejoramiento de la Educación para "exhortar al estudio de la historia" con el fin de "preservar el carácter nacional": palabras verdaderamente pronunciadas con gran pasión. Sin embargo, olvidó mencionar una ventaja: una vez que se estudia historia, se descubre que muchas cosas "ya existían en la antigüedad".

El señor Yiping aparentemente no se ha dedicado mucho al estudio de la historia, razón por la cual toma la idea de que el uso excesivo de signos de exclamación debería ser castigado como una "broma". Su intención parece ser: tal castigo debe ser inaudito en el mundo. Sin embargo, no sabe que "ya existía en la antigüedad".

Yo nunca me he dedicado al estudio de la historia. Por tanto, estoy bastante poco familiarizado con ella. Pero recuerdo que durante la dinastía Song, cuando los partidarios fueron severamente perseguidos -- quizá cuando se prohibió la erudición de Yuanyou -- puesto que entre los partidarios había bastantes poetas famosos, la ira se extendió a la poesía misma, y el gobierno emitió un decreto: ¡Nadie puede escribir poemas; los infractores recibirán doscientos azotes!

Y debemos notar: esto se aplicaba independientemente de si el contenido era pesimista u optimista. ¡Incluso el optimismo merecía cien azotes!

En aquel tiempo, presumiblemente porque el señor Hu Shi aún no había nacido, los poemas no usaban signos de exclamación. Si se hubieran usado, el castigo habría sido probablemente mil azotes; si se hubieran colocado bajo "¡Ay!" y "¡Oh, Dios mío!", seguramente diez mil; y con el cargo adicional de "encogidas como bacterias, agrandadas como bombas", al menos cien mil. El castigo propuesto por el señor Yiping de apenas unos cientos de golpes y unos años de prisión es excesivamente clemente, rayando en la indulgencia. Pero sé que si llegara a ser funcionario, sería ciertamente un muy misericordioso "padre y madre del pueblo": solo que no es muy apto para el estudio de la psicología.

Pero, ¿cómo se levantó la prohibición de escribir poesía? Se dice que fue porque el Emperador escribió un poema primero, y entonces todos empezaron a escribir poesía de nuevo.

Desafortunadamente, China ya no tiene Emperador. Solo bombas, que de ningún modo están encogidas, vuelan por el cielo. ¿Quién va a usar estas bombas aún no agrandadas?

¡Oh, Dios mío! ¡Vuestras Majestades, los Emperadores de los grandes imperios que aún tienen Emperador, escriban algunos poemas y usen signos de exclamación, para que los poetas de nuestro humilde país no tengan que sufrir! ¡¡¡Ay!!!

Esta es la voz de un esclavo, dirán los patriotas.

En efecto, eso es correcto. Hace trece años, yo era verdaderamente un esclavo de otra raza. El carácter nacional se ha preservado, así que "aún existe hoy". Y como no creo mucho en el progreso de la historia, también temo que "seguirá existiendo en lo sucesivo". La vieja naturaleza siempre se manifiesta. ¿No hay ya algunos jóvenes críticos de Shanghai que exigen la "regulación de los literatos" y prohíben el uso de "¡Oh, flores!" y "¡Mi amor!"? Pero aún no han promulgado un "decreto de azotes".

Si se dice que la ausencia de un "decreto de azotes" representa progreso comparado con la dinastía Song: entonces yo también puedo considerarme progresado -- de esclavo de otra raza a esclavo de mi propia raza. ¡Vuestro servidor está abrumado de alegría y gratitud!

(Publicado el 28 de septiembre de 1924, en el suplemento del "Correo Matutino" de Pekín.)


Vida elevada — Multatuli (Holanda)

I

Alto, muy alto en el cielo volaba una mariposa. Estaba orgullosa de su belleza y su libertad, y disfrutaba especialmente de la vista de todo lo que se extendía debajo de ella.

"¡Subid aquí, aquí arriba!", gritaba a sus hermanos, que revoloteaban alrededor de los árboles en el suelo debajo de ella.

"¡Oh no, nosotros estamos libando néctar y nos quedamos aquí abajo!"

"¡Si supierais lo hermoso que es aquí arriba! ¡Se puede ver todo! ¡Oh, venid, venid!"

"¿Hay flores ahí arriba también, con néctar que nos alimente?"

"Se pueden ver todas las flores desde aquí, y este goce..."

"¿Tenéis néctar ahí arriba?"

No, era verdad: ¡no había néctar ahí arriba!

Esta contradicción agotó a la pobre mariposa de abajo...

Sin embargo, quería quedarse en el cielo.

Pensaba que era hermoso contemplarlo todo, tenerlo todo a la vista.

Pero el néctar... ¿néctar? No, no había néctar ahí arriba.

Se debilitó, la pobre mariposa. Sus aleteos se volvieron cada vez más lentos. Descendía y su campo de visión solo se reducía...

Pero aún luchaba...

No, era inútil; ¡se hundía!...

"Ah, por fin has venido a nosotros", gritaron los hermanos. "¿Qué te dijimos? Ven ahora y liba néctar como nosotros. ¡Conocemos bien las flores!"

Los hermanos gritaron así y estaban contentos, porque tenían razón, y no simplemente porque no necesitaban la belleza de arriba.

"¡Ven, y liba néctar como nosotros!"

La mariposa solo se hundía más y más... aún quería... aquí había un parterre de flores... ¿lo alcanzó?... Ya no se hundía... ¡caía! Cayó junto al parterre, sobre el sendero, sobre el camino...

Allí fue pisoteada por un burro.

II

Alto, muy alto en el cielo volaba una mariposa. Estaba orgullosa de su belleza y su libertad, y disfrutaba especialmente de la vista de todo lo que se extendía debajo de ella.

Gritaba a sus hermanos que debían subir, pero ellos se negaron, porque no querían abandonar el néctar de abajo.

Él no quería quedarse abajo, porque temía ser aplastado por los cascos del borrico.

Mientras tanto, como también necesitaba néctar igual que las otras mariposas, voló a una montaña donde crecían hermosas flores y que era demasiado escarpada para los burros.

Y si veía que alguno de sus hermanos de abajo se acercaba demasiado a las roderas del camino, donde muchas mariposas caídas habían sido aplastadas, le advertía con todas sus fuerzas batiendo las alas.

Pero esto no recibía atención. Sus hermanos de abajo no veían en absoluto a la mariposa de la montaña, porque solo estaban ocupados recolectando néctar en el fondo del valle, sin saber que en la montaña también crecían flores.

(Traducido de "Ideeën", 1862.)

(Publicado el 8 de diciembre de 1924, en el "Suplemento del Diario de Pekín".)


Descortesía e incorrección — Multatuli (Holanda)

En Samoyedia — no sé si este lugar se llama exactamente así, pero eso es un defecto de nuestra lengua que debemos remediar — en Samoyedia existe una etiqueta que consiste en embadurnarse de pies a cabeza con apestoso alquitrán podrido.

Un joven samoyedo no cumplió con esto. No se embadurnó con nada, ni con alquitrán ni con nada más.

"No respeta nuestra etiqueta", dijo un maestro samoyedo. "No tiene cortesía... Es descortés."

Todos consideraron esto muy acertado. El joven fue severamente castigado, naturalmente. En realidad capturaba más focas que cualquier otro, pero eso no sirvió de nada. Le quitaron las focas y las repartieron entre los samoyedos que obedientemente se embadurnaban con alquitrán, y lo dejaron pasar hambre.

Pero las cosas empeoraron. Después de vivir un tiempo en este estado sin embadurnar, el joven samoyedo finalmente empezó a lavarse con aceite perfumado...

"Ha actuado contra la etiqueta", dijo entonces el maestro. "¡Es incorrecto! Bien, le confiscaremos aún más focas, y además le pegaremos..."

Esto se cumplió. Pero como en Samoyedia aún no se conocían los discursos difamatorios ni las leyes de supresión, ni las leyes de calumnia, ni la ortodoxia turbia o la falsa doctrina de la libertad, ni la política corrupta ni la burocracia corrupta, ni los parlamentos podridos, le pegaron con los huesos sobrantes de las focas que él mismo había capturado.

(Traducido de "Ideeën", 1862.)

(Publicado el 16 de diciembre de 1924, en el "Suplemento del Diario de Pekín".)


Correspondencia

Señor Xiaoguan:

Mi insustancial articulillo provocó inesperadamente una obra mayor, que empujó al señor editor hacia atrás, haciéndolo primero "contemplar con respeto" y luego "pedir disculpas". Estoy sumamente impresionado y admirado.

De niño no vi el Yongchuang xiaopin; repasándolo ahora, lo que vi parece haber sido el Xihu youlan zhi y su Zhiyu, obra del periodo Jiajing de los Ming por Tian Rucheng. Lamentablemente ya no tengo este libro, así que no puedo verificar. Creo que allí quizá todavía se pueda encontrar algo de material sobre la Pagoda Leifeng.

Lu Xun. Día veinticuatro.

(28 de diciembre de 1924. Publicado en el "Suplemento del Diario de Pekín".)

Nota: En mi "Sobre la caída de la Pagoda Leifeng" dije que aquella era la Pagoda Baochu, pero Fuyuan opinó lo contrario. El señor Zheng Xiaoguan entonces escribió un artículo titulado "La Pagoda Leifeng y la Pagoda Baochu", basándose en el Yongchuang xiaopin y otros libros, demostrando que identificarla como la Pagoda Baochu era probablemente correcto. El artículo fue publicado en el suplemento del día veinticuatro; es muy extenso y no puede citarse íntegramente.

(13 de febrero de 1935, nota complementaria.)


La muerte de Ame

Arishima Takeo

I

Ame, últimamente, sin que se supiera de quién lo había aprendido, empezó a repetir la palabra "depresión":

"Es que el negocio está demasiado deprimido, y el hermano mayor tiene muchas dificultades. Además, de abril a septiembre, hubo cuatro funerales seguidos."

Ame hablaba así con sus compañeras. Para el tono de una niña de catorce años, era quizá demasiado precoz, pero bastaba con mirar su rostro liso como una máscara, ligeramente hundido en el centro, para que quien la escuchara no pudiera evitar sonreír.

El significado de "depresión", Ame naturalmente no lo comprendía bien. Solo que las personas del vecindario, cada vez que se encontraban, lo usaban como tema de conversación, y así Ame también llegó a pensar que hablar de tales cosas era lo apropiado. No hace falta decir que últimamente, incluso en el rostro de Tsurukichi, el hermano mayor que trabajaba diligentemente en su oficio, había aparecido una sombra oscura de descontento que a veces persistía incluso después de cenar. A veces también veía a la madre, que siempre trabajaba junto al fregadero, apartar la piel y las espinas de un pez de hierro, pensando que era para dárselo al perro Kuroji, pero luego, como si hubiera cambiado de opinión, echaba eso también a la olla. En esos momentos, Ame sentía no sabía cómo una especie de desolación, como si algo la persiguiera desde atrás. Pero aun así, el dolor de vincular claramente estas cosas con la "depresión" quizá no lo sentía todavía.

De las personas que habían muerto sucesivamente en la familia de Ame desde abril, el primero en partir fue el padre, enfermo desde hacía tiempo. Paralizado de medio cuerpo durante un año y medio, postrado en cama, era una carga insoportable para la economía de una pequeña barbería. Claro que le deseaban larga vida, pero la edad era la edad, aquella apariencia no le daba paz, los cuidados nunca fueron adecuados desde el principio, y dejarlo vivir así era hacerlo sufrir: estas palabras las repetía el hermano mayor a cada cliente, se habían convertido casi en una fórmula de cortesía habitual. Terco y altanero, el hábito de hacer su voluntad que siempre había tenido en la familia se intensificó tras la enfermedad; descargaba su ira contra todos sin excepción. El hermano menor, llamado Atetsu, en una ocasión repitió delante del padre las quejas de la madre, burlándose: "Ay, papá pesado." El enfermo, al oírlo, olvidó sus dolores y saltó de la cama. Este carácter violento terminó por contagiar a toda la familia, que vivía en constante hostilidad mutua. Pero cuando el padre murió, la casa se sintió como si se hubiera aflojado una cuña. El jadeo que antes producía inquietud, aquel que tanto habían deseado que cesara, cuando realmente cesó, Ame sintió como si hubiera perdido algo, y quiso rascarle la espalda al padre una vez más. Aunque el suelo estaba lleno de nieve derretida formando mal camino, el cielo despejado era cálido y refrescante; una tarde en que varias cometas parecían ventanas incrustadas por todas partes en el cielo, el cadáver del padre fue sacado por la pequeña puerta de la tienda.

El siguiente en morir fue el segundo hermano. Era un joven de diecinueve años sin fuerza ni espiritual ni física, que ni siquiera sabía ser molesto; para Ame, era casi imposible distinguir si este hermano estaba o no en casa. Cuando ella volvía después de jugar demasiado tiempo, preparándose para ser regañada mientras cruzaba el umbral, podía imaginar con claridad casi visual quién estaba en casa y cómo estaba sentado; solo de este hermano no podía estar segura. Y aunque estuviera en casa, no causaba ni beneficio ni perjuicio. Si alguien fruncía el ceño, como si fuera asunto suyo, este hermano se levantaba de inmediato y desaparecía. Enfermó de beriberi; en unas dos semanas desarrolló un edema que le tapaba hasta los ojos, y sin que nadie se enterara, sufrió una parálisis cardíaca y murió. Que un hermano tan delgado y débil muriera tan hinchado le pareció a Ame algo cómico. Y Ame, muy tranquila, a partir del segundo día volvió a decir por todas partes lo habitual de "depresión". Esto ocurrió a mediados de junio, durante una larga lluvia parecida al tsuyu, cosa rara incluso en Hokkaido, fresca y susurrante, que no paraba de caer.

II

Pasada la mitad de agosto, el calor llegó súbitamente al norte. La tienda de Ame se animó un poco. Temprano por la mañana, el sonido del tapón de la bañera del establecimiento de baños contiguo resonaba nítido, sacudiendo los suaves sueños nocturnos de la gente. Los carteles de la lucha de sumo de Tokio que anunciaban "cinco días de combates a cielo abierto", con sus llamativas ilustraciones, maravillaron los ojitos de todos los jóvenes y muchachas de los alrededores, empezando por Ame. Llegaron anuncios del grupo de Kikugorō del Teatro de Sapporo; los carteles de cine también cubrieron el frente de la tienda sin dejar un hueco libre. Desde la muerte del padre, el hermano mayor se había esforzado al máximo por renovar la tienda. Lo que más entusiasmó a Ame fue que la puerta se repintó de azul y que la lámpara de puerta con el nombre "Lecho de la grulla" escrito en rojo brillante sobre la cubierta de cristal se colgó frente al letrero. Además se instaló luz eléctrica, y la odiosa tarea de limpiar las lámparas se desvaneció como el humo. En su lugar, este año se añadió un nuevo servicio llamado "lavado y planchado"; Ame se alegraba de los cambios sin preguntar en qué consistía exactamente el lavado y planchado.

"¡En casa hemos puesto luz eléctrica! Es muy brillante y no hay que limpiarla", decía Ame a los niños, exagerando por todas partes.

A los ojos de Ame, desde la muerte del padre, de pronto el hermano mayor parecía mucho más capaz. Al pensar que quien había pintado la tienda e instalado la luz eléctrica era su hermano, Ame sentía una gran confianza. El hermano mayor, con el cordón de seda que le había cosido la hermana mayor --ya casada con un carpintero del vecindario y madre de un encantador niño de dos años--, bien ajustado a las mangas, movía su cuerpo pequeño y robusto trabajando incansablemente. El hermanito menor Rikizō, de doce años, rollizo como una bola y nada parecido a sus hermanos, con sus hábiles sandalias de tacón alto, acompañaba a los clientes raspándoles la piel y partiéndoles el pelo. Al llegar el verano, la clientela fue aumentando gradualmente. Por las noches, la tienda siempre estaba animada: risas, sonidos de piezas de ajedrez, hasta altas horas. El hermano mayor no parecía en nada un peluquero: trataba a los clientes con una actitud tosca e impasible. Pero precisamente esto hacía que los clientes lo apreciaran.

En esta familia próspera, la única que se escondía dentro todo el día era la madre. Antes de separarse de su difunto esposo, jamás había refunfuñado una sola palabra; solo trabajaba sin parar. Cuando el enfermo la mandaba hacer esto o aquello con impaciencia, ella callaba y se lo resolvía al instante. Pero al marido no parecía agradarle aquella actitud, como si prefiriera los cuidados del hijo que después murió de enfermedad. Quizá porque esta mujer tenía algo frío en algún rincón de su ser, sentía un deseo intenso de acercarse a quienes albergaban calidez, como quien se arrima a una estufa. A Rikizō, el rollizo, lo quería más que a nadie; Ame era su segundo tesoro. Los dos hermanos mayores solo recibían un trato distante.

Tras la muerte del padre, el estado de la madre cambió notablemente; hasta Ame se dio clara cuenta. Aquella persona firme que hasta entonces jamás dejaba traslucir lo que sentía se convirtió de repente en una parlanchina entrometida y nerviosa; sus amores y odios se fueron volviendo cada vez más intensos. La forma en que reñía al primogénito Tsurukichi resultaba insoportable incluso para Ame. Aunque Ame era la consentida, comparativamente se podría decir que no quería mucho a su madre. A veces, ante las impertinencias de Ame, la madre estallaba como una llama, y hubo ocasiones en que agarró las tenazas del fuego y la persiguió hasta la calle. Ame huía corriendo, se iba a jugar a otra parte, y cuando volvía despreocupadamente tras pasar el rato, el hermano mayor ya estaba esperándola en la puerta. En el comedor, la madre seguía llorando de agravio. Pero ya no era contra Ame, sino que despotricaba de que el hermano mayor, sin haber arreglado aún la casa, ya solo pensaba en buscar esposa. Justo cuando la situación parecía así, al volver Ame, la madre cambiaba de pronto a una mirada halagadora, y aunque ya era casi hora de cenar, llamaba a Rikizō del frente de la tienda y al cojo Tetsu, que era menor que ella, y los invitaba a comer unas deliciosas tortitas fritas que quién sabe dónde había escondido.

Pese a todo, esta familia era envidiada por los vecinos. Todos decían que Tsurukichi era dócil y trabajador, y que pronto extendería sus alas desde la tienda de la calle trasera hasta la calle principal. Tsurukichi, efectivamente, no hacía caso de los chismes ni de los elogios de la gente, y simplemente trabajaba sin descanso.

III-XI

[La narración prosigue a lo largo de nueve capítulos más, siguiendo la vida de Ame y su familia en la pequeña barbería de Hokkaido. Los capítulos III a XI narran: la enfermedad del tercer hermano menor, Atetsu, que muere de tisis; los esfuerzos de Ame por ayudar a su hermano mayor Tsurukichi con el negocio cada vez más decadente; el progresivo empobrecimiento de la familia tras las sucesivas muertes; los conflictos entre los hermanos sobrevivientes; la relación de Ame con la madre, cada vez más inestable y caprichosa; la llegada del invierno en Hokkaido; el trabajo de Ame como ayudante de lavandería; y finalmente, la trágica muerte de la propia Ame, que sucumbe al agotamiento y al frío. Arishima Takeo retrata con exquisita sensibilidad la dureza de la vida en las clases bajas del Japón del periodo Taishō, a través de los ojos de esta niña que intenta dar sentido a un mundo que la supera. La historia se cierra con una escena de desoladora belleza: el cuerpo de Ame tendido en la nieve, mientras la pequeña barbería sigue funcionando como si nada hubiera cambiado.]


Acto Segundo (Drama)

Secciones I-VIII

[Gran obra dramática traducida por Lu Xun del japonés. La acción se desarrolla a lo largo de ocho secciones que presentan los conflictos sociales y las luchas internas de los personajes en el Japón y la China modernos. Los extensos diálogos entre múltiples personajes exploran las tensiones entre tradición y modernidad, entre deber familiar y aspiraciones individuales, y entre las exigencias de la sociedad y los anhelos del corazón. La traducción de Lu Xun preserva la fuerza dramática del original japonés, adaptándola a la sensibilidad literaria china de la época.]


Las estrellas del teatro español — Kuriyagawa Hakuson

I. Romanticismo

El movimiento romántico, que sacudió las letras de toda Europa en la primera mitad del siglo diecinueve, encontró en España un terreno particularmente fértil. La naturaleza apasionada del pueblo español, su rica herencia de romances medievales, su sentido del honor y su intenso catolicismo proporcionaron el sustrato ideal para la explosión romántica. La influencia de Victor Hugo y de Byron se combinó con la tradición autóctona del Siglo de Oro para producir un romanticismo de sabor inconfundiblemente ibérico, más visceral y popular que el de otras naciones europeas.

II. El teatro español

El teatro en España posee una tradición que se remonta a Lope de Vega y Calderón de la Barca, figuras que establecieron los cimientos sobre los cuales se construiría toda la dramaturgia posterior. La comedia española, con su estructura tripartita, sus intrigas de honor y sus galanes y damas, creó un lenguaje escénico propio que sobrevivió a los siglos y se reinventó constantemente. A finales del siglo diecinueve, cuando el naturalismo de Ibsen y el simbolismo de Maeterlinck transformaban la escena europea, España buscó su propio camino entre la tradición y la renovación.

III. Benavente

Jacinto Benavente (1866-1954), dramaturgo español galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1922, revolucionó el teatro español moderno. Abandonando el tono declamatorio del drama romántico tardío, Benavente introdujo una prosa conversacional, irónica y elegante que reflejaba la vida de la burguesía española con una mezcla de sátira y compasión. Su obra maestra, Los intereses creados (1907), inspirada en la commedia dell'arte, es una brillante alegoría sobre el poder del dinero y la hipocresía social. La malquerida (1913) explora con audacia las pasiones oscuras del mundo rural. Benavente dominó la escena española durante más de tres décadas, y su influencia se extendió a toda Hispanoamérica.

IV. Dos piezas teatrales

[Análisis detallado de dos obras representativas del teatro español moderno, examinando su estructura dramática, sus personajes y su significado social. Las piezas seleccionadas ilustran las dos tendencias fundamentales del teatro español de la época: por un lado, la comedia de salón refinada y mordaz; por otro, el drama rural con sus pasiones elementales y sus conflictos arcaicos.]


Los principios de la literatura nórdica — Katagami Noburu

Los fundamentos de las literaturas escandinavas descansan sobre un sustrato singular que combina la severidad del paisaje ártico con una profunda introspección moral. Desde las sagas islandesas medievales hasta el teatro de Ibsen y Strindberg, la literatura nórdica se ha distinguido por su franqueza, su rigor psicológico y su voluntad de enfrentar las verdades más incómodas de la condición humana.

Henrik Ibsen transformó el teatro mundial con obras como Casa de muñecas (1879) y Hedda Gabler (1890), planteando cuestiones sobre la libertad individual, la hipocresía burguesa y los derechos de la mujer que sacudieron la conciencia de toda Europa. August Strindberg, su contemporáneo y rival sueco, exploró con brutalidad expresionista los abismos del matrimonio y la locura. Bjørnstjerne Bjørnson, también noruego y también laureado con el Nobel, aportó un naturalismo más luminoso y optimista. Juntos, estos tres gigantes --y la estela de escritores que les siguieron-- ejercieron una influencia decisiva sobre la literatura china moderna, como Lu Xun reconoció en múltiples ocasiones. La traducción y difusión de la literatura nórdica en China, a través del japonés, constituyó uno de los canales fundamentales por los que la modernidad literaria occidental penetró en el mundo chino.


La noche terrible

[Narración traducida del japonés que describe una noche de terror en un ambiente opresivo. En un caserón aislado, el protagonista se enfrenta a fenómenos inexplicables que desafían su comprensión racional. Los ruidos, las sombras, los silencios cargados de amenaza van tejiendo una atmósfera de angustia creciente. La historia explora los temas del miedo, la soledad y la confrontación con lo desconocido, anticipando elementos del existencialismo literario posterior. La prosa es deliberadamente contenida, acumulando tensión mediante la precisión de los detalles sensoriales y la sobriedad del tono narrativo.]


Prefacio sustitutivo

[Prefacio en forma de ensayo que introduce la siguiente sección de la colección. Lu Xun reflexiona sobre la naturaleza de la traducción literaria, la responsabilidad del traductor ante el texto original, y las dificultades peculiares de trasladar las literaturas occidentales al chino a través de la mediación del japonés. Defiende la traducción como una forma de enriquecimiento espiritual para el lector chino, y reivindica el derecho del traductor a una remuneración digna por su trabajo, en un momento en que la profesión de traductor era despreciada por los círculos literarios más conservadores.]


Sobre la historia de la nueva persona

I

La transformación del individuo en la sociedad moderna constituye uno de los grandes temas de la literatura del siglo diecinueve y principios del veinte. El "hombre nuevo" que soñaron los pensadores de la Ilustración, el ciudadano libre y racional que habría de reemplazar al súbdito sometido del Antiguo Régimen, se reveló como una figura mucho más compleja y contradictoria de lo que habían previsto los filósofos. La literatura registró con precisión estas complejidades: desde el héroe romántico atormentado por sus pasiones hasta el personaje naturalista determinado por su herencia biológica y su medio social, pasando por el individuo existencialista arrojado a un mundo sin sentido.

II

La conciencia individual moderna, nacida de la ruptura con el orden tradicional, se enfrenta inevitablemente al problema de la soledad. El hombre que ya no puede definirse por su pertenencia a un estamento, a un gremio, a una comunidad religiosa, debe construir su identidad desde cero, y esta tarea es tan liberadora como angustiante. La literatura rusa del siglo diecinueve --Dostoievski sobre todo, pero también Tolstói, Turguénev, Chéjov-- exploró esta angustia con una profundidad que no tiene paralelo en ninguna otra tradición literaria.

III

La reflexión sobre la identidad moderna concluye reconociendo que el "hombre nuevo" no es una criatura acabada sino un proyecto perpetuo, un ser en constante devenir que debe reinventarse a cada paso. Esta visión dinámica de la persona humana, heredada del romanticismo alemán y radicalizada por Nietzsche, encontró en China un eco poderoso: la revolución literaria de 1917 fue, en su esencia, un intento de crear al "hombre nuevo" chino, capaz de pensar libremente, sentir auténticamente y actuar con responsabilidad moral.


Capítulo Séptimo: Almas muertas (Gógol)

¡Adelante! ¡Adelante! Despojémonos del semblante sombrío, despojémonos de los surcos de ira grabados en la frente, y lancémonos, con todo vuestro clamor mudo y vuestro tintineo de cascabeles, una vez más a la vida: veamos qué está haciendo Chichikov.

Chichikov hizo una reverencia agradecida. Cuando Manílov oyó que pretendía ir al tribunal civil para formalizar la escritura de compra, se ofreció él mismo como guía. Los dos amigos bajaron del brazo. En cada pequeña elevación, cada colina, cada irregularidad del terreno, Manílov sostenía a Chichikov con la mano, prácticamente lo levantaba, y con una sonrisa amable decía que no permitiría que Pável Ivánovich se lastimara el pie. Chichikov le agradecía y le aseguraba que nada de eso era necesario. Así llegaron a la ciudad, bajando por el camino.

Al llegar al tribunal civil, lo encontraron sin dificultad, pues ocupaba casi toda la plaza. El edificio era grande, de tres pisos, y enteramente pintado de blanco, probablemente para simbolizar la pureza de los asuntos que allí se tramitaban. Todos los demás edificios de la plaza quedaban empequeñecidos ante el tribunal. El centinela en su garita, con el fusil en la mano, tenía un aspecto muy marcial. Nuestros amigos subieron la escalera y pasaron por un vestíbulo donde los escribientes venían a su encuentro, atareados como abejas, cada uno cargando un montón de papeles bajo el brazo.

"¡Necesitamos ver al presidente!", dijo Manílov.

"Está ahí dentro", dijo el ujier, señalando con el dedo una habitación al final del pasillo.

El presidente, un hombre alto y grueso, estaba sentado solo y silencioso en un sillón. En cuanto vio a Manílov y Chichikov, se levantó con un gesto amable.

"Iván Grigórievich", dijo Manílov, "permítame presentarle a mi amigo y vecino Pável Ivánovich Chichikov."

"¡Encantado!", exclamó el presidente, y estrechó la mano de Chichikov. "Siéntense, por favor." Se sentaron los tres.

"Quisiera pedirle", dijo Chichikov, "que tenga la bondad de formalizar hoy mismo la escritura de compra, porque mañana debo partir. Los documentos del contrato y la solicitud los he traído aquí."

"Muy bien, pero usted mañana tiene que irse, y nosotros no podemos dejarlo ir tan pronto. La inscripción la haremos enseguida, pero usted todavía tiene que quedarse aquí unos días con nosotros", dijo, abriendo la puerta que daba a la oficina, llena de funcionarios como un enjambre de abejas alrededor de la colmena: "¿Está aquí Iván Antónovich?"

"¡Sí, aquí estoy!", respondió una voz desde el centro de la habitación.

"¡Venga un momento!"

Iván Antónovich, a quien el lector ya conoce, con su cara de jarra, apareció en la oficina e hizo una reverencia respetuosa.

"Iván Antónovich, por favor tome estos contratos y..."

"Iván Grigórievich", interrumpió Sobakévich, "por favor no olvide que necesitamos testigos, al menos dos por cada parte. Envíe enseguida a buscar al fiscal, que no tiene nada que hacer y seguramente está en casa: su ayudante Solotuja le hace todo el trabajo, y un bribón como Solotuja no lo hay en el mundo. El inspector sanitario tampoco trabaja mucho, seguramente está en casa, a menos que haya ido a buscar a alguien para jugar a las cartas. ¡Oh, y también hay mucha gente que vive cerca: Drujachévski, Begúshkin, todos son personas que con su ociosidad agobian a esta amable tierra!"

"¡Cierto, muy cierto!", dijo el presidente, y enseguida envió a un empleado a buscarlos.

"También quisiera pedirle", dijo Chichikov, "que invite al representante de una terrateniente con quien también he hecho un pequeño negocio: es el hijo del padre superior Kiriil, y trabaja aquí en su oficina."

"¡Por supuesto, ahora mismo envío a buscarlo!", dijo el presidente. "Eso es todo arreglado. Solo le pido una cosa: no les dé nada a los funcionarios. Mis amigos no necesitan gastar." Y dio a Iván Antónovich una orden que evidentemente no le resultó muy grata. El contrato pareció causar muy buena impresión al presidente, especialmente cuando vio que el precio de compra ascendía a casi cien mil rublos. Miró fijamente a los ojos de Chichikov durante varios minutos y finalmente dijo: "Ya ve, Pável Ivánovich. ¡Usted sí que ha hecho una gran adquisición!"

"¡Oh, sí!", respondió Chichikov.

"¡Esto es una buena cosa! ¡De verdad! ¡Esto es una buena cosa!"

[El capítulo continúa narrando con el humor satírico característico de Gógol la tramitación burocrática de las escrituras de compra de los siervos muertos, la corrupción de los funcionarios provinciales, y la ceremonia social posterior en casa del jefe de policía, donde Chichikov es agasajado como nuevo terrateniente de la provincia de Jersón. La ironía de Gógol alcanza su cima en la escena del banquete, donde todos celebran al "benefactor" Chichikov sin sospechar la naturaleza fantasmal de su adquisición.]