Lu Xun Complete Works/zh-es/Shexi
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Village Opera (社戏)
Lu Xun (鲁迅, Lǔ Xùn, 1881–1936)
| 中文(原文) | Español |
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社戏
我在倒数上去的二十年中,只看过两回中国戏,前十年是绝不看,因为没有看戏的意思和机会,那两回全在后十年,然而都没有看出什么来就走了。 第一回是民国元年我初到北京的时候,当时一个朋友对我说,北京戏最好,你不去见见世面么?我想,看戏是有味的,而况在北京呢。于是都兴致勃勃的跑到什么园,戏文已经开场了,在外面也早听到冬冬地响。我们挨进门,几个红的绿的在我的眼前一闪烁,便又看见戏台下满是许多头,再定神四面看,却见中间也还有几个空座,挤过去要坐时,又有人对我发议论,我因为耳朵已经喤喤的响着了,用了心,才听到他是说“有人,不行!” 我们退到后面,一个辫子很光的却来领我们到了侧面,指出一个地位来。这所谓地位者,原来是一条长凳,然而他那坐板比我的上腿要狭到四分之三,他的脚比我的下腿要长过三分之二。我先是没有爬上去的勇气,接着便联想到私刑拷打的刑具,不由的毛骨悚然的走出了。 走了许多路,忽听得我的朋友的声音道,“究竟怎的?”我回过脸去,原来他也被我带出来了。他很诧异的说,“怎么总是走,不答应?”我说,“朋友,对不起,我耳朵只在冬冬喤喤的响,并没有听到你的话。” 后来我每一想到,便很以为奇怪,似乎这戏太不好,——否则便是我近来在戏台下不适于生存了。 第二回忘记了那一年,总之是募集湖北水灾捐而谭叫天还没有死。捐法是两元钱买一张戏票,可以到第一舞台去看戏,扮演的多是名角,其一就是小叫天。我买了一张票,本是对于劝募人聊以塞责的,然而似乎又有好事家乘机对我说了些叫天不可不看的大法要了。我于是忘了前几年的冬冬喤喤之灾,竟到第一舞台去了,但大约一半也因为重价购来的宝票,总得使用了才舒服。我打听得叫天出台是迟的,而第一舞台却是新式构造,用不着争座位,便放了心,延宕到九点钟才出去,谁料照例,人都满了,连立足也难,我只得挤在远处的人丛中看一个老旦在台上唱。那老旦嘴边插着两个点火的纸捻子,旁边有一个鬼卒,我费尽思量,才疑心他或者是目连的母亲,因为后来又出来了一个和尚。然而我又不知道那名角是谁,就去问挤小在我的左边的一位胖绅士。他很看不起似的斜瞥了我一眼,说道,“龚云甫!”我深愧浅陋而且粗疏,脸上一热,同时脑里也制出了决不再问的定章,于是看小旦唱,看花旦唱,看老生唱,看不知什么角色唱,看一大班人乱打,看两三个人互打,从九点多到十点,从十点到十一点,从十一点到十一点半,从十一点半到十二点,——然而叫天竟还没有来。 我向来没有这样忍耐的等候过什么事物,而况这身边的胖绅士的吁吁的喘气,这台上的冬冬喤喤的敲打,红红绿绿的晃荡,加之以十二点,忽而使我省悟到在这里不适于生存了。我同时便机械的拧转身子,用力往外只一挤,觉得背后便已满满的,大约那弹性的胖绅士早在我的空处胖开了他的右半身了。我后无回路,自然挤而又挤,终于出了大门。街上除了专等看客的车辆之外,几乎没有什么行人了,大门口却还有十几个人昂着头看戏目,别有一堆人站着并不看什么,我想,他们大概是看散戏之后出来的女人们的,而叫天却还没有来…… 然而夜气很清爽,真所谓“沁人心脾”,我在北京遇着这样的好空气,仿佛这是第一遭了。 这一夜,就是我对于中国戏告了别的一夜,此后再没有想到他,即使偶而经过戏园,我们也漠不相关,精神上早已一在天之南一在地之北了。 但是前几天,我忽在无意之中看到一本日本文的书,可惜忘记了书名和著者,总之是关于中国戏的。其中有一篇,大意仿佛说,中国戏是大敲,大叫,大跳,使看客头昏脑眩,很不适于剧场,但若在野外散漫的所在,远远的看起来,也自有他的风致。我当时觉着这正是说了在我意中而未曾想到的话,因为我确记得在野外看过很好的好戏,到北京以后的连进两回戏园去,也许还是受了那时的影响哩。可惜我不知道怎么一来,竟将书名忘却了。 至于我看那好戏的时候,却实在已经是“远哉遥遥”的了,其时恐怕我还不过十一二岁。我们鲁镇的习惯,本来是凡有出嫁的女儿,倘自己还未当家,夏间便大抵回到母家去消夏。那时我的祖母虽然还康健,但母亲也已分担了些家务,所以夏期便不能多日的归省了,只得在扫墓完毕之后,抽空去住几天,这时我便每年跟了我的母亲住在外祖母的家里。那地方叫平桥村,是一个离海边不远,极偏僻的,临河的小村庄;住户不满三十家,都种田,打鱼,只有一家很小的杂货店。但在我是乐土:因为我在这里不但得到优待,又可以免念“秩秩斯干幽幽南山”了。 和我一同玩的是许多小朋友,因为有了远客,他们也都从父母那里得了减少工作的许可,伴我来游戏。在小村里,一家的客,几乎也就是公共的。我们年纪都相仿,但论起行辈来,却至少是叔子,有几个还是太公,因为他们合村都同姓,是本家。然而我们是朋友,即使偶而吵闹起来,打了太公,一村的老老小小,也决没有一个会想出“犯上”这两个字来,而他们也百分之九十九不识字。 我们每天的事情大概是掘蚯蚓,掘来穿在铜丝做的小钩上,伏在河沿上去钓虾。虾是水世界里的呆子,决不惮用了自己的两个钳捧着钩尖送到嘴里去的,所以不半天便可以钓到一大碗。这虾照例是归我吃的。其次便是一同去放牛,但或者因为高等动物了的缘故罢,黄牛、水牛都欺生,敢于欺侮我,因此我也总不敢走近身,只好远远地跟着,站着。这时候,小朋友们便不再原谅我会读“秩秩斯干”,却全都嘲笑起来了。 至于我在那里所第一盼望的,却在到赵庄去看戏。赵庄是离平桥村五里的较大的村庄;平桥村太小,自己演不起戏,每年总付给赵庄多少钱,算作合做的。当时我并不想到他们为什么年年要演戏。现在想,那或者是春赛,是社戏了。 就在我十一二岁时候的这一年,这日期也看看等到了。不料这一年真可惜,在早上就叫不到船。平桥村只有一只早出晚归的航船是大船,决没有留用的道理。其余的都是小船,不合用;央人到邻村去问,也没有,早都给别人定下了。外祖母很气恼,怪家里的人不早定,絮叨起来。母亲便宽慰伊,说我们鲁镇的戏比小村里的好得多,一年看几回,今天就算了。只有我急得要哭,母亲却竭力的嘱咐我,说万不能装模装样,怕又招外祖母生气,又不准和别人一同去,说是怕外祖母要担心。 总之,是完了。到下午,我的朋友都去了,戏已经开场了,我似乎听到锣鼓的声音,而且知道他们在戏台下买豆浆喝。 这一天我不钓虾,东西也少吃。母亲很为难,没有法子想。到晚饭时候,外祖母也终于觉察了,并且说我应当不高兴,他们太怠慢,是待客的礼数里从来所没有的。吃饭之后,看过戏的少年们也都聚拢来了,高高兴兴的来讲戏。只有我不开口;他们都叹息而且表同情。忽然间,一个最聪明的双喜大悟似的提议了,他说,“大船?八叔的航船不是回来了么?”十几个别的少年也大悟,立刻撺掇起来,说可以坐了这航船和我一同去。我高兴了。然而外祖母又怕都是孩子们,不可靠;母亲又说是若叫大人一同去,他们白天全有工作,要他熬夜,是不合情理的。在这迟疑之中,双喜可又看出底细来了,便又大声的说道,“我写包票!船又大;迅哥儿向来不乱跑;我们又都是识水性的!” 诚然!这十多个少年,委实没有一个不会凫水的,而且两三个还是弄潮的好手。 外祖母和母亲也相信,便不再驳回,都微笑了。我们立刻一哄的出了门。 我的很重的心忽而轻松了,身体也似乎舒展到说不出的大。一出门,便望见月下的平桥内泊着一只白篷的航船,大家跳下船,双喜拔前篙,阿发拔后篙,年幼的都陪我坐在舱中,较大的聚在船尾。母亲送出来吩咐“要小心”的时候,我们已经点开船,在桥石上一磕,退后几尺,即又上前出了桥。于是架起两枝橹,一枝两人,一里一换,有说笑的,有嚷的,夹着潺潺的船头激水的声音,在左右都是碧绿的豆麦田地的河流中,飞一般径向赵庄前进了。 两岸的豆麦和河底的水草所发散出来的清香,夹杂在水气中扑面的吹来;月色便朦胧在这水气里。淡黑的起伏的连山,仿佛是踊跃的铁的兽脊似的,都远远地向船尾跑去了,但我却还以为船慢。他们换了四回手,渐望见依稀的赵庄,而且似乎听到歌吹了,还有几点火,料想便是戏台,但或者也许是渔火。 那声音大概是横笛,宛转,悠扬,使我的心也沉静,然而又自失起来,觉得要和他弥散在含着豆麦蕴藻之香的夜气里。 那火接近了,果然是渔火;我才记得先前望见的也不是赵庄。那是正对船头的一丛松柏林,我去年也曾经去游玩过,还看见破的石马倒在地下,一个石羊蹲在草里呢。过了那林,船便弯进了叉港,于是赵庄便真在眼前了。 最惹眼的是屹立在庄外临河的空地上的一座戏台,模胡在远外的月夜中,和空间几乎分不出界限,我疑心画上见过的仙境,就在这里出现了。这时船走得更快,不多时,在台上显出人物来,红红绿绿的动,近台的河里一望乌黑的是看戏的人家的船篷。 “近台没有什么空了,我们远远的看罢。”阿发说。 这时船慢了,不久就到,果然近不得台旁,大家只能下了篙,比那正对戏台的神棚还要远。其实我们这白篷的航船,本也不愿意和乌篷的船在一处,而况并没有空地呢…… 在停船的匆忙中,看见台上有一个黑的长胡子的背上插着四张旗,捏着长枪,和一群赤膊的人正打仗。双喜说,那就是有名的铁头老生,能连翻八十四个筋斗,他日里亲自数过的。 我们便都挤在船头上看打仗,但那铁头老生却又并不翻筋斗,只有几个赤膊的人翻,翻了一阵,都进去了,接着走出一个小旦来,咿咿呀呀的唱,双喜说,“晚上看客少,铁头老生也懈了,谁肯显本领给白地看呢?”我相信这话对,因为其时台下已经不很有人,乡下人为了明天的工作,熬不得夜,早都睡觉去了,疏疏朗朗的站着的不过是几十个本村和邻村的闲汉,乌篷船里的那些土财主的家眷固然在,然而他们也不在乎看戏,多半是专到戏台下来吃糕饼、水果和瓜子的。所以简直可以算白地。 然而我的意思却也并不在乎看翻筋斗。我最愿意看的是一个人蒙了白布,两手在头上捧着一支棒似的蛇头的蛇精,其次是套了黄布衣跳老虎。但是等了许多时都不见,小旦虽然进去了,立刻又出来了一个很老的小生。我有些疲倦了,托桂生买豆浆去。他去了一刻,回来说,“没有。卖豆浆的聋子也回去了。日里倒有,我还喝了两碗呢。现在去舀一瓢水来给你喝罢。” 我不喝水,支撑着仍然看,也说不出见了些什么,只觉得戏子的脸都渐渐的有些稀奇了,那五官渐不明显,似乎融成一片的再没有什么高低。年纪小的几个多打呵欠了,大的也各管自己谈话。忽而一个红衫的小丑被绑在台柱子上,给一个花白胡子的用马鞭打起来了,大家才又振作精神的笑着看。在这一夜里,我以为这实在要算是最好的一折。 然而老旦终于出台了。老旦本来是我所最怕的东西,尤其是怕他坐下了唱。这时候,看见大家也都很扫兴,才知道他们的意见是和我一致的。那老旦当初还只是踱来踱去的唱,后来竟在中间的一把交椅上坐下了。我很担心;双喜他们却就破口喃喃的骂。我忍耐的等着,许多工夫,只见那老旦将手一抬,我以为就要站起来了。不料他却又慢慢的放下在原地方,仍旧唱。全船里几个人不住的吁气,其余的也打起呵欠来。双喜终于熬不住了,说道,怕他会唱到天明还不完,还是我们走的好罢。大家立刻都赞成,和开船时候一样踊跃,三四人径奔船尾,拔了篙,点退几丈,回转船头,架起橹,骂着老旦,又向那松柏林前进了。 月还没有落,仿佛看戏也并不很久似的,而一离赵庄,月光又显得格外的皎洁。回望戏台在灯火光中,却又如初来未到时候一般,又漂渺得像一座仙山楼阁,满被红霞罩着了,吹到耳边来的又是横笛,很悠扬;我疑心老旦已经进去了,但也不好意思说再回去看。 不多久,松柏林早在船后了,船行也并不慢,但周围的黑暗只是浓,可知已经到了深夜。他们一面议论着戏子,或骂,或笑,一面加紧的摇船。这一次船头的激水声更其响亮了,那航船,就像一条大白鱼背看一群孩子在浪花里蹿,连夜渔的几个老渔父,也停了艇子看着喝采起来。 离平桥村还有一里模样。船行却慢了,摇船的都说很疲乏,因为太用力。而且许久没有东西吃。这回想出来的是桂生,说是罗汉豆正旺相,柴火又现成,我们可以偷一点来煮吃的。大家都赞成,立刻近岸停了船;岸上的田里,乌油油的便都是结实的罗汉豆。 “阿阿,阿发,这边是你家的,这边是老六一家的,我们偷那一边的呢?”双喜先跳下去了,在岸上说。 |
Traducción del chino al español. La ópera del pueblo
La primera vez fue en el primer año de la República, cuando llegué a Pekín (北京). Un amigo me dijo: "La ópera de Pekín es la mejor. ¿No quieres ir a verla?" Pensé que ir al teatro tenía su gracia, y más aún en Pekín. Así que fuimos entusiasmados a no sé qué jardín teatral; la función ya había comenzado y desde fuera se oía el redoble de los tambores. Nos abrimos paso hasta la entrada, unos rojos y verdes centellearon ante mis ojos, y luego vi que bajo el escenario no había más que una masa de cabezas. Fijando la vista, descubrí que en medio aún quedaban algunos asientos libres, pero al intentar sentarme, alguien empezó a protestar. Como mis oídos ya retumbaban con el estruendo, tuve que esforzarme para entender que decía: "¡Están ocupados, no se puede!" Nos retiramos hacia atrás, y un hombre de coleta muy lustrosa nos condujo a un lado, señalándonos un sitio. Aquel supuesto asiento resultó ser un banco largo, pero su tabla era tres cuartos más estrecha que mi muslo, y sus patas eran dos tercios más largas que mis pantorrillas. Al principio no tuve el valor de subirme; luego asocié aquello con los instrumentos de tortura, y me fui temblando de espanto. Después de caminar un buen trecho, oí de repente la voz de mi amigo: "Pero ¿qué pasa?" Me volví y vi que él también se había venido tras de mí. Muy sorprendido, dijo: "¿Por qué no paras de caminar sin contestarme?" Le dije: "Amigo, lo siento, mis oídos no hacían más que retumbar y no oí lo que decías." Cada vez que lo recordaba después, me parecía muy extraño: quizá aquella ópera fuera demasiado mala, o quizá yo me hubiera vuelto incapaz de sobrevivir bajo un escenario teatral. La segunda vez ya no recuerdo en qué año fue; en todo caso, era para recaudar fondos para las inundaciones de Hubei (湖北) y Tan Jiaotian (谭叫天) aún no había muerto. La forma de donar era pagar dos yuanes por una entrada y poder ir al Primer Escenario (第一舞台) a ver ópera, con muchos actores famosos, entre ellos Xiao Jiaotian (小叫天). Compré una entrada más que nada por cumplir con quien me la ofrecía, pero parece que algún entusiasta aprovechó la ocasión para decirme que era imprescindible ver a Jiaotian. Así que olvidé la catástrofe de tambores y estruendo de años atrás y fui al Primer Escenario, aunque quizá en parte también porque la costosa entrada tenía que ser usada para sentirme a gusto. Me enteré de que Jiaotian salía tarde al escenario, y como el Primer Escenario era de construcción moderna y no hacía falta pelear por los asientos, me quedé tranquilo y no salí hasta las nueve. Pero, como siempre, estaba lleno a rebosar, apenas se podía estar de pie. Tuve que apretarme entre la multitud a lo lejos y ver a una laodan cantando en el escenario. Aquella laodan tenía dos mechas de papel encendidas a los lados de la boca y a su lado había un soldado fantasma. Me esforcé en pensar y acabé sospechando que quizá fuera la madre de Mulian (目连), porque luego salió también un monje. Pero no sabía quién era aquel actor famoso, así que pregunté a un caballero gordo que estaba apretado a mi izquierda. Me lanzó una mirada despectiva de reojo y dijo: "¡Gong Yunfu (龚云甫)!" Profundamente avergonzado de mi ignorancia, sentí un calor en la cara y al instante me impuse la regla de no preguntar nunca más. Así vi cantar a la xiaodan, a la huadan, al laosheng, a no sé qué otros papeles, vi a una tropa peleando en confusión, vi a dos o tres personas pegándose, desde las nueve y pico hasta las diez, de las diez a las once, de las once a las once y media, de las once y media a las doce... pero Jiaotian seguía sin aparecer. Nunca había esperado nada con tanta paciencia. Y encima, con el jadeo del caballero gordo a mi lado, el retumbar de los tambores en el escenario, el vaivén de rojos y verdes, sumado a las doce de la noche, de repente comprendí que ya no era viable seguir allí. Mecánicamente giré el cuerpo y me abrí paso a empujones; sentí que a mis espaldas el espacio se llenaba inmediatamente: seguramente aquel elástico caballero gordo ya había expandido la mitad derecha de su cuerpo en el hueco que dejé. Sin posibilidad de retroceder, seguí apretujándome hasta que por fin salí por la puerta principal. En la calle, aparte de los vehículos que esperaban a los espectadores, apenas había transeúntes. En la puerta aún había una docena de personas con la cabeza alzada leyendo el cartel de la función, y otro grupo de pie que no miraba nada: supuse que esperaban para ver a las mujeres salir cuando terminara el espectáculo. Y Jiaotian seguía sin aparecer... Pero el aire nocturno era muy refrescante, lo que llaman "penetra hasta lo más hondo del alma". Era como si en Pekín encontrara un aire tan bueno por primera vez. Aquella noche fue mi despedida de la ópera china. Desde entonces nunca más pensé en ella; aunque pasara de vez en cuando por un teatro, éramos ya perfectos desconocidos, espiritualmente tan lejanos como el cielo del norte y la tierra del sur. Pero hace unos días encontré por casualidad un libro en japonés --lamentablemente olvidé el título y el autor-- que trataba de la ópera china. Un artículo venía a decir que la ópera china, con sus grandes golpes de tambor, grandes gritos y grandes saltos, marea al espectador y es muy inadecuada para un teatro cerrado; pero si se ve al aire libre, en un lugar abierto, a lo lejos, tiene su propio encanto. Sentí que expresaba exactamente lo que yo pensaba pero nunca había formulado, porque recordaba claramente haber visto buena ópera al aire libre, y mis dos visitas a teatros en Pekín quizá fueran influencia de aquella experiencia. Lástima que no sé cómo se me olvidó el título del libro. En cuanto a aquella buena ópera que vi, es ya cosa de un pasado "lejano, muy lejano"; por entonces yo no debía de tener más de once o doce años. En nuestro Luzhen (鲁镇), la costumbre era que las hijas casadas, si aún no llevaban ellas la casa, solían volver a la casa materna a pasar el verano. Mi abuela todavía gozaba de buena salud, pero mi madre ya compartía algunas tareas del hogar, así que en verano no podía quedarse muchos días en la casa natal; solo después de la visita a las tumbas iba unos pocos días. Por eso cada año yo acompañaba a mi madre a casa de mi abuela materna. Aquel lugar se llamaba aldea de Pingqiao (平桥村), una pequeña aldea muy apartada, junto al río, no lejos del mar; menos de treinta hogares, todos campesinos y pescadores, con una sola tiendecita de variedades. Pero para mí era un paraíso: allí no solo me trataban bien, sino que podía dejar de recitar "Ordenes rectas, zhi zhi si gan, apacible sur de la montaña" (秩秩斯干幽幽南山). Mis compañeros de juego eran muchos niños. Como tenían un huésped de lejos, sus padres les daban permiso para trabajar menos y acompañarme a jugar. En aquella pequeña aldea, el invitado de una familia era casi invitado de todas. Teníamos todos edades parecidas, pero por generación, yo era al menos un tío; algunos incluso eran bisabuelos, porque todos en la aldea llevaban el mismo apellido y eran parientes. Sin embargo, éramos amigos, y aunque de vez en cuando nos peleáramos y le diera al bisabuelo, nadie en toda la aldea, jóvenes ni viejos, pensaría en la expresión "falta de respeto a los mayores"; además, el noventa y nueve por ciento de ellos era analfabeto. Nuestras actividades diarias consistían en desenterrar lombrices, ensartarlas en anzuelos hechos de alambre de cobre y tumbarnos a la orilla del río a pescar gambas. Las gambas son las tontas del mundo acuático: no dudan en agarrar la punta del anzuelo con sus dos pinzas y llevárselo a la boca, así que en medio día se podía pescar un cuenco lleno. Las gambas, por norma, eran para mí. Lo siguiente era ir juntos a pastorear vacas, pero quizá por tratarse de animales superiores, las vacas amarillas y los búfalos de agua se ensañaban con los forasteros y se atrevían a intimidarme, así que yo nunca me atrevía a acercarme y tenía que seguirlas de lejos, parado. En esos momentos, los amiguitos ya no me perdonaban por saber recitar "ordenes rectas, zhi zhi si gan" y se burlaban de mí a coro. Lo que más ansiaba yo allí era ir a la aldea de Zhaozhuang (赵庄) a ver ópera. Zhaozhuang era una aldea más grande, a cinco li de Pingqiao. Pingqiao era demasiado pequeña para montar su propia función, así que cada año pagaba cierta cantidad a Zhaozhuang, como contribución conjunta. En aquel entonces no me preguntaba por qué representaban ópera cada año. Ahora pienso que quizá fuera la fiesta de primavera, la ópera del templo comunal: la "ópera del pueblo" (社戏). Aquel año, cuando yo tenía once o doce años, la fecha fue llegando poco a poco. Pero qué lástima: aquella mañana no se encontró barco. En Pingqiao solo había una embarcación grande, que salía temprano y volvía al anochecer, y no se la podía retener. Las demás eran todas barcas pequeñas, inapropiadas; mandaron a preguntar a la aldea vecina, pero tampoco había: todas estaban ya reservadas. Mi abuela materna se enfadó mucho, reprochando a la familia por no haber reservado antes, y empezó a quejarse. Mi madre la consoló, diciendo que la ópera de nuestro Luzhen era mucho mejor que la de la aldeíta, que la veíamos varias veces al año y que dejáramos pasar este día. Solo yo estaba tan ansioso que casi lloraba. Mi madre me ordenó encarecidamente que no hiciera dramas, no fuera a irritar de nuevo a la abuela, y no me dejó ir con otros, diciendo que la abuela se preocuparía. En fin, se acabó. Por la tarde, mis amigos se fueron todos, la función había empezado, me parecía oír el sonido de gongs y tambores, y sabía que estaban comprando leche de soja bajo el escenario. Aquel día no pesqué gambas y apenas comí. Mi madre estaba apurada, sin saber qué hacer. A la hora de la cena, la abuela materna por fin se dio cuenta, y dijo que yo tenía razón en estar disgustado, que habían sido demasiado descorteses, algo nunca visto en los modales de hospitalidad. Después de cenar, los muchachos que habían visto la ópera se reunieron, muy contentos, hablando de la función. Solo yo no decía nada; todos suspiraron y mostraron compasión. De repente, el más listo, Shuangxi (双喜), propuso como quien tiene una revelación: "¿Un barco grande? ¡El barco del octavo tío ya ha vuelto!" Los demás muchachos también comprendieron al instante y empezaron a insistir, diciendo que podíamos ir en aquel barco conmigo. Me puse contento. Pero la abuela temía que fuéramos solo niños, poco fiables; y mi madre dijo que si mandábamos a un adulto, todos tenían que trabajar durante el día y hacerles trasnochar no era razonable. En medio de esta vacilación, Shuangxi captó la situación y dijo en voz alta: "¡Yo respondo con mi cabeza! El barco es grande; el hermano Xun (迅哥儿) nunca hace travesuras; ¡y todos sabemos nadar!" ¡Era verdad! De aquella docena de muchachos, no había uno que no supiera nadar, y dos o tres eran verdaderos expertos en surcar las olas. La abuela y mi madre se convencieron, no pusieron más objeciones y sonrieron. Salimos en tropel por la puerta. Mi corazón pesado se aligero de repente, y mi cuerpo pareció expandirse hasta un tamaño indescriptible. Nada más salir, vi bajo la luna la barca de toldo blanco amarrada en el puente de Pingqiao. Todos saltamos a bordo. Shuangxi sacó la pértiga delantera, Afa (阿发) la trasera, los pequeños se sentaron conmigo en la cabina, los mayores se agruparon en la popa. Cuando mi madre salió a decirnos "tengan cuidado", ya habíamos soltado amarras, golpeado las piedras del puente, retrocedido unos pies y avanzado de nuevo, saliendo del puente. Instalaron dos remos, con dos personas por remo, turnándose cada li; entre risas, gritos y el murmullo del agua contra la proa, el barco voló recto hacia Zhaozhuang, entre los campos de habas y trigo verdes a ambos lados. El aroma fresco que exhalaban las habas y el trigo de ambas orillas y las algas del fondo del río venía mezclado con la bruma acuática. La luna se difuminaba en aquella bruma. Las colinas oscuras y ondulantes, como lomos de bestias de hierro que saltaran, huían todas hacia la popa del barco; pero a mí aún me parecía que íbamos despacio. Cambiaron cuatro veces de remeros y fueron divisando vagamente Zhaozhuang, y les pareció oír cantos y música, y había unas cuantas luces que debían de ser el escenario, o quizá fuegos de pesca. Aquel sonido debía de ser una flauta travesera: sinuoso, melodioso, que aquietaba mi corazón y a la vez me hacía perderme, como si fuera a disolverse con el sonido en el aire nocturno impregnado del aroma de habas, trigo y algas. Las luces se acercaron: en efecto, eran fuegos de pesca; y recordé que lo que antes había visto tampoco era Zhaozhuang. Era un bosquecillo de pinos y cipreses frente a la proa, que yo también había visitado el año anterior, donde vi un caballo de piedra roto caído en el suelo y un carnero de piedra acurrucado entre la hierba. Pasado aquel bosque, el barco entró en un brazo del río, y entonces Zhaozhuang apareció realmente ante nosotros. Lo más llamativo era un escenario erigido en un descampado junto al río, a las afueras de la aldea, difuminado en la lejana noche de luna, casi indistinguible del espacio circundante. Sospeché que el mundo de hadas que había visto en pinturas se materializaba aquí. El barco avanzó más rápido, y al poco ya se distinguían figuras en el escenario, moviéndose en rojos y verdes; en el río cercano al escenario, una hilera negra de toldos eran los barcos de las familias que venían a ver la función. "No hay sitio cerca del escenario; vamos a verlo desde lejos," dijo Afa. El barco aminoró la marcha, pronto llegamos, y en efecto no podíamos acercarnos al escenario. Solo pudimos clavar las pértigas en el fondo, aún más lejos que el cobertizo del dios que daba frente al escenario. Además, nuestra barca de toldo blanco tampoco quería estar junto a las de toldo negro, y menos aún había espacio libre... En la prisa de amarrar, vi en el escenario a un hombre de larga barba negra con cuatro banderas clavadas en la espalda, empuñando una lanza larga, luchando contra un grupo de hombres con el torso desnudo. Shuangxi dijo que era el famoso Cabeza de Hierro, un laosheng que podía dar ochenta y cuatro volteretas seguidas; él mismo las había contado durante el día. Nos apiñamos en la proa para ver la pelea, pero el Cabeza de Hierro no daba volteretas; solo unos cuantos hombres de torso desnudo las dieron, y después de un rato todos entraron, y salió una xiaodan que empezó a cantar con voz chillona. Shuangxi dijo: "Por la noche hay pocos espectadores, el Cabeza de Hierro también se relaja; ¿quién va a lucirse para un público vacío?" Yo creí que tenía razón, porque para entonces bajo el escenario ya casi no quedaba nadie. Los campesinos, que al día siguiente tenían que trabajar, no podían trasnochar y ya se habían ido a dormir; solo quedaban de pie unos cuantos ociosos de la aldea y las vecinas. Las familias de hacendados rurales en las barcas de toldo negro estaban allí, por supuesto, pero tampoco les interesaba la ópera: la mayoría venía a comer pasteles, fruta y semillas de girasol al pie del escenario. Así que prácticamente era un espectáculo para nadie. Sin embargo, a mí tampoco me importaban las volteretas. Lo que más deseaba ver era a alguien cubierto con un paño blanco, sosteniendo sobre la cabeza con ambas manos una cabeza de serpiente montada en un palo --el espíritu serpiente--, y después a alguien con un disfraz de tela amarilla saltando como un tigre. Pero esperé mucho y no aparecieron. La xiaodan entró y enseguida salió un xiaosheng muy viejo. Yo empezaba a cansarme y pedí a Guisheng (桂生) que fuera a comprar leche de soja. Fue y volvió diciendo: "No hay. El sordo que vende leche de soja también se fue. Durante el día sí había, y yo me tomé dos cuencos. Ahora voy a sacar un cazo de agua para que bebas." No quise agua. Me mantuve firme viendo, sin poder decir qué era lo que veía; solo sentía que las caras de los actores se iban volviendo extrañas, los rasgos se hacían borrosos, como si se fundieran en una masa sin relieve. Los más pequeños bostezaban, los mayores hablaban entre ellos. De repente, un payaso de camisa roja fue atado a un poste del escenario y un viejo de barba canosa empezó a fustigarlo con un látigo; entonces todos se animaron de nuevo y lo miraron riendo. En toda aquella noche, me pareció que era la mejor escena. Pero finalmente salió la laodan. La laodan era lo que más temía yo, sobre todo cuando se sentaba a cantar. Al ver que todos también se desilusionaban, supe que opinaban como yo. La laodan al principio solo paseaba cantando de un lado a otro, pero luego se sentó en una silla en medio del escenario. Me preocupé; Shuangxi y los demás empezaron a maldecir en voz baja. Esperé con paciencia un buen rato, y vi que la laodan levantaba la mano; pensé que iba a levantarse. Pero la volvió a bajar lentamente al mismo sitio y siguió cantando. Todo el barco suspiraba y los demás bostezaban. Shuangxi al fin no aguantó más y dijo: "Seguro que canta hasta el amanecer sin terminar; mejor nos vamos." Todos estuvieron de acuerdo al instante, con la misma energía que al zarpar. Tres o cuatro corrieron a la popa, sacaron las pértigas, retrocedieron unas varas, giraron la proa, montaron los remos y, maldiciendo a la laodan, navegaron de vuelta hacia el bosque de pinos y cipreses. La luna no se había puesto aún, como si la ópera tampoco hubiera durado mucho. Al alejarnos de Zhaozhuang, la luna brillaba con especial pureza. Al mirar atrás, el escenario entre las luces parecía de nuevo, como antes de llegar, una torre de montaña de hadas envuelta en nubes rojas; el sonido que llegaba a los oídos era otra vez la flauta travesera, muy melodiosa. Sospeché que la laodan ya se habría retirado, pero no me atreví a decir que volviéramos. Poco después, el bosque de pinos y cipreses quedó atrás. El barco no iba lento, pero la oscuridad circundante se espesaba: se notaba que era ya noche cerrada. Iban comentando a los actores, maldiciendo o riendo, mientras remaban con fuerza. Esta vez el chapoteo de la proa era aún más fuerte; la barca parecía un gran pez blanco que llevara a un grupo de niños saltando entre las olas. Incluso algunos viejos pescadores nocturnos detuvieron sus botes para mirarnos y aplaudir. Faltaba alrededor de un li para llegar a Pingqiao. El barco aminoró la marcha; los remeros dijeron que estaban agotados de tanto esfuerzo y que hacía mucho que no comían nada. Fue Guisheng quien tuvo la idea: las habas anchas estaban en su mejor momento, había leña lista, y podíamos robar unas cuantas y cocerlas. Todos estuvieron de acuerdo. Acercaron la barca a la orilla; en los campos, lozanas y lustrosas, crecían las habas robustas. "Eh, eh, Afa, ¿de este lado es tu familia y de ese lado la del viejo Liu Yi (六一)? ¿De cuál robamos?" Shuangxi fue el primero en saltar, y lo dijo desde la orilla. Todos saltamos a tierra. Afa, mientras saltaba, dijo: "Espera, déjame ver." Fue palpando de un lado a otro, se enderezó y dijo: "Robemos las nuestras: las nuestras son mucho más grandes." Todos respondieron al unísono, se desperdigaron por el campo de habas de la familia de Afa y cada uno arrancó un buen puñado, arrojándolas a la cabina del barco. Shuangxi pensó que si robaban más, la madre de Afa lloraría y los regañaría, así que cada uno fue al campo del abuelo Liu Yi y robó otro puñado. Algunos de los mayores siguieron remando despacio; otros fueron a la popa a encender fuego; los pequeños y yo desgranamos las habas. Pronto estuvieron cocidas, dejamos que la barca flotara en el agua y nos sentamos alrededor a comerlas con la mano. Terminadas las habas, volvimos a navegar, lavando los utensilios y arrojando al río vainas y cáscaras, sin dejar rastro. Lo que preocupaba a Shuangxi era que habíamos usado la sal y la leña del barco del octavo abuelo, un viejo muy minucioso que seguramente se daría cuenta y los regañaría. Pero tras deliberar, concluyeron que no había que preocuparse. Si los regañaba, le exigirían que devolviera la rama seca de árbol de sebo que había recogido en la orilla el año anterior, y lo llamarían a la cara "Octavo Sarnoso". "¡Todos de vuelta! ¿Cómo iba a haber problema? ¡Ya dije que lo garantizaba!" gritó de repente Shuangxi desde la proa. Miré hacia delante: ya estaba el puente de Pingqiao, y al pie del puente había una persona: era mi madre. Shuangxi le estaba hablando. Salí a la proa, la barca entró bajo el puente, atracamos y todos desembarcamos. Mi madre estaba algo enfadada, diciendo que pasaban de las tres de la madrugada y cómo era que volvíamos tan tarde, pero enseguida se alegró y, riendo, invitó a todos a comer arroz frito. Todos dijeron que ya habían merendado y tenían sueño, mejor irse a dormir pronto, y cada uno se fue a su casa. Al día siguiente me levanté pasado el mediodía. No oí nada del asunto de la sal y la leña del octavo abuelo. Por la tarde seguí pescando gambas. "Shuangxi, pandilla de diablillos, ¡ayer me robaron las habas! Y encima no las arrancaron bien y pisotearon bastantes." Levanté la cabeza: era el abuelo Liu Yi, que venía en su barquita después de haber vendido habas; en la panza del barco aún le quedaba un montón. "Así es. Teníamos un invitado. Al principio ni siquiera queríamos las tuyas. ¡Mira, me has espantado las gambas!" dijo Shuangxi. El abuelo Liu Yi me vio, detuvo el remo y dijo sonriendo: "¿Un invitado? Eso está bien." Y me preguntó: "Hermano Xun (迅哥儿), ¿estuvo buena la ópera de ayer?" Yo asentí con la cabeza: "Buena." "¿Y las habas estaban ricas?" Volví a asentir: "Muy ricas." El abuelo Liu Yi se mostró extraordinariamente complacido, levantó el pulgar y dijo con satisfacción: "¡Esto es lo que pasa cuando alguien de la ciudad, que ha estudiado, sabe apreciar las cosas! ¡Mis semillas de habas las he seleccionado grano por grano! Los del campo no saben distinguir lo bueno de lo malo, y dicen que mis habas no valen tanto como las de los demás. Hoy mismo voy a enviar unas cuantas a nuestra señorita tía para que las pruebe..." Y se fue remando. Cuando mi madre me llamó a cenar por la noche, en la mesa había un gran cuenco de habas cocidas: eran las que el abuelo Liu Yi le había enviado a mi madre y a mí. Me dijeron que además había elogiado efusivamente a mi madre: "Tan joven y ya con tanto criterio; seguro que ganará el primer premio en los exámenes. Señorita tía, su buena fortuna está garantizada." Pero cuando comí aquellas habas, no me parecieron tan buenas como las de la noche anterior. De verdad, hasta ahora, nunca he vuelto a comer habas tan buenas como las de aquella noche, ni he vuelto a ver una ópera tan buena como aquella.
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