Difference between revisions of "Lu Xun Complete Works/it/Zhufu"

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{{DISPLAYTITLE:Sacrificio di Capodanno}}
|-
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= Sacrificio di Capodanno (祝福) =
! colspan="2" | El sacrificio del Año Nuevo
 
|-
 
| '''Autore''' || Lu Xun (鲁迅)
 
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| '''Titolo''' || El sacrificio del Año Nuevo
 
|-
 
| '''Titolo originale''' || 祝福
 
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| '''Raccolta''' || Errante (彷徨)
 
|-
 
| '''Prima pubblicazione''' || 1924
 
|-
 
| '''Traduzione''' || Claude / Martin Woesler
 
|}
 
  
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'''Lu Xun''' (鲁迅, Lǔ Xùn, 1881–1936)
  
= El sacrificio del Año Nuevo (祝福) =
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Traduzione dal cinese all'italiano.
  
El final del año según el viejo calendario es, al fin y al cabo, lo que más se parece a un verdadero fin de año. No solo en las aldeas y los pueblos: hasta en el cielo se percibe la atmósfera del Año Nuevo que se aproxima. De entre las pesadas nubes vespertinas de un gris plomizo brotan de cuando en cuando destellos, seguidos de sordas detonaciones: son los petardos para despedir al Dios del Hogar. Los que se encienden más cerca resultan aún más estruendosos; el fragor ensordecedor no ha cesado todavía cuando el aire ya está impregnado del tenue aroma de la pólvora. Fue precisamente en esa noche cuando regresé a mi pueblo natal, la villa de 鲁镇 (Luzhen). Aunque la llamaba mi tierra, ya no tenía hogar allí, de modo que no me quedó más remedio que alojarme provisionalmente en la residencia del Cuarto Señor 鲁 (Lu). Era pariente de mi clan, una generación mayor que yo, y debía llamarle "Cuarto Tío": un viejo licenciado imperial consagrado a la filosofía neoconfuciana. No había cambiado mucho respecto a antes, solo había envejecido un poco, y seguía sin dejarse barba. Al encontrarnos intercambiamos las cortesías de rigor; tras observar que yo había "engordado", se lanzó a vituperar al Partido Reformista. Pero yo sabía que su invectiva no me apuntaba a mí: seguía despotricando contra 康有为 (Kang Youwei). Sin embargo, la conversación estaba condenada al fracaso, y poco después me encontré solo en el estudio.
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Dalla raccolta ''Errante'' (彷徨), 1924.
  
Al día siguiente me levanté muy tarde y, tras el almuerzo, salí a visitar a algunos parientes y amigos; el tercer día hice lo mismo. Ninguno había cambiado gran cosa, solo habían envejecido un poco; pero en todas las casas reinaba la actividad: todos preparaban el "sacrificio de la bendición". Era la gran ceremonia de fin de año en Luzhen, una devota y solemne liturgia para recibir al Dios de la Fortuna e implorar buena suerte para el año venidero. Se mataban pollos, se degollaban gansos, se compraba carne de cerdo y se lavaba con esmero; los brazos de las mujeres enrojecían por el agua, y algunas aún llevaban pulseras de plata trenzada. Una vez cocidos los alimentos, se les clavaban palillos en todas direcciones: a eso se lo llamaba "ofrendas de la bendición". Se disponían al quinto toque de vigilia, se encendían varillas de incienso y velas, y se invitaba respetuosamente a los dioses de la Fortuna a degustarlos. Solo a los hombres les estaba permitido prosternarse, y después del culto se disparaban petardos, naturalmente. Todos los años lo mismo, en todas las casas lo mismo --siempre que se pudieran pagar las ofrendas y los petardos-- y este año, naturalmente, también. El cielo se oscurecía cada vez más; por la tarde empezó a nevar, copos grandes como flores de ciruelo que revoloteaban por todo el firmamento, mezclados con el humo y el ajetreo, sumiendo a Luzhen en la confusión. Al regresar al estudio del Cuarto Tío, las tejas estaban ya blancas de nieve y la habitación parecía más luminosa; se distinguía con toda claridad en la pared el gran carácter "Longevidad" (寿) en estampado rojo, escrito por el patriarca 陈抟 (Chen Tuan); uno de los rollos del dístico se había desprendido y yacía enrollado sobre la mesa larga; el otro aún colgaba: "Comprender a fondo los principios, mantener sereno y apacible el espíritu". Con desgana me acerqué al escritorio junto a la ventana y eché un vistazo: solo encontré un ejemplar aparentemente incompleto del ''Diccionario Kangxi'', un volumen del ''Jinsilu Jizhu'' y una ''Exégesis de los Cuatro Libros''. De cualquier modo, al día siguiente me iría sin falta.
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Además, al recordar mi encuentro con la tía 祥林 (Xianglin) el día anterior, me resultaba imposible quedarme tranquilo. Había sido por la tarde: tras visitar a un amigo en el extremo oriental de la villa, al salir la encontré junto al río; la dirección de su mirada fija me indicó que venía directamente hacia mí. De todas las personas que había visto en esta visita, era en ella donde el cambio era más grande: su cabello entrecano de cinco años atrás estaba ahora completamente blanco, imposible para una mujer de unos cuarenta años; su rostro estaba consumido, entre amarillo y negro, borrada toda huella de la antigua tristeza, como tallado en madera; solo el giro ocasional de sus pupilas indicaba que era un ser vivo. En una mano llevaba una cesta de bambú con un cuenco agrietado, vacío; en la otra un bastón de bambú más alto que ella, astillado por abajo: era evidente que se había convertido en mendiga.
 
 
 
Me detuve, esperando que me pidiera limosna.
 
  
"¿Has vuelto?", fue lo primero que dijo.
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La fine dell'anno secondo il vecchio calendario e, in fin dei conti, cio che piu somiglia a una vera fine d'anno. Non solo nei villaggi e nei borghi: persino nel cielo si percepisce l'atmosfera del Capodanno che si avvicina. Dalle pesanti nubi vespertine di un grigio piombo erompono di quando in quando bagliori, seguiti da sorde detonazioni: sono i petardi per congedare il Dio del Focolare. Quelli che si accendono piu vicino sono ancora piu fragorosi; il frastuono assordante non si e ancora spento che l'aria e gia impregnata del tenue aroma della polvere da sparo. Fu precisamente in quella notte che tornai al mio paese natale, il borgo di Luzhen (鲁镇). Benche lo chiamassi la mia terra, non avevo piu una casa, sicche non mi rimase che alloggiare provvisoriamente nella residenza del Quarto Signor Lu. Era del mio clan, di una generazione piu anziano, e dovevo chiamarlo "Quarto Zio": un vecchio licenziato imperiale dedito alla filosofia neoconfuciana. Non era cambiato granche rispetto a prima, era solo un po' invecchiato, e non portava ancora la barba. All'incontro scambiammo le consuete cortesie; dopo aver osservato che ero "ingrassato", si lancio in invettive contro il Partito Riformista. Ma sapevo che le sue parole non erano dirette a me: continuava a inveire contro Kang Youwei (康有为). Tuttavia la conversazione era inevitabilmente destinata a naufragare, e poco dopo mi ritrovai solo nello studio.
  
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Il giorno seguente mi alzai molto tardi e, dopo pranzo, uscii a visitare alcuni parenti e amici; il terzo giorno feci lo stesso. Nessuno era cambiato granche, erano solo un po' invecchiati; ma in ogni casa regnava il fermento: tutti preparavano il "Sacrificio della Benedizione". Era la grande cerimonia di fine anno a Luzhen, una devota e solenne liturgia per accogliere il Dio della Fortuna e implorare buona sorte per l'anno venturo. Si ammazzavano polli, si sgolavano oche, si comprava carne di maiale e la si lavava con cura; le braccia delle donne arrossivano per l'acqua, e alcune portavano ancora braccialetti d'argento intrecciato. Una volta cotti, vi si infilavano bastoncini alla rinfusa: quelli si chiamavano "offerte della Benedizione". Si disponevano al quinto turno di guardia, si accendevano bastoncini d'incenso e candele, e si invitavano rispettosamente gli dei della Fortuna a gustarli. Solo agli uomini era permesso prosternarsi, e dopo il culto si sparavano petardi, naturalmente. Ogni anno cosi, in ogni casa cosi -- purche ci si potessero permettere le offerte e i petardi -- e quest'anno, naturalmente, anche. Il cielo si oscurava sempre piu; nel pomeriggio comincio a nevicare, fiocchi grandi come fiori di pruno che turbinavano per tutto il firmamento, misti al fumo e al trambusto, gettando Luzhen nel caos. Al mio ritorno nello studio del Quarto Zio, le tegole erano gia bianche di neve e la stanza appariva piu luminosa; si distingueva chiaramente sulla parete il grande carattere "Longevita" (寿) in calcografia rossa, scritto dal patriarca Chen Tuan (陈抟); uno dei rotoli del distico si era staccato e giaceva arrotolato sul tavolo lungo; l'altro pendeva ancora: "Comprendere a fondo i principi, mantenere sereno e pacato lo spirito." Svogliato, mi avvicinai alla scrivania accanto alla finestra e diedi un'occhiata: trovai solo un ''Dizionario Kangxi'' apparentemente incompleto, un volume del ''Jinsilu Jizhu'' e un ''Sishu Chen''. In ogni caso, l'indomani me ne sarei andato senza fallo.
  
"Qué bien. Tú eres letrado, has viajado y sabes mucho. Hay algo que quiero preguntarte." Sus ojos apagados se iluminaron de pronto.
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Per giunta, al ricordo dell'incontro del giorno prima con la cognata Xianglin (祥林嫂), non riuscivo a stare tranquillo. Era stato nel pomeriggio: dopo aver visitato un amico nella parte orientale del borgo, uscendo l'avevo incontrata in riva al fiume; dalla direzione dei suoi occhi fissi capii che veniva dritta verso di me. Fra tutte le persone viste in questa visita, era lei a mostrare il cambiamento piu grande: i capelli brizzolati di cinque anni prima erano ora del tutto bianchi, impossibili per una donna sui quaranta; il viso emaciato, giallastro tendente al nero, cancellata ogni traccia dell'antica tristezza, come scolpito nel legno; solo l'occasionale roteare delle pupille indicava che era un essere vivente. In una mano reggeva un cesto di bambu con dentro una ciotola crepata, vuota; nell'altra un bastone di bambu piu alto di lei, scheggiato in basso: era diventata evidentemente una mendicante.
  
Yo no esperaba en absoluto que dijera algo así. Me quedé atónito.
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Mi fermai, aspettandomi che chiedesse l'elemosina.
  
"Es esto...", se acercó dos pasos, bajó la voz y dijo en tono confidencial, como si revelara un gran secreto: "Después de morir una persona, ¿existe realmente el alma o no?"
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"Sei tornato?" fu la prima cosa che disse.
  
Me estremecí. Sus ojos me taladraban, y sentí como alfileres en la espalda, más nervioso que un estudiante sorprendido por un examen imprevisto con el profesor a su lado. Sobre la existencia del alma yo nunca había reflexionado; pero en aquel momento, ¿qué debía responderle? En la brevísima vacilación pensé: la gente de aquí cree en los fantasmas, sin duda, pero ella... dudaba, o mejor dicho, esperaba: esperaba que existiera, y también que no existiera... ¿Para qué aumentar la aflicción de alguien al final del camino? Más valía decir que sí.
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"Si."
  
"Quizás exista... creo que sí", dije al fin, titubeante.
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"Bene. Tu sei istruito, hai viaggiato e sai molte cose. C'e qualcosa che vorrei chiederti." I suoi occhi spenti si illuminarono all'improvviso.
  
"Entonces, ¿también existe el infierno?"
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Non mi aspettavo affatto che dicesse una cosa simile. Rimasi attonito.
  
"¿El infierno?", me sobresalté, y balbucí: "¿El infierno?... En teoría, debería existir también... Pero tampoco necesariamente... ¿Quién se ocupa de tales cosas?"
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"Ecco..." si avvicino di due passi, abbasso la voce e disse con aria confidenziale, come se rivelasse un gran segreto: "Dopo che una persona muore, esiste davvero l'anima oppure no?"
  
"Entonces, ¿los miembros de una familia que han muerto pueden reunirse?"
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Mi sentii raggelare. I suoi occhi mi trafiggevano, e sentii come spilli nella schiena, piu nervoso di uno studente sorpreso da un esame imprevisto col professore accanto. Sull'esistenza dell'anima non avevo mai riflettuto; ma in quel momento, che cosa risponderle? Nella brevissima esitazione pensai: la gente di qui crede negli spiriti, senza dubbio, ma lei... dubitava, o piuttosto sperava: sperava che esistesse, e anche che non esistesse... Perche accrescere l'afflizione di chi e al termine del cammino? Meglio dire di si.
  
"Reunirse o no reunirse..." A estas alturas ya sabía que yo también era un perfecto necio: ni la vacilación ni los planes servían para resistir tres preguntas. Me acobardé al instante y quise retractarme de todo lo dicho: "Eso es... en realidad, no puedo decirlo con certeza... De hecho, si existe el alma o no, tampoco puedo asegurarlo."
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"Forse esiste... credo di si," dissi infine, esitante.
  
Aproveché que ella no insistió para largarme a grandes zancadas, huyendo a toda prisa de vuelta a casa del Cuarto Tío, con el corazón intranquilo. Pensé: mi respuesta bien podría resultarle peligrosa. Probablemente, al sentirse sola mientras los demás celebraban la bendición... ¿pero acaso tenía alguna otra intención? ¿O quizás un presentimiento? Si tenía otra intención, y a causa de ello ocurría algo, entonces mi respuesta cargaría con parte de la responsabilidad... Pero luego me reí de mí mismo: un encuentro fortuito no encierra significado profundo, y yo empeñado en analizarlo, con razón los pedagogos dirían que padezco una neurosis. Y además, ¿no había dicho claramente "no puedo asegurarlo"? Con eso quedaba anulada toda mi respuesta, así que, ocurriera lo que ocurriera, nada tenía que ver conmigo.
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"Allora esiste anche l'inferno?"
  
"No puedo asegurarlo" es una frase sumamente útil. Los jóvenes inexpertos y valientes a menudo se atreven a resolver las dudas ajenas, a recetar médicos; si el resultado es malo, suelen convertirse en blanco de reproches. Pero basta con cerrar con un "no puedo asegurarlo" para quedar libre de todo compromiso. En aquel momento sentí más que nunca la necesidad de esa frase; incluso al hablar con una mendiga, era absolutamente imprescindible.
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"Ah! L'inferno?" sobbalzai e balbettai: "L'inferno?... In teoria, dovrebbe esistere anche... Ma non necessariamente... Chi si occupa di queste cose?"
  
Sin embargo, seguía inquieto. Pasé la noche recordando el encuentro a cada rato, como si un mal presagio me acechara; bajo el cielo plomizo de nieve, en el aburrido estudio, la inquietud se intensificó. Más valía irme: mañana entraría en la ciudad. Las aletas de tiburón estofadas de la Taberna Fuxing, un yuan la fuente grande, baratas y exquisitas... ¿habrían subido de precio? Los antiguos compañeros de andanzas ya se habían dispersado como las nubes, pero las aletas de tiburón no podían dejarse de comer, aunque yo fuera el único... De cualquier modo, al día siguiente me iría sin falta.
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"Allora i familiari morti possono tutti rivedersi?"
  
Yo, porque a menudo veía que lo que uno deseaba que no ocurriera y creía que no ocurriría, acababa ocurriendo tal cual, temía que esta vez fuera igual. Y en efecto, la situación especial comenzó. Al atardecer oí voces en la habitación interior, como si discutieran algo; pero al cabo de un momento las voces cesaron y solo oí al Cuarto Tío, caminando y diciendo en voz alta:
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"Ahime, rivedersi o no?..." A quel punto sapevo ormai di essere un completo stolto, e nessuna esitazione, nessun calcolo poteva reggere tre domande. Mi feci subito pusillanime e volli ritrattare tutto: "Cioe... in realta, non so dirlo con certezza... Se l'anima esista o no, in verita, non saprei."
  
"¡Ni antes ni después, justamente en este momento! Eso demuestra que es una criatura maldita."
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Approfittando del fatto che lei non incalzava piu, allungai il passo e me ne andai, fuggendo in fretta verso la casa del Quarto Zio, il cuore inquieto. Pensai: la mia risposta rischia di essere pericolosa per lei. Probabilmente, nel momento in cui gli altri celebrano il Sacrificio, sente la propria solitudine, ma non sara che cela qualche altro significato? O forse ha un presentimento? Se avesse un altro significato, e ne derivassero altre conseguenze, la mia risposta dovrebbe effettivamente assumersi una parte di responsabilita... Ma poi risi di me stesso: un fatto casuale non ha significato profondo, e io pretendo di analizzarlo meticolosamente; non c'e da stupirsi che i pedagogisti dicano che sono nevrastenico. E poi ho detto chiaramente "non saprei," rovesciando cosi l'intera premessa della mia risposta: anche se succedesse qualcosa, non mi riguarderebbe affatto.
  
Al principio me sorprendí, y luego me inquieté, como si esas palabras me concernieran. Miré por la puerta: no había nadie. A duras penas aguanté hasta que llegó el jornalero a servir el té antes de la cena; al fin tuve ocasión de preguntar.
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"Non saprei" e una frase di straordinaria utilita. I giovani coraggiosi e inesperti osano spesso risolvere i dubbi altrui, scegliere il medico, e se il risultato e sfavorevole, finiscono per attirare il risentimento; ma usando il "non saprei" come conclusione, tutto fila liscio. In quel momento sentii ancor piu la necessita di quella frase; persino parlando con una mendicante, era assolutamente indispensabile.
  
"Hace un rato, ¿con quién se enfadó el Cuarto Señor?", pregunté.
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Ma continuai a sentirmi inquieto; passata la notte, il ricordo tornava di continuo, come un presentimento sinistro; nel cielo nevoso e cupo, nel noioso studio, l'inquietudine si faceva piu forte. Meglio andarsene, l'indomani in citta. Le pinne di squalo stufate del ristorante Fuxinglou, un yuan il piatto grande, buone e a buon prezzo; chissa se il prezzo sara aumentato? Gli amici di un tempo, benche dispersi come nuvole, le pinne di squalo non si possono non mangiare, anche da solo... In ogni caso, l'indomani me ne sarei andato senza fallo.
  
"¿Con quién va a ser? Con la tía Xianglin", respondió el jornalero lacónicamente.
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Poiche mi succedeva spesso che cio che speravo non avvenisse e che cio che ritenevo improbabile puntualmente avvenisse, temevo che anche stavolta andasse allo stesso modo. Difatti, la situazione prese una piega particolare. Verso sera sentii alcune persone riunite nella stanza interna, come se discutessero di qualcosa, ma dopo poco le voci cessarono; rimase solo il Quarto Zio, che camminava e ad alta voce diceva:
  
"¿La tía Xianglin? ¿Qué ha pasado?", pregunté apresuradamente.
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"Ne troppo presto ne troppo tardi, proprio in questo momento! Ecco la prova che e una stirpe maledetta!"
  
"Se ha ido."
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Da principio rimasi sorpreso, poi molto inquieto, sentendo che quelle parole mi riguardavano. Guardai fuori dalla porta: non c'era nessuno. A fatica, aspettai fino a prima di cena che il loro bracciante venisse a servire il te, e finalmente ebbi l'occasione di informarmi.
  
"¿Ha muerto?", el corazón se me encogió, casi di un salto, y la cara debió de cambiarme de color. Pero el jornalero no levantó la vista en ningún momento, así que no se dio cuenta. Yo también me serené y seguí preguntando:
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"Poco fa, il Quarto Signore con chi ce l'aveva?" chiesi.
  
"¿Cuándo murió?"
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"Con chi altro se non con la cognata Xianglin?" rispose il bracciante, sbrigativo.
  
"¿Cuándo? Anoche, o quizás hoy mismo. No puedo asegurarlo."
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"La cognata Xianglin? Che e successo?" domandai subito.
  
"¿De qué murió?"
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"Se n'e andata."
  
"¿De qué? Pues de pobre, naturalmente." Respondió con indiferencia, sin levantar la vista, y se marchó.
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"Morta?" Il cuore mi si strinse d'un colpo, quasi sobbalzai, e credo che anche il mio volto cambio colore. Ma lui non alzo mai lo sguardo, cosi non se ne accorse. Mi ricomposi e proseguii: "Quand'e morta?"
  
Sin embargo, mi espanto fue solo pasajero; enseguida sentí que lo que tenía que venir ya había pasado, y no necesitaba apoyarme en mi propio "no puedo asegurarlo" ni en su "de pobre" para consolarme; la conciencia se fue aligerando poco a poco, aunque de vez en cuando aún sentía un leve remordimiento. Sirvieron la cena, y el Cuarto Tío me acompañó con expresión solemne. Yo quería indagar más sobre la tía Xianglin, pero sabía que, aunque él había leído que "los espíritus son la buena energía del yin y el yang", tenía infinidad de tabúes; cuando se acercaba la ceremonia de la bendición, era absolutamente impensable mencionar la muerte o la enfermedad; si no quedaba más remedio, había que recurrir a eufemismos, pero yo no los conocía, así que, aunque intenté preguntar varias veces, siempre me contuve. De la expresión solemne de su rostro sospeché que me consideraba un inoportuno --llegar justo en ese momento-- y también a mí una criatura maldita, así que le anuncié enseguida que al día siguiente me iría de Luzhen, que entraría en la ciudad, para tranquilizarlo. Él tampoco insistió en retenerme. Así cenamos en silencio, un almuerzo sombrío.
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"Quando? Stanotte, o forse stamattina. Non saprei."
  
Los días de invierno son cortos, y con la nieve, la oscuridad envolvió temprano la villa entera. La gente se afanaba bajo las lámparas, pero fuera reinaba un gran silencio. Los copos de nieve caían sobre la espesa capa de nieve acumulada, produciendo un leve susurro que acentuaba la quietud. Sentado a solas bajo la amarillenta luz de la lámpara de aceite de colza, pensé: esta tía Xianglin, aburrida de la vida, arrojada por la gente al montón de basura como un juguete viejo del que ya se habían cansado --antes aún exponía su cuerpo entre el polvo, y los que vivían alegremente probablemente se extrañaban de que siguiera existiendo--, ahora por fin la Muerte la había barrido hasta dejarla limpia. Si el alma existe o no, no lo sé; pero en este mundo, que quien no desea vivir no viva, y quien es una molestia para otros desaparezca, tanto para los demás como para uno mismo, no deja de ser un alivio. Escuché la nieve que parecía susurrar al otro lado de la ventana y, al pensar así, fui sintiéndome gradualmente más sereno.
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"Com'e morta?"
  
Pero los fragmentos de su vida que había visto y oído se encadenaron entonces en una sola historia.
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"Com'e morta? Di poverta, naturalmente," rispose con indifferenza, senza neppure alzare la testa verso di me, e usci.
  
== La primera llegada ==
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Il mio spavento, pero, fu solo momentaneo. Subito dopo sentii che cio che doveva accadere era accaduto, e non avevo bisogno ne del mio "non saprei" ne della sua diagnosi di "poverta" per consolarmi; il cuore si alleggeriva a poco a poco; solo di tanto in tanto, mi pareva di avvertire un certo rimorso. A cena il Quarto Zio sedeva solenne al suo posto. Avrei voluto chiedere qualcosa sulla cognata Xianglin, ma sapevo che, pur avendo letto "gli spiriti sono la buona facolta delle due forze," aveva ancora moltissimi tabu, e nei pressi del Sacrificio era assolutamente vietato menzionare morte, malattia e simili; in caso di necessita, si sarebbero dovuti usare eufemismi sostitutivi, ma purtroppo non li conoscevo, sicche piu volte volli chiedere ma alla fine desistetti. Dalla sua espressione solenne sospettai persino che mi ritenesse una stirpe maledetta per essere venuto a disturbarlo proprio in quel momento, e gli comunicai immediatamente che l'indomani sarei partito da Luzhen per la citta, per tranquillizzarlo. Neppure lui insistette perche restassi. Cosi consumai un pasto in un'atmosfera opprimente.
  
Ella no era de Luzhen. Un invierno, cuando la familia del Cuarto Tío necesitaba cambiar de criada, la vieja 卫 (Wei), que actuaba de intermediaria, la trajo. Llevaba un cordón blanco en el pelo, falda negra, chaqueta azul y chaleco blanco marfil; tenía unos veintiséis o veintisiete años, el rostro entre amarillo y verdoso, pero las mejillas aún rojas. La vieja Wei la llamaba "tía Xianglin" y dijo que era vecina de la aldea de su familia materna; muerto el cabeza de familia, había salido a trabajar. El Cuarto Tío frunció el ceño; la Cuarta Tía ya comprendió su disgusto: era una viuda. Pero al ver que su aspecto era aún presentable, de manos y pies fuertes, siempre con los ojos bajos y sin abrir la boca, parecía una persona dócil y laboriosa, e hizo caso omiso del ceño del Cuarto Tío y la contrató. Durante el período de prueba, trabajó sin parar todo el día, como si el ocio le resultara insoportable; además tenía una fuerza considerable, igual que un hombre, de modo que al tercer día quedó contratada en firme, con un salario de quinientos wen al mes.
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L'inverno ha giornate brevi, e con la neve la notte aveva gia avvolto tutto il borgo. Tutti si affaccendavano sotto le lampade, ma fuori dalla finestra regnava un gran silenzio. I fiocchi di neve cadevano sulla spessa coltre gia accumulata, e pareva di udire un fruscio che rendeva ancor piu profondo il silenzio. Seduto solo sotto la lampada a olio di colza dalla luce gialla, pensai: questa cognata Xianglin, priva di qualsiasi interesse, gettata dalla gente nel mucchio della spazzatura come un vecchio giocattolo di cui ci si era stancati -- un tempo il suo corpo giaceva nella polvere, e agli occhi di chi vive piacevolmente doveva apparire strano che lei pretendesse ancora di esistere; ora finalmente l'Impermanenza l'ha spazzata via tutta quanta. Se l'anima esista o no, non lo so; ma in questo mondo, che chi non sa vivere non viva, e che chi si annoia di vederla non la veda piu, per gli uni e per gli altri, non e poi cosi male. Ascoltando in silenzio il fruscio della neve che pareva crepitare fuori dalla finestra, i miei pensieri mi portarono gradualmente verso un senso di sollievo.
  
Todos la llamaban "tía Xianglin"; nadie le preguntó su apellido, pero como la intermediaria era del pueblo de Wei y había dicho que era vecina, probablemente también se apellidaba Wei. Era muy callada; solo respondía cuando le preguntaban, y con pocas palabras. Hasta pasados más de diez días se fue sabiendo poco a poco que en su casa tenía una suegra severa y un cuñado menor de diez y pico años que ya podía cortar leña; que su marido había muerto en primavera; que también él cortaba leña para vivir y era diez años más joven que ella: eso era todo lo que se sabía.
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Ma i frammenti della sua mezza vita che avevo visto e sentito si composero finalmente in un quadro unico.
  
Los días pasaron rápidamente, y su trabajo no decayó ni un ápice. No era exigente con la comida y no escatimaba esfuerzos. La gente decía que la criada del Cuarto Señor Lu trabajaba más que un hombre diligente. A fin de año, barrer el polvo, fregar el suelo, matar pollos, degollar gansos, hervir las ofrendas toda la noche: todo lo hacía ella sola, sin necesidad de contratar jornaleros adicionales. Y sin embargo parecía satisfecha: una sombra de sonrisa asomaba poco a poco en las comisuras de sus labios, y su cara se fue llenando y blanqueando.
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Non era di Luzhen. Un inverno, quando il Quarto Zio aveva bisogno di cambiare la serva, la mediatrice, la vecchia Wei, la condusse dentro: capelli legati con un nastro bianco, gonna nera, giacchetta blu, corpetto bianco pallido, eta sui ventisei-ventisette anni, carnagione giallognola ma ancora con le guance rosse. La vecchia Wei la chiamo cognata Xianglin, disse che era vicina di casa della famiglia della madre, e che essendo morto il capofamiglia, era uscita a lavorare. Il Quarto Zio aggrotto le sopracciglia, la Quarta Zia ne comprese il senso: non gradiva che fosse vedova. Ma vedendo che era di bell'aspetto, robusta di mani e piedi, con gli occhi bassi e senza aprir bocca, pareva una donna docile e resistente alla fatica, e la tenne, nonostante il cipiglio del Quarto Zio. Durante il periodo di prova, lavorava tutto il giorno, come se stare in ozio la annoiasse, e aveva la forza di un uomo; il terzo giorno fu assunta stabilmente, con uno stipendio di cinquecento monete al mese.
  
== El rapto ==
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Tutti la chiamavano cognata Xianglin; nessuno le chiese il cognome, ma essendo la mediatrice di Weijiashan e dicendo che era vicina, probabilmente si chiamava Wei anche lei. Non era loquace; rispondeva solo se interrogata, e con poche parole. Solo dopo una decina di giorni si venne a sapere gradualmente che aveva in casa una suocera severa; un cognato piu piccolo, poco piu di dieci anni, capace di tagliare la legna; e che in primavera aveva perso il marito, anche lui taglialegna, piu giovane di lei di dieci anni: questo era tutto cio che si sapeva.
  
Recién pasado el Año Nuevo, al regresar del río con el arroz lavado, de pronto palideció: dijo que a lo lejos, al otro lado del río, había visto a un hombre paseando que se parecía mucho al primo mayor de la familia de su marido; temía que viniera a buscarla. La Cuarta Tía se alarmó e hizo indagaciones, pero ella no quiso hablar más. El Cuarto Tío, al enterarse, frunció el ceño y dijo:
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I giorni passarono in fretta, ma il suo lavoro non diminui mai; non era esigente col cibo, e non risparmiava le forze. Tutti dicevano che la serva assunta dal Quarto Signor Lu era davvero piu laboriosa di un uomo diligente. A fine anno, quando si spolverava, si lavava il pavimento, si ammazzavano polli e oche, si cucinavano le offerte per tutta la notte, faceva tutto da sola, senza bisogno di braccianti aggiuntivi. Eppure sembrava soddisfatta; agli angoli della bocca cominciava a comparire un'ombra di sorriso, e il viso si era fatto piu pieno e chiaro.
  
"Esto no es bueno. Me temo que ha huido."
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Appena passato il Capodanno, tornando dal fiume dove aveva sciacquato il riso, impallidi improvvisamente: disse di aver visto, da lontano, un uomo sulla riva opposta che andava avanti e indietro, e le sembrava un cugino del marito, che forse era venuto a cercarla. La Quarta Zia, allarmata, volle saperne di piu, ma lei non aggiunse altro. Il Quarto Zio, non appena lo seppe, aggrotto le sopracciglia e disse:
  
Y en efecto, era una fugitiva; la sospecha se confirmó poco después.
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"Non va bene. Temo che sia scappata di casa."
  
Unos diez días más tarde, cuando todos empezaban ya a olvidar el asunto, la vieja Wei se presentó de pronto con una mujer de unos treinta años, diciendo que era la suegra de la tía Xianglin. Aunque la mujer tenía aspecto de campesina, se desenvolvía con soltura; tras los saludos de cortesía, se disculpó y explicó que venía expresamente a llevarse a su nuera: la primavera traía mucho trabajo, y en casa solo quedaban la vieja y el joven, faltaban brazos.
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Era davvero fuggita, e di li a poco questa ipotesi fu confermata.
  
"Si su suegra quiere que vuelva, ¿qué se puede decir?", dijo el Cuarto Tío.
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Passarono una decina di giorni, e quando tutti stavano gia dimenticando la faccenda, la vecchia Wei porto all'improvviso una donna di poco piu di trent'anni, dicendo che era la suocera della cognata Xianglin. La donna, pur avendo l'aspetto di una montanara, si comportava con disinvoltura e parlava con abilita; dopo i convenevoli, chiese scusa e disse che era venuta apposta per riportare a casa la nuora, perche con la primavera c'era molto da fare e in casa c'erano solo vecchi e piccoli, mancavano le braccia.
  
Así que se le ajustaron las cuentas: un total de mil setecientos cincuenta wen, que ella tenía íntegramente guardados en casa de los patrones, sin haber gastado un solo wen, y se los entregaron todos a su suegra. La mujer recogió también la ropa, dio las gracias y se marchó. Era ya mediodía.
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"Se e la suocera a volerla indietro, che c'e da dire?" disse il Quarto Zio.
  
"¡Ay! ¿Y el arroz? ¿No había ido la tía Xianglin a lavarlo?...", exclamó la Cuarta Tía al cabo de un rato, acordándose del almuerzo, seguramente con algo de hambre.
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Si fecero i conti dello stipendio: in tutto millesettecento cinquanta monete, tutte depositate in casa dei padroni, senza averne speso una sola, e furono consegnate alla suocera. La donna prese anche i vestiti, ringrazio e usci. Era gia mezzogiorno.
  
Todos se pusieron a buscar la cesta del arroz. Ella fue primero a la cocina, luego al salón, después al dormitorio: ni rastro de la cesta. El Cuarto Tío salió a la calle y tampoco la encontró; solo al llegar al río la vio, bien colocada en la orilla, con una col a su lado.
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"Oh, e il riso? La cognata Xianglin non era andata a sciacquarlo?..." Dopo un bel po', la Quarta Zia se ne accorse con un grido. Doveva avere un po' di fame e si era ricordata del pranzo.
  
Los testigos contaron que por la mañana había atracado en el río un bote con toldo blanco totalmente cerrado; nadie sabía quién iba dentro, y nadie le había prestado atención. Cuando la tía Xianglin salió a lavar el arroz y estaba a punto de arrodillarse junto al agua, del bote saltaron de pronto dos hombres con aspecto de montañeses: uno la agarró, el otro ayudó, y la arrastraron al interior del bote. La tía Xianglin gritó varias veces, pero luego no se oyó nada más; probablemente le taparon la boca con algo. Enseguida subieron dos mujeres: una desconocida y la otra era la vieja Wei. Al asomarse al interior, apenas se distinguía nada; parecía que estaba atada, tendida en el fondo del bote.
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Tutti cercarono il setaccio da riso. Prima in cucina, poi nella sala, poi in camera: nessuna traccia del setaccio. Il Quarto Zio usci di casa e non lo vide neppure; solo in riva al fiume lo trovo, posato piano sul bordo, e accanto c'era un cespo di verdura.
  
"¡Qué infamia! Pero...", dijo el Cuarto Tío.
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Chi aveva visto riferi che al mattino era attraccata una barca col baldacchino bianco, col telo tutto chiuso, e non si sapeva chi ci fosse dentro, ma nessuno ci aveva fatto caso. Quando la cognata Xianglin usci a sciacquare il riso, appena si fu inginocchiata, dalla barca saltarono fuori due uomini, parevano montanari; uno la afferro, l'altro lo aiuto, e la trascinarono nella barca. La cognata Xianglin grido ancora qualche volta, poi non si udi piu alcun suono, probabilmente le avevano tappato la bocca. Poi salirono a bordo due donne: una sconosciuta, l'altra era la vecchia Wei. Sbirciando nella cabina, non si vedeva bene; pareva legata e distesa sulle tavole.
  
Aquel día la Cuarta Tía tuvo que cocinar ella misma; su hijo Ah Niu (阿牛) atizó el fuego.
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"Infame! Pero..." disse il Quarto Zio.
  
Después de comer, la vieja Wei volvió a aparecer.
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Quel giorno la Quarta Zia cucino da sola il pranzo; il loro figlio Aniu (阿牛) attizzava il fuoco.
  
"¡Qué infamia!", dijo el Cuarto Tío.
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Dopo pranzo la vecchia Wei torno.
  
"¿Qué pretendes? ¡Vergüenza que te atrevas a venir a vernos!", le espetó la Cuarta Tía, que estaba fregando los platos. "Tú misma la recomendaste y luego te confabulaste para raptarla, ¡menudo escándalo! ¿Estás jugando con nuestra casa?"
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"Infame!" disse il Quarto Zio.
  
"¡Ay, ay! Me han engañado a mí también. He venido expresamente a explicarme. Ella me rogó que le buscara colocación; ¿cómo iba yo a imaginar que lo hacía a espaldas de su suegra? Perdonen, Cuarto Señor, Cuarta Señora. Siempre he sido una vieja atolondrada y descuidada, perdónenme. Por suerte, su casa siempre ha sido generosa y magnánima, y no regatean con gente humilde. Esta vez les buscaré una buena criada para compensar..."
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"Che intendi? Non ti vergogni di ripresentarti da noi?" La Quarta Zia, che lavava i piatti, appena la vide parlo con collera: "Tu stessa l'hai raccomandata, poi hai complottato per rapirlela; e stato un putiferio, e che figura ci fai fare? Pensi di prenderti gioco di noi?"
  
"Pero...", dijo el Cuarto Tío.
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"Oh, oh, sono stata ingannata anch'io! Sono venuta apposta per spiegarvi. Lei mi ha chiesto di trovarle un posto, come potevo immaginare che lo facesse alle spalle della suocera? Chiedo scusa, Quarto Signore, Quarta Signora. Sono vecchia e distratta, imperdonabile. Per fortuna i padroni sono sempre stati magnanimi e non se la prendono coi piccoli. Questa volta ve ne raccomandero una brava, per farmi perdonare..."
  
Y con ello el incidente de la tía Xianglin quedó zanjado y pronto olvidado.
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"Pero..." disse il Quarto Zio.
  
== Las noticias de su segundo matrimonio ==
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E cosi la faccenda della cognata Xianglin si chiuse, e presto fu dimenticata.
  
Solo la Cuarta Tía, porque las criadas que contrató después eran casi todas holgazanas, o glotonas, o las dos cosas, y ninguna le satisfacía, seguía mencionando a la tía Xianglin. Solía decirse para sí: "Me pregunto cómo estará ahora", con la esperanza de que volviera. Pero al llegar el segundo Año Nuevo, ya desistió.
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Solo la Quarta Zia, poiche le serve assunte in seguito erano per lo piu pigre o golose, o golose e pigre insieme, mai soddisfacenti, ogni tanto menzionava la cognata Xianglin. Ogni volta mormorava tra se: "Chissa come sta adesso?" nella speranza che tornasse. Ma col secondo Capodanno anche lei smise di sperare.
  
Cuando el nuevo año estaba a punto de acabar, la vieja Wei vino a hacer su visita de año nuevo, ya bastante borracha, y explicó que se había retrasado porque había pasado unos días en la aldea natal de su familia materna en el Monte Wei. Naturalmente, la conversación derivó hacia la tía Xianglin.
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Verso la fine del Capodanno, la vecchia Wei venne a fare gli auguri, gia mezza ubriaca, e disse che era tornata dai parenti a Weijiashan, dove si era trattenuta qualche giorno, perche era venuta in ritardo. Parlando, il discorso cadde naturalmente sulla cognata Xianglin.
  
"¿Ella?", dijo la vieja Wei alegremente. "Ahora le ha sonreído la suerte. Cuando su suegra vino a buscarla, ya estaba prometida a 贺老六 (He Laoliu) de 贺家墺 (Hejiaao), así que pocos días después de volver a casa la metieron en un palanquín de boda y se la llevaron."
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"Lei?" disse la vecchia Wei tutta contenta. "Adesso le e andata bene. La suocera, quando la riprese, aveva gia promesso la mano a He Laoliu (贺老六) di Hejia'ao, e pochi giorni dopo il ritorno la misero nella portantina nuziale e la mandarono via."
  
"¡Ay, qué suegra!", exclamó la Cuarta Tía, asombrada.
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"Ah, che suocera!" esclamo la Quarta Zia, stupefatta.
  
"¡Ay, señora! Usted habla como gran dama de familia rica. Para la gente del campo, familias humildes, ¿qué tiene de raro? Tiene un cuñado menor que también necesita casarse. Si no la casan a ella, ¿de dónde sacan el dinero para la dote? Su suegra es una mujer astuta y calculadora; por eso la casó en lo profundo de las montañas. Si la hubiera casado con alguien del mismo pueblo, la dote habría sido menor; solo las mujeres dispuestas a adentrarse en montañas y desfiladeros remotos escasean, así que consiguió ochenta mil wen. Ahora la esposa del segundo hijo también está en casa; la dote costó solo cincuenta mil wen; descontados los gastos de la boda, aún quedan más de diez mil. ¡Fíjese qué bien calculado!"
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"Oh, mia signora! Voi parlate davvero da gran dama. Noi gente di montagna, famiglie modeste, non e niente di strano. Aveva un cognato piccolo, che doveva prendere moglie pure lui. Se non la dava in sposa, dove trovava i soldi per la dote? La suocera era una donna sveglia e calcolatrice, percio la fece sposare in montagna. Se l'avesse data a uno del villaggio, la dote sarebbe stata poca; solo le donne disposte a entrare in quelle gole remote sono poche, percio ottenne ottantamila monete. Il secondo figlio si e preso la moglie con cinquantamila di dote, e tolte le spese del matrimonio, restarono piu di diecimila. Ah, guardate che bel calcolo!..."
  
"¿Y la tía Xianglin aceptó?"
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"E la cognata Xianglin acconsenti?..."
  
"¿Qué es eso de aceptar o no? Todo el mundo arma un escándalo, pero basta con atarla con una cuerda, meterla en el palanquín, llevarla a la casa del novio, ponerle la corona de flores, hacerla prosternarse ante el cielo y la tierra, encerrarla en la alcoba, y ya está. Pero la tía Xianglin fue un caso extraordinario: dicen que armó un escándalo tremendo; todos decían que como había servido en casa de gente letrada era diferente a las demás. Señora, nosotras hemos visto mucho: viudas que al casarse de nuevo lloran hay; las que amenazan con matarse hay; las que llegan a casa del novio y arman tal escándalo que no consiguen hacer la ceremonia hay; las que hasta rompen las velas nupciales hay. Pero la tía Xianglin fue extraordinaria: dicen que por todo el camino no hizo más que aullar y maldecir; cuando llegaron a Hejiaao ya tenía la garganta completamente ronca. Al sacarla del palanquín, aunque dos hombres y su cuñado la sujetaron con todas sus fuerzas, no pudieron hacerla prosternarse. Cuando se descuidaron un instante y la soltaron, ¡ay, Amitabha!, ella se dio un cabezazo contra la esquina del altar de incienso y se abrió una brecha enorme en la frente; la sangre brotaba a chorros, y ni con dos puñados de ceniza de incienso y dos tiras de tela roja se la pudo tapar. Hasta que entre todos la encerraron con el novio en la alcoba nupcial, seguía maldiciendo. ¡Ay, esto sí que fue...!" La vieja Wei meneó la cabeza, bajó la vista y calló.
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"Che acconsenti e acconsenti. Disordini ne fa sempre qualcuna; basta legarla con una corda, ficcarla nella portantina, portarla dal marito, metterle il copricapo nuziale, fare le riverenze, chiudere la porta della camera, e la faccenda e finita. Ma la cognata Xianglin fu davvero fuori del comune; tutti dissero che forse perche aveva servito in una casa di letterati, era diversa dalle altre. Signora, noi ne abbiamo viste tante: le vedove date in seconde nozze, alcune piangono e gridano, altre minacciano di ammazzarsi, altre fanno tanto chiasso dal marito che non riescono a fare le riverenze, e ci sono quelle che rompono persino le candele nuziali. Ma la cognata Xianglin fu straordinaria: dicono che lungo tutta la strada non fece che ululare e maledire; arrivata a Hejia'ao, la voce era gia tutta rauca. Tirata fuori dalla portantina, due uomini e il cognato la tennero stretta ma non riuscivano a farle fare le riverenze. In un momento di disattenzione, appena la lasciarono -- ah, Amitabha! -- lei sbatte la testa contro lo spigolo dell'altare dell'incenso, si fece un buco grande nella fronte, il sangue colava a fiotti; con due manciate di cenere d'incenso e due pezze rosse non riuscivano a fermarlo. Alla fine, con mille mani, la chiusero insieme al marito nella camera nuziale, e ancora malediceva. Oh, davvero..." Scrollo il capo, abbasso gli occhi e non parlo piu.
  
"¿Y después?", preguntó la Cuarta Tía.
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"E poi?" chiese la Quarta Zia.
  
"Dicen que al día siguiente tampoco se levantó", dijo, alzando la vista.
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"Dicono che il giorno dopo non si alzo neppure," disse alzando lo sguardo.
  
"¿Y después?"
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"E poi?"
  
"¿Después? Se levantó. A final de año tuvo un niño, varón; ya tenía dos años en Año Nuevo. Estos días que pasé en mi pueblo, alguien fue a Hejiaao y al volver dijo que los había visto, madre e hijo: la madre estaba gorda y el hijo también; no tenía suegra encima; el marido era un hombre fuerte y trabajador; la casa era propia. ¡Ay, realmente le ha sonreído la suerte!"
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"Poi? Si alzo. A fine anno partori un figlio, maschio, che al Capodanno aveva gia due anni. Mentre ero dai miei, qualcuno ando a Hejia'ao e al ritorno disse di averli visti, madre e figlio: la madre era grassa, il figlio pure; sopra non c'era suocera; il marito era forte e lavoratore; la casa era di proprieta. Oh, le e andata proprio bene."
  
Desde entonces, la Cuarta Tía dejó de mencionar a la tía Xianglin.
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Da allora la Quarta Zia non menziono piu la cognata Xianglin.
  
== El regreso ==
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Ma un autunno, forse due Capodanni dopo la notizia della sua fortuna, ecco che lei era di nuovo in piedi davanti alla sala del Quarto Zio. Sul tavolo c'era un cesto rotondo a forma di castagna d'acqua, sotto la tettoia un piccolo fagotto. Portava ancora il nastro bianco nei capelli, la gonna nera, la giacchetta blu, il corpetto bianco pallido, il viso giallognolo, solo che le guance avevano perso il colore, gli occhi bassi con tracce di lacrime agli angoli, lo sguardo spento. E ancora con la vecchia Wei, che con aria compassionevole chiacchierava con la Quarta Zia:
  
Pero un otoño, aproximadamente dos años nuevos después de la buena noticia, la tía Xianglin apareció otra vez en el vestíbulo de la casa del Cuarto Tío. Sobre la mesa había una cesta redonda en forma de castaña de agua; bajo el alero, un pequeño hatillo. Seguía llevando el cordón blanco en el pelo, falda negra, chaqueta azul, chaleco blanco marfil; el rostro entre amarillo y verdoso, pero las mejillas habían perdido todo color; los ojos bajos, con huellas de lágrimas en los rabos, y la mirada ya no era tan viva como antes. Y una vez más era la vieja Wei quien la traía; con expresión compasiva, habló sin parar ante la Cuarta Tía:
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"...Questo si chiama proprio 'il cielo ha tempeste impreviste': suo marito era un uomo robusto, chi avrebbe pensato che giovane com'era sarebbe morto di tifo? Era gia guarito, ma mangiate una ciotola di riso freddo, ricadde. Per fortuna c'era il figlio; lei sa lavorare: tagliare legna, raccogliere te, allevare bachi da seta, tutto sa fare. Avrebbe potuto tirare avanti. Ma chi se lo sarebbe immaginato che anche il bambino sarebbe stato preso da un lupo? Mancava poco alla fine della primavera, e nel villaggio arrivarono i lupi. Chi l'avrebbe detto? Ormai le resta soltanto se stessa. Il cognato grande venne a prendere la casa e la caccio. Non aveva dove andare, e non le rimase che venire a chiedere ai vecchi padroni. Per fortuna ora non ha piu legami, e in casa della signora serve proprio un cambio, percio l'ho portata. Penso che una che conosce gia la strada valga piu di una nuova..."
  
"...Esto es lo que se llama 'cielo imprevisible'. Su marido era un hombre robusto; ¿quién hubiera imaginado que tan joven iba a morir de tifus? Ya se había curado, pero comió un cuenco de arroz frío y recayó. Por suerte tenía al niño; ella sabía trabajar: cortar leña, recoger té, criar gusanos de seda, y con eso bien podía vivir. ¿Pero quién iba a pensar que al niño se lo llevaría un lobo? La primavera ya casi acababa cuando apareció un lobo en la aldea, ¿quién lo habría imaginado? Ahora se ha quedado sola en el mundo. Su cuñado mayor vino a reclamar la casa y la echó. No le queda adónde ir; solo puede pedir refugio a sus antiguos patrones. Por suerte ya no tiene ataduras, y la señora justamente necesita una nueva criada, así que la he traído. Criada conocida es mejor que una nueva..."
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"Che sciocca sono stata, davvero," disse la cognata Xianglin, alzando i suoi occhi senza luce, e prosegui: "Sapevo solo che d'inverno le bestie in montagna non trovano da mangiare e scendono al villaggio; non sapevo che potesse succedere anche in primavera. La mattina presto aprii la porta, misi una cesta di fave e dissi al nostro Amao di sedersi sulla soglia a sgusciare le fave. E un bambino ubbidiente, fa tutto quello che gli dico; usci. Io intanto spaccavo legna dietro casa, sciacquavo il riso, misi il riso a cuocere e volevo cuocere le fave. Chiamai: Amao! Non rispose. Uscii a guardare: le fave sparse per terra, e il nostro Amao non c'era. Lui non va a giocare a casa d'altri; chiesi in giro, nessuno. Mi agitai, mandai gente a cercarlo. Solo nel tardo pomeriggio, cercando e cercando fin nelle gole di montagna, su uno spineto trovarono appesa una sua scarpina. Tutti dissero: e andata male, temo che l'abbia preso il lupo. Piu avanti, lo trovarono disteso nell'erba: le viscere erano state tutte divorate, ma nella manina stringeva ancora il cestino..." Si mise a singhiozzare, incapace di finire la frase.
  
"Fui tan tonta, tan tonta de verdad", dijo la tía Xianglin, alzando sus ojos sin brillo, y prosiguió: "Yo solo sabía que cuando nieva las fieras no encuentran qué comer en las montañas y bajan a las aldeas; no sabía que también en primavera podía haberlas. Me levanté al alba, abrí la puerta, llené una cestita de habas y le dije a mi Ah Mao (阿毛) que se sentara en el umbral a pelarlas. Era un niño muy obediente; me hacía caso en todo. Salió a sentarse. Yo me puse a partir leña detrás de la casa, a lavar arroz, a ponerlo al fuego para cocer las habas. Llamé a Ah Mao: no contestó. Salí a mirar: las habas estaban esparcidas por el suelo, pero mi Ah Mao no estaba. No solía ir a jugar a otras casas; pregunté por todos lados y en ningún sitio lo habían visto. Me desesperé; pedí a la gente que saliera a buscarlo. Hasta por la tarde, buscando y buscando, llegaron a un desfiladero en la montaña y vieron un zapatito suyo colgado de una zarza. Todos dijeron: 'Está perdido, se lo habrá llevado un lobo.' Entraron más adentro, y allí estaba, tendido en un matorral; le habían comido todas las entrañas, pero en la manita seguía agarrando la cestita..." A partir de ahí solo pudo sollozar, sin poder articular una frase entera.
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La Quarta Zia dapprima esito, ma udita tutta la storia, le si arrossarono gli occhi. Ci penso un momento, poi le disse di portare il cesto e il fagotto nella stanza della servitu. La vecchia Wei tiro un sospiro di sollievo come se le avessero tolto un gran peso dalle spalle; la cognata Xianglin aveva l'aria un po' piu distesa di quando era arrivata e, senza bisogno di indicazioni, sistemo il fagotto con esperienza. Da allora torno a fare la serva a Luzhen.
  
La Cuarta Tía al principio vaciló, pero cuando acabó de oír la historia, se le enrojecieron los ojos. Reflexionó un instante y luego le dijo que llevara la cesta y el hatillo a la habitación de servicio. La vieja Wei exhaló un suspiro de alivio, como quien se quita un peso de encima. La tía Xianglin parecía algo menos agobiada que a su llegada; sin esperar indicaciones, se instaló por sí misma con la familiaridad de la costumbre. Así volvió a trabajar como criada en Luzhen.
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Tutti continuavano a chiamarla cognata Xianglin.
  
Todos seguían llamándola "tía Xianglin".
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Questa volta pero la sua condizione era molto cambiata. Dopo due o tre giorni di lavoro, i padroni sentirono che le mani e i piedi non erano piu agili come prima, la memoria era molto peggiorata, e su quel viso da morta non appariva mai un sorriso; la Quarta Zia cominciava a mostrarsi scontenta. Il Quarto Zio, quando era arrivata, aveva aggrottato le sopracciglia come al solito, ma data la difficolta di trovare serve, non si era opposto troppo; aveva solo ammonito segretamente la Quarta Zia dicendo che gente cosi, benche sembri pietosa, corrompe i costumi; per aiutare va bene, ma al momento dei sacrifici non deve toccare nulla; tutti i piatti dovranno prepararli da sola la Quarta Zia, altrimenti, non essendo pura, gli antenati non mangeranno.
  
== La decadencia ==
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La cosa piu importante nella casa del Quarto Zio erano i sacrifici, e prima la cognata Xianglin era piu occupata proprio in quelle occasioni; questa volta rimase in ozio. Il tavolo fu posto al centro della sala e ricoperto col drappo; lei ricordava come al solito di disporre le coppe e i bastoncini.
  
Pero esta vez su situación cambió enormemente. A los dos o tres días de empezar a trabajar, los patrones notaron que sus manos ya no eran tan ágiles como antes, que su memoria era mucho peor, y que en su cara de muerta no asomaba una sonrisa en todo el día; por el tono de la Cuarta Tía ya se adivinaba su descontento. Cuando llegó al principio, el Cuarto Tío frunció el ceño, como de costumbre, pero dado lo difícil que era encontrar criadas, no se opuso demasiado; solo advirtió en privado a la Cuarta Tía: este tipo de persona, aunque parece digna de lástima, corrompe las buenas costumbres; que ayude en el trabajo diario puede pasar, pero en los sacrificios no debe tocar nada; todos los platos tendrán que prepararlos ellos mismos, de lo contrario, por estar impuros, los antepasados no los aceptarán.
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"Cognata Xianglin, lascia stare! Faccio io," disse in fretta la Quarta Zia.
  
El acontecimiento más importante de la casa del Cuarto Tío era el sacrificio, y la tía Xianglin había sido antes la más atareada en esas fechas; ahora, sin embargo, no tenía nada que hacer. Cuando colocaron la mesa en el centro del vestíbulo y tendieron el mantel, ella todavía fue, por la fuerza de la costumbre, a repartir las copas de vino y los palillos.
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Lei si ritiro mortificata. Ando a prendere i candelieri.
  
"Déjalo, tía Xianglin. Yo lo pongo", dijo la Cuarta Tía precipitadamente.
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"Cognata Xianglin, lascia stare! Li prendo io," disse di nuovo la Quarta Zia, in fretta.
  
Ella retiró las manos, confusa. Fue entonces a buscar el candelabro.
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Giro in tondo piu volte, senza trovare nulla da fare, e se ne ando perplessa. L'unica cosa che poteva fare quel giorno era sedere accanto al forno ad attizzare il fuoco.
  
"Déjalo, tía Xianglin. Yo lo traigo", repitió la Cuarta Tía con premura.
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La gente del borgo continuava a chiamarla cognata Xianglin, ma il tono era molto diverso da prima; le parlavano ancora, ma con un sorriso freddo. Lei non faceva caso a niente di tutto cio; con gli occhi fissi, raccontava a tutti la storia che non dimenticava ne di giorno ne di notte:
  
Dio unas vueltas sin encontrar nada que hacer y al final se retiró, desconcertada. Lo único que pudo hacer aquel día fue sentarse junto al fogón a atizar el fuego.
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"Che sciocca sono stata, davvero," diceva. "Sapevo solo che d'inverno le bestie nei monti non trovano da mangiare e scendono al villaggio; non sapevo che potesse succedere anche in primavera..."
  
La gente del pueblo también la seguía llamando "tía Xianglin", pero con un tono muy diferente al de antes; también le hablaban, pero ya sin la sonrisa de antes, que era fría. Ella no reparaba en nada de eso; con la mirada fija, contaba a todo el mundo la historia que no podía olvidar ni de día ni de noche:
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La storia era abbastanza efficace: gli uomini, arrivati a quel punto, ritiravano il sorriso e se ne andavano a disagio; le donne, invece, non solo le perdonavano ma il loro viso mutava dall'espressione sprezzante in una compassionevole, e versavano molte lacrime. Alcune vecchie che non l'avevano sentita in strada venivano apposta per ascoltare la sua storia pietosa. Quando lei arrivava al singhiozzo, anche loro facevano cadere le lacrime ferme agli angoli degli occhi, sospiravano, si sentivano soddisfatte e se ne andavano, commentando tra loro.
  
"Fui tan tonta, tan tonta de verdad", decía. "Yo solo sabía que cuando nieva las fieras no encuentran qué comer en la montaña profunda y bajan a las aldeas; no sabía que también en primavera podía haberlas. Me levanté al alba, abrí la puerta, llené una cestita de habas y le dije a mi Ah Mao que se sentara en el umbral a pelarlas. Era un niño muy obediente; me hacía caso en todo. Salió a sentarse. Yo me puse a partir leña detrás de la casa, a lavar arroz, a poner el arroz al fuego; iba a cocer las habas. Llamé: '¡Ah Mao!' No contestó. Salí a mirar: las habas estaban esparcidas por el suelo, y mi Ah Mao no estaba. Pregunté por todos lados: nadie lo había visto. Me desesperé; pedí que fueran a buscarlo. Hasta por la tarde, buscando y buscando, encontraron en un desfiladero de la montaña un zapatito suyo colgado de una zarza. Todos dijeron: 'Está perdido, se lo habrá llevado un lobo.' Entraron más adentro: allí estaba, tendido en un matorral; le habían comido todas las entrañas, pero el pobrecito aún agarraba con fuerza la cestita..." Y entonces le caían las lágrimas y la voz se le quebraba en sollozos.
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Ma ben presto tutti l'avevano sentita tante di quelle volte che anche le vecchie piu compassionevoli che recitavano il sutra non avevano piu una traccia di lacrime negli occhi. Alla fine quasi tutto il borgo sapeva a memoria le sue parole, e al solo sentirle provava un fastidio da far venire il mal di testa.
  
Esta historia era bastante eficaz: los hombres, al llegar a ese punto, solían borrar la sonrisa y marcharse con aire apenado. Las mujeres no solo la perdonaban, sino que sus expresiones desdeñosas se transformaban al instante, y muchas la acompañaban con abundantes lágrimas. Algunas ancianas que no habían oído la historia en la calle iban expresamente a buscarla para escuchar ese relato trágico. Cuando ella llegaba a los sollozos, ellas también vertían las lágrimas retenidas en el rabillo del ojo, suspiraban un rato, se iban satisfechas, y por el camino aún la comentaban entre sí.
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"Che sciocca sono stata, davvero," cominciava.
  
Ella contaba su trágica historia una y otra vez, reuniendo a menudo a tres o cinco personas. Pero pronto todos la conocían de memoria, y ni siquiera las más compasivas viejas devotas de Buda mostraban ya una sola lágrima. Al final, casi toda la villa podía recitar su relato de carrerilla, y al oírla les resultaba tan fastidioso que les daba dolor de cabeza.
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"Gia, tu sapevi solo che d'inverno le bestie nei monti non trovano da mangiare e scendono al villaggio," la interrompevano subito, e se ne andavano.
  
"Fui tan tonta, tan tonta de verdad", empezaba.
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Lei restava a bocca aperta, attonita, con gli occhi fissi a guardarli, poi anche lei se ne andava, sentendosi fuori posto. Ma insisteva ancora, sperando di introdurre la storia di Amao attraverso altri pretesti: il cestino, le fave, i bambini altrui. Se vedeva un bambino di due o tre anni, diceva:
  
", claro, tú solo sabías que cuando nieva las fieras bajan de la montaña a las aldeas", la interrumpían al instante, y se marchaban.
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"Ah, il nostro Amao, se fosse ancora qui, sarebbe grande cosi..."
  
Ella se quedaba boquiabierta, de pie, con los ojos fijos mirándolos; luego también se iba, como si ella misma sintiera la inutilidad. Pero aún albergaba esperanzas de derivar la conversación hacia su Ah Mao a través de otras cosas: una cestita, habas, el hijo de otra persona. Si veía a un niño de dos o tres años, decía:
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Il bambino, vedendo il suo sguardo, si spaventava e tirava la gonna della madre perche se ne andassero. E cosi restava di nuovo sola, e alla fine anche lei se ne andava sconsolata. Poi tutti impararono il suo modo di fare, e appena c'era un bambino nelle vicinanze, le chiedevano con un mezzo sorriso:
  
"¡Ay, si mi Ah Mao viviera, ya tendría esa edad...!"
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"Cognata Xianglin, il vostro Amao, se fosse ancora qui, non sarebbe grande cosi?"
  
Los niños, al ver sus ojos, se asustaban y tiraban de la ropa de su madre para que se fueran. Y entonces se quedaba sola otra vez y acababa marchándose, desanimada. Más adelante, como todos conocían ya su manía, bastaba con que hubiera un niño delante para que le preguntaran con una sonrisa a medias:
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Lei forse non sapeva che la sua sofferenza, dopo essere stata masticata e assaporata dalla gente per tanti giorni, era ormai diventata feccia buona solo per il fastidio e il disprezzo; ma dai sorrisi altrui intuiva qualcosa di freddo e tagliente, e capiva di non aver piu bisogno di aprire bocca. Si limitava a guardarli di sfuggita, senza rispondere una parola.
  
"Tía Xianglin, si su Ah Mao viviera, ¿no tendría ya esa edad?"
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A Luzhen si celebrava sempre il Capodanno: dopo il venti dell'ultimo mese lunare l'attivita impazzava. In casa del Quarto Zio bisognava anche assumere braccianti, e nonostante tutto non bastavano; chiamarono anche la signora Liu (柳妈) come aiutante. Si ammazzavano polli e oche; ma la signora Liu era una devota, vegetariana, e non uccideva esseri viventi; accettava solo di lavare le stoviglie. La cognata Xianglin, oltre ad attizzare il fuoco, non aveva altro da fare; stava seduta a guardare la signora Liu lavare le stoviglie. Una leggera neve cominciava a cadere.
  
Ella quizá no sabía que su desgracia había sido masticada y degustada por todos durante muchos días y ya no era más que un residuo, digno solo de hastío y desprecio; pero por las sonrisas y los tonos de la gente algo debía de percibir, algo frío y punzante, y comprendió que ya no tenía sentido abrir la boca. Les lanzaba una mirada y no respondía una sola palabra.
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"Ah, che sciocca sono stata," disse la cognata Xianglin guardando il cielo e sospirando, come parlando tra se.
  
== El umbral del templo ==
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"Cognata Xianglin, ci risiamo!" disse la signora Liu, guardandola in faccia con impazienza. "Dimmi: la cicatrice sulla fronte, non te la sei fatta battendo la testa?"
  
Luzhen siempre celebraba el Año Nuevo; a partir del vigésimo día del duodécimo mes lunar, el ajetreo comenzaba. La casa del Cuarto Tío necesitó contratar un jornalero y aun así no daba abasto, por lo que pidieron ayuda a 柳妈 (Liu Ma, la tía Sauce). Matar pollos, degollar gansos; pero Liu Ma era una mujer devota, vegetariana, que no mataba seres vivos y solo aceptaba lavar los utensilios. La tía Xianglin, aparte de atizar el fuego, no tenía otra tarea, y se quedó sentada mirando a Liu Ma lavar platos. Una fina nevada caía.
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"Mmh," rispose vagamente.
  
"¡Ay, fui tan tonta!", dijo la tía Xianglin, mirando al cielo, suspirando como si hablara consigo misma.
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"Senti, allora com'e che alla fine hai ceduto?"
  
"Tía Xianglin, otra vez con lo mismo", dijo Liu Ma, mirándola con impaciencia. "Dime: esa cicatriz en la frente, ¿no te la hiciste al golpearte en aquel momento?"
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"Io?..."
  
"Mmm", respondió vagamente.
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"Tu, si. Penso che in fondo tu stessa l'abbia voluto, altrimenti..."
  
"Dime: ¿cómo es que al final cediste?"
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"Ah, tu non sai quanta forza aveva!"
  
"¿Yo...?"
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"Non ci credo. Non credo che con tutta la tua forza non gli resistessi. Alla fine devi aver ceduto di tua volonta, e poi dici che era piu forte."
  
"Tú, sí. Yo creo que debiste de querer; si no..."
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"Ah... prova un po' tu." Rise.
  
"¡Ay, no sabes qué fuerza tenía!"
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Anche il viso rugoso della signora Liu rise, facendolo raggrinzire come una noce; i suoi occhietti secchi guardarono la cicatrice sulla fronte della cognata Xianglin e si piantarono nei suoi occhi. La cognata Xianglin parve a disagio, smise subito di ridere, distolse lo sguardo e torno a guardare la neve.
  
"No me lo creo. No me creo que con tanta fuerza como tienes, no pudieras resistirlo. Debiste de querer al final, y ahora dices que era fuerte."
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"Cognata Xianglin, davvero non ti conviene," disse la signora Liu con aria misteriosa. "Un altro po' di resistenza, o magari sbattere la testa fino a morire, sarebbe stato meglio. Adesso: hai vissuto col tuo secondo marito meno di due anni, e ti sei guadagnata un gran peccato. Pensa: quando andrai agli inferi, i due mariti morti si disputeranno, e a chi andrai? Il Re degli Inferi non potra che segarti in due e dividerti fra loro. Ci penso, e davvero..."
  
"¡Ay, tú... prueba tú a ver!", y se rió.
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Sul viso di lei si dipinse il terrore: una cosa che nel villaggio di montagna non aveva mai saputo.
  
El rostro arrugado de Liu Ma también se rió, encogido como una nuez; sus ojillos secos miraron la cicatriz de la frente de la tía Xianglin y luego se clavaron en sus ojos. La tía Xianglin pareció incómoda; al instante borró la sonrisa, desvió la mirada y se puso a contemplar la nieve.
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"Io penso che faresti bene a riscattarti per tempo. Vai al Tempio del Dio della Terra e dona una soglia, che fara le veci tue: calpestata da mille persone, scavalcata da diecimila, redimera i peccati di questa vita, e dopo morta non dovrai soffrire."
  
"Tía Xianglin, la verdad es que saliste perdiendo", dijo Liu Ma en tono misterioso. "Si hubieras resistido un poco más, o te hubieras dado de cabeza hasta morir, habría sido mejor. Pero no: viviste con tu segundo marido menos de dos años y te echaste encima un gran pecado. Piénsalo: cuando llegues al otro mundo, esos dos maridos muertos se pelearán por ti; ¿a cuál te darán? El Rey del Infierno no tendrá más remedio que serrarte por la mitad y repartirte entre los dos. Cuando lo pienso, de verdad que..."
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Per il momento non rispose nulla, ma doveva essere angosciatissima, perche il mattino dopo, alzandosi, aveva due grandi occhiaie nere. Dopo colazione ando al Tempio del Dio della Terra nella parte occidentale del borgo a chiedere di donare una soglia. Il custode dapprima rifiuto ostinatamente, finche lei, disperata fino alle lacrime, acconsentirono a fatica. Il prezzo era dodicimila monete grosse.
  
En su rostro apareció una expresión de terror, algo que nunca había conocido en la aldea de montaña.
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Ormai non parlava piu con nessuno, perche la storia di Amao era da tempo respinta da tutti; ma da quando aveva parlato con la signora Liu, la notizia si era diffusa, e molti avevano scoperto un nuovo interesse per lei e tornavano a provocarla. Quanto al tema, naturalmente era cambiato: si concentravano sulla cicatrice in fronte.
  
"Yo creo que deberías compensarlo cuanto antes. Vete al Templo del Dios de la Tierra y dona un umbral como sustituto tuyo; que lo pisen mil personas y lo crucen diez mil, para redimir los pecados de esta vida y no sufrir después de la muerte."
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"Cognata Xianglin, ti chiedo: allora com'e che alla fine hai ceduto?" diceva uno.
  
Ella no respondió nada en aquel momento, pero debió de quedar sumamente angustiada, porque a la mañana siguiente tenía grandes ojeras. Después del desayuno fue al Templo del Dios de la Tierra, al extremo occidental de la villa, a suplicar que le dejaran donar un umbral. El guardián del templo se negó rotundamente al principio; solo cuando ella lloró de desesperación accedió a regañadientes. El precio: doce mil wen en moneda grande.
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"Peccato, sbattere la testa per niente," commentava un altro guardandole la cicatrice.
  
Llevaba mucho sin hablar con nadie, pues la historia de Ah Mao hacía tiempo que todos aborrecían; pero después de su conversación con Liu Ma, la noticia se difundió, y mucha gente sintió una curiosidad renovada y vino a provocarla con preguntas. El nuevo tema era, naturalmente, la cicatriz de su frente.
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Lei probabilmente dai sorrisi e dal tono capiva che la prendevano in giro, percio stava sempre con gli occhi fissi, senza dire una parola, e poi smise anche di voltare la testa. A labbra serrate, con quella cicatrice in fronte che tutti consideravano un marchio di vergogna, correva per le strade in silenzio, spazzava, lavava le verdure, sciacquava il riso. Ci volle quasi un anno prima che dalla Quarta Zia ritirasse lo stipendio accumulato, lo cambiasse in dodici dollari d'argento e chiedesse un permesso per andare nella parte occidentale del borgo. Ma non passo neanche il tempo di un pasto che torno, con l'aria molto sollevata e lo sguardo insolitamente vivace; disse contenta alla Quarta Zia che aveva donato la soglia al Tempio del Dio della Terra.
  
"Tía Xianglin, dime: ¿cómo es que al final cediste?", preguntaba uno.
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Al sacrificio invernale del solstizio, lavoro con ancora piu impegno. Vide la Quarta Zia disporre le offerte e, con Aniu, portare il tavolo al centro della sala; allora ando tranquillamente a prendere le coppe e i bastoncini.
  
"¡Qué lástima, se golpeó en vano!", decía otro mirando la cicatriz.
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"Lascia stare, cognata Xianglin!" grido la Quarta Zia in fretta, ad alta voce.
  
Ella debía de percibir, por las sonrisas y los tonos, que se burlaban de ella, así que siempre los miraba fijamente sin decir una palabra; después ni siquiera volvía la cabeza. Pasaba todo el día con los labios apretados, llevando en la frente aquella cicatriz que todos consideraban una marca de vergüenza, yendo y viniendo en silencio por las calles, barriendo, lavando verduras, lavando arroz. Casi un año después, por fin retiró de manos de la Cuarta Tía el salario que tenía acumulado, lo cambió por doce yuanes de plata con águila, pidió permiso y se dirigió al extremo occidental de la villa. En menos de lo que se tarda en comer, estaba de vuelta, con el ánimo visiblemente aligerado, los ojos más vivos que de costumbre; dijo alegremente a la Cuarta Tía que ya había donado el umbral en el Templo del Dios de la Tierra.
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Lei si ritiro come scottata, il viso divento grigio-nero; non ando piu a prendere i candelieri, e resto li, smarrita. Solo quando il Quarto Zio accese l'incenso e le disse di andarsene, se ne ando. Questa volta il cambiamento fu enorme: il giorno dopo, non solo gli occhi le si erano infossati, ma anche lo spirito era ancor piu abbattuto. E aveva paura: non solo del buio notturno, delle ombre, ma anche della gente; persino vedendo i padroni, tremava come un topolino che esce dalla tana in pieno giorno; altrimenti stava seduta immobile, proprio come un manichino. In meno di sei mesi i capelli le divennero tutti bianchi, la memoria pessima, al punto da dimenticare spesso di andare a sciacquare il riso.
  
== La caída final ==
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"Com'e ridotta la cognata Xianglin! Sarebbe stato meglio non tenerla, allora," diceva la Quarta Zia talvolta, anche davanti a lei, come per avvertirla.
  
Cuando llegó el sacrificio de los antepasados en el solsticio de invierno, trabajó con más ahínco que nunca. Al ver que la Cuarta Tía colocaba las ofrendas y Ah Niu ayudaba a llevar la mesa al centro del vestíbulo, ella fue con naturalidad a coger las copas de vino y los palillos.
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Ma lei restava sempre cosi, senza speranza di miglioramento. Decisero di mandarla via, di rimandarla dalla vecchia Wei. Ma quando io ero ancora a Luzhen, si limitavano a dirlo; a giudicare dalla situazione attuale, devono averlo fatto alla fine. Se divenne mendicante subito dopo essere uscita dalla casa del Quarto Zio, o prima ando dalla vecchia Wei e poi divenne mendicante, questo non lo so.
  
"¡Déjalo, tía Xianglin!", gritó la Cuarta Tía apresuradamente.
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Mi svegliai di soprassalto per i petardi vicini, fragorosissimi; vidi la luce gialla della lampada, grande come un fagiolo, e udii gli scoppi dei mortaretti: era il Sacrificio della Benedizione nella casa del Quarto Zio; seppi che era quasi l'ora del quinto turno di guardia. Nel dormiveglia udii ancora in lontananza il crepitio incessante dei petardi, che pareva fondersi in un'unica nube di suono, e insieme ai fiocchi di neve che danzavano in vortici, avvolgeva tutto il borgo. In quell'abbraccio fragoroso mi sentii anche pigro e comodo; i dubbi del giorno e della prima sera furono spazzati via dall'atmosfera del Sacrificio, e mi parve che le divinita del cielo e della terra, sazie delle offerte e dell'incenso, barcollassero ubriache nell'aria, pronte a dispensare alla gente di Luzhen una felicita senza fine.
  
Ella retiró las manos como si hubiera tocado un hierro al rojo; el rostro se le puso ceniciento. Ni siquiera intentó coger el candelabro; se quedó de pie, aturdida. Solo cuando el Cuarto Tío, al encender el incienso, le mandó apartarse, se apartó. Esta vez el cambio fue enorme: al día siguiente no solo tenía los ojos hundidos, sino que su espíritu estaba aún más agotado. Se volvió muy miedosa: no solo temía la oscuridad y las sombras, sino que hasta al ver gente, incluso a sus propios patrones, siempre se sobresaltaba, como un ratoncillo que sale de su agujero a plena luz del día; si no, se quedaba sentada sin moverse, como un muñeco de madera. En menos de medio año, el cabello se le puso canoso, la memoria empeoró aún más, y llegó incluso a olvidarse de ir a lavar el arroz.
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(7 febbraio 1924.)
  
"¡Qué le pasa a la tía Xianglin! Más nos habría valido no haberla conservado", decía la Cuarta Tía a veces delante de ella, como una advertencia.
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Pero ella seguía igual, sin esperanza alguna de mejora. Entonces decidieron despedirla y enviarla de vuelta donde la vieja Wei. Cuando yo aún estaba en Luzhen, solo se hablaba de ello; a juzgar por su situación actual, al final se llevó a cabo. Pero si la convirtieron en mendiga al salir de la casa del Cuarto Tío, o si primero fue a casa de la vieja Wei y luego se convirtió en mendiga, eso no lo sé.
 
 
 
== El final ==
 
 
 
Me despertaron las detonaciones de los petardos que estallaban muy cerca, estruendosos. Vi la luz amarillenta de las lámparas, pequeña como una habichuela; luego oí el crepitar de los cohetes: era la casa del Cuarto Tío celebrando la "bendición". Supe que debía de ser casi el quinto toque de vigilia. En la somnolencia oí vagamente, a lo lejos, el sonido ininterrumpido de petardos que parecía fundirse en una densa nube de sonido, envolviendo los copos de nieve que danzaban en remolinos, abrazando toda la villa. Yo, en ese abrazo sonoro, me sentí indolente y cómodo a la vez; las dudas del día y de la primera noche fueron barridas por la atmósfera de la bendición. Solo sentía que los dioses del cielo y la tierra habían degustado las ofrendas de carne e incienso, y todos, ebrios, se tambaleaban por el aire, dispuestos a conceder a los habitantes de Luzhen una felicidad infinita.
 
 
 
(7 de febrero de 1924.)
 
 
 
== En el piso de arriba de la taberna (在酒楼上) ==
 
 
 
Viajé del norte hacia el sureste, y haciendo un rodeo pasé por mi pueblo natal antes de llegar a la ciudad de S. Esta ciudad dista apenas treinta li de mi tierra; en barca pequeña se llega en media jornada. Yo había enseñado un año en su escuela. Tras una copiosa nevada a finales del invierno, el paisaje era desolado; la pereza y la nostalgia se aliaron, y me alojé provisionalmente en el hotel Luosi de la ciudad de S, un establecimiento que antes no existía. El recinto amurallado no era grande; fui a buscar a algunos antiguos colegas que creía poder encontrar, pero ni uno solo estaba: todos habían desaparecido hacía tiempo. Al pasar por la puerta de la escuela, hasta el nombre y la fachada habían cambiado; me resultó completamente ajena. En menos de dos horas mi interés se había apagado del todo, y lamenté haber venido para nada.
 
 
 
El hotel donde me alojaba alquilaba habitaciones pero no servía comida; había que encargarla aparte, y además era insípida, como masticar barro. Fuera de la ventana solo se veía un muro manchado de humedades con musgo reseco; arriba, un cielo plomizo, gris blanquecino, sin el menor atractivo; y de nuevo empezaban a revolotear copos de nieve. No me había saciado en el almuerzo y no tenía con qué entretenerme, así que naturalmente pensé en una taberna de la ciudad de S que había frecuentado antaño y que se llamaba, si no recordaba mal, 一石居 (Yishiju, "La Morada de Una Piedra"). Fui hasta allí, y al subir al piso de arriba encontré la sala vacía.
 
 
 
Me senté junto a la ventana trasera, pedí cuatro platos y un poco de vino caliente, me serví una copa y la bebí despacio, contemplando el jardín abandonado de la casa de atrás, cubierto de nieve. Pero mi estado de ánimo se fue volviendo más y más sombrío. El jardincillo solitario, los árboles desnudos bajo la nieve, nada se movía, nada hacía ruido; era como un funeral de la naturaleza.
 
 
 
De pronto oí pasos en la escalera: alguien subía. Me volví para mirar, y mi sorpresa fue mayúscula, pues reconocí a un viejo amigo. Era 吕纬甫 (Lü Weifu), con quien había compartido años de juventud, de ideales, de pasión revolucionaria. Hacía más de diez años que no lo veía. Estaba muy cambiado: envejecido, con ojeras, la barba descuidada, un abrigo raído. Al verme se detuvo, perplejo; luego sonrió débilmente y dijo:
 
 
 
"¡Ah, eres tú! No esperaba encontrarte aquí."
 
 
 
"Yo tampoco. ¡Cuánto tiempo! ¿Qué haces por aquí?"
 
 
 
Se sentó frente a mí, pidió vino y nos pusimos a hablar. Fue una conversación melancólica. Me contó que después de nuestros ardientes días de juventud, cuando soñábamos con cambiar China y derribar los viejos ídolos, la vida lo había ido moliendo poco a poco. Ahora enseñaba en una escuela de pueblo, repitiendo las mismas lecciones anodinas año tras año, ganando apenas lo suficiente para mantener a su madre.
 
 
 
"¿Y aquellos ideales?", pregunté.
 
 
 
"Los ideales..." Sonrió con amargura y se bebió la copa de un trago. "¿Recuerdas cuando arrancamos la barba del dios del templo? ¿Cuando nos peleamos con el maestro de escuela por enseñar ideas nuevas? ¿Y qué ha sido de todo aquello? Ahora yo mismo enseño las viejas lecciones que despreciábamos. Cada día me parezco más a las personas que odiábamos."
 
 
 
Siguió contándome dos encargos que lo habían traído a S: primero, trasladar los restos de su hermana menor, muerta de niña, a un nuevo cementerio que la familia había comprado; segundo, comprar dos flores artificiales de terciopelo para la hija de un vecino. La historia de la tumba era deprimente: al abrir el pequeño ataúd, no encontró nada, ni siquiera un hueso; la tierra lo había absorbido todo. No obstante, cogió un puñado de tierra, la envolvió en un paño y la llevó al nuevo panteón. Y las flores de terciopelo eran para una niña a la que su madre le había prometido dos flores rosadas, pero la niña cayó enferma y la madre quiso cumplir su promesa antes de que fuera demasiado tarde.
 
 
 
Me conmovió lo que me dijo: "Ya ves, paso los días haciendo estas cositas insignificantes. Trasladar una tumba vacía, comprar flores de seda. Y sin embargo, las hago con esmero, como si importaran."
 
 
 
Nos quedamos en silencio un rato, bebiendo. La nieve seguía cayendo al otro lado de la ventana. Al final, se levantó para marcharse. Le pregunté adónde iba.
 
 
 
"A ningún sitio en especial. Me han ofrecido un puesto de profesor en 太原 (Taiyuan). Iré, supongo."
 
 
 
Lo acompañé escaleras abajo. Se despidió con una leve inclinación de cabeza y se perdió en la nieve, encorvado, sin volver la vista atrás.
 
 
 
(Febrero de 1924.)
 
 
 
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Sacrificio di Capodanno (祝福)

Lu Xun (鲁迅, Lǔ Xùn, 1881–1936)

Traduzione dal cinese all'italiano.

Dalla raccolta Errante (彷徨), 1924.


La fine dell'anno secondo il vecchio calendario e, in fin dei conti, cio che piu somiglia a una vera fine d'anno. Non solo nei villaggi e nei borghi: persino nel cielo si percepisce l'atmosfera del Capodanno che si avvicina. Dalle pesanti nubi vespertine di un grigio piombo erompono di quando in quando bagliori, seguiti da sorde detonazioni: sono i petardi per congedare il Dio del Focolare. Quelli che si accendono piu vicino sono ancora piu fragorosi; il frastuono assordante non si e ancora spento che l'aria e gia impregnata del tenue aroma della polvere da sparo. Fu precisamente in quella notte che tornai al mio paese natale, il borgo di Luzhen (鲁镇). Benche lo chiamassi la mia terra, non avevo piu una casa, sicche non mi rimase che alloggiare provvisoriamente nella residenza del Quarto Signor Lu. Era del mio clan, di una generazione piu anziano, e dovevo chiamarlo "Quarto Zio": un vecchio licenziato imperiale dedito alla filosofia neoconfuciana. Non era cambiato granche rispetto a prima, era solo un po' invecchiato, e non portava ancora la barba. All'incontro scambiammo le consuete cortesie; dopo aver osservato che ero "ingrassato", si lancio in invettive contro il Partito Riformista. Ma sapevo che le sue parole non erano dirette a me: continuava a inveire contro Kang Youwei (康有为). Tuttavia la conversazione era inevitabilmente destinata a naufragare, e poco dopo mi ritrovai solo nello studio.

Il giorno seguente mi alzai molto tardi e, dopo pranzo, uscii a visitare alcuni parenti e amici; il terzo giorno feci lo stesso. Nessuno era cambiato granche, erano solo un po' invecchiati; ma in ogni casa regnava il fermento: tutti preparavano il "Sacrificio della Benedizione". Era la grande cerimonia di fine anno a Luzhen, una devota e solenne liturgia per accogliere il Dio della Fortuna e implorare buona sorte per l'anno venturo. Si ammazzavano polli, si sgolavano oche, si comprava carne di maiale e la si lavava con cura; le braccia delle donne arrossivano per l'acqua, e alcune portavano ancora braccialetti d'argento intrecciato. Una volta cotti, vi si infilavano bastoncini alla rinfusa: quelli si chiamavano "offerte della Benedizione". Si disponevano al quinto turno di guardia, si accendevano bastoncini d'incenso e candele, e si invitavano rispettosamente gli dei della Fortuna a gustarli. Solo agli uomini era permesso prosternarsi, e dopo il culto si sparavano petardi, naturalmente. Ogni anno cosi, in ogni casa cosi -- purche ci si potessero permettere le offerte e i petardi -- e quest'anno, naturalmente, anche. Il cielo si oscurava sempre piu; nel pomeriggio comincio a nevicare, fiocchi grandi come fiori di pruno che turbinavano per tutto il firmamento, misti al fumo e al trambusto, gettando Luzhen nel caos. Al mio ritorno nello studio del Quarto Zio, le tegole erano gia bianche di neve e la stanza appariva piu luminosa; si distingueva chiaramente sulla parete il grande carattere "Longevita" (寿) in calcografia rossa, scritto dal patriarca Chen Tuan (陈抟); uno dei rotoli del distico si era staccato e giaceva arrotolato sul tavolo lungo; l'altro pendeva ancora: "Comprendere a fondo i principi, mantenere sereno e pacato lo spirito." Svogliato, mi avvicinai alla scrivania accanto alla finestra e diedi un'occhiata: trovai solo un Dizionario Kangxi apparentemente incompleto, un volume del Jinsilu Jizhu e un Sishu Chen. In ogni caso, l'indomani me ne sarei andato senza fallo.

Per giunta, al ricordo dell'incontro del giorno prima con la cognata Xianglin (祥林嫂), non riuscivo a stare tranquillo. Era stato nel pomeriggio: dopo aver visitato un amico nella parte orientale del borgo, uscendo l'avevo incontrata in riva al fiume; dalla direzione dei suoi occhi fissi capii che veniva dritta verso di me. Fra tutte le persone viste in questa visita, era lei a mostrare il cambiamento piu grande: i capelli brizzolati di cinque anni prima erano ora del tutto bianchi, impossibili per una donna sui quaranta; il viso emaciato, giallastro tendente al nero, cancellata ogni traccia dell'antica tristezza, come scolpito nel legno; solo l'occasionale roteare delle pupille indicava che era un essere vivente. In una mano reggeva un cesto di bambu con dentro una ciotola crepata, vuota; nell'altra un bastone di bambu piu alto di lei, scheggiato in basso: era diventata evidentemente una mendicante.

Mi fermai, aspettandomi che chiedesse l'elemosina.

"Sei tornato?" fu la prima cosa che disse.

"Si."

"Bene. Tu sei istruito, hai viaggiato e sai molte cose. C'e qualcosa che vorrei chiederti." I suoi occhi spenti si illuminarono all'improvviso.

Non mi aspettavo affatto che dicesse una cosa simile. Rimasi attonito.

"Ecco..." si avvicino di due passi, abbasso la voce e disse con aria confidenziale, come se rivelasse un gran segreto: "Dopo che una persona muore, esiste davvero l'anima oppure no?"

Mi sentii raggelare. I suoi occhi mi trafiggevano, e sentii come spilli nella schiena, piu nervoso di uno studente sorpreso da un esame imprevisto col professore accanto. Sull'esistenza dell'anima non avevo mai riflettuto; ma in quel momento, che cosa risponderle? Nella brevissima esitazione pensai: la gente di qui crede negli spiriti, senza dubbio, ma lei... dubitava, o piuttosto sperava: sperava che esistesse, e anche che non esistesse... Perche accrescere l'afflizione di chi e al termine del cammino? Meglio dire di si.

"Forse esiste... credo di si," dissi infine, esitante.

"Allora esiste anche l'inferno?"

"Ah! L'inferno?" sobbalzai e balbettai: "L'inferno?... In teoria, dovrebbe esistere anche... Ma non necessariamente... Chi si occupa di queste cose?"

"Allora i familiari morti possono tutti rivedersi?"

"Ahime, rivedersi o no?..." A quel punto sapevo ormai di essere un completo stolto, e nessuna esitazione, nessun calcolo poteva reggere tre domande. Mi feci subito pusillanime e volli ritrattare tutto: "Cioe... in realta, non so dirlo con certezza... Se l'anima esista o no, in verita, non saprei."

Approfittando del fatto che lei non incalzava piu, allungai il passo e me ne andai, fuggendo in fretta verso la casa del Quarto Zio, il cuore inquieto. Pensai: la mia risposta rischia di essere pericolosa per lei. Probabilmente, nel momento in cui gli altri celebrano il Sacrificio, sente la propria solitudine, ma non sara che cela qualche altro significato? O forse ha un presentimento? Se avesse un altro significato, e ne derivassero altre conseguenze, la mia risposta dovrebbe effettivamente assumersi una parte di responsabilita... Ma poi risi di me stesso: un fatto casuale non ha significato profondo, e io pretendo di analizzarlo meticolosamente; non c'e da stupirsi che i pedagogisti dicano che sono nevrastenico. E poi ho detto chiaramente "non saprei," rovesciando cosi l'intera premessa della mia risposta: anche se succedesse qualcosa, non mi riguarderebbe affatto.

"Non saprei" e una frase di straordinaria utilita. I giovani coraggiosi e inesperti osano spesso risolvere i dubbi altrui, scegliere il medico, e se il risultato e sfavorevole, finiscono per attirare il risentimento; ma usando il "non saprei" come conclusione, tutto fila liscio. In quel momento sentii ancor piu la necessita di quella frase; persino parlando con una mendicante, era assolutamente indispensabile.

Ma continuai a sentirmi inquieto; passata la notte, il ricordo tornava di continuo, come un presentimento sinistro; nel cielo nevoso e cupo, nel noioso studio, l'inquietudine si faceva piu forte. Meglio andarsene, l'indomani in citta. Le pinne di squalo stufate del ristorante Fuxinglou, un yuan il piatto grande, buone e a buon prezzo; chissa se il prezzo sara aumentato? Gli amici di un tempo, benche dispersi come nuvole, le pinne di squalo non si possono non mangiare, anche da solo... In ogni caso, l'indomani me ne sarei andato senza fallo.

Poiche mi succedeva spesso che cio che speravo non avvenisse e che cio che ritenevo improbabile puntualmente avvenisse, temevo che anche stavolta andasse allo stesso modo. Difatti, la situazione prese una piega particolare. Verso sera sentii alcune persone riunite nella stanza interna, come se discutessero di qualcosa, ma dopo poco le voci cessarono; rimase solo il Quarto Zio, che camminava e ad alta voce diceva:

"Ne troppo presto ne troppo tardi, proprio in questo momento! Ecco la prova che e una stirpe maledetta!"

Da principio rimasi sorpreso, poi molto inquieto, sentendo che quelle parole mi riguardavano. Guardai fuori dalla porta: non c'era nessuno. A fatica, aspettai fino a prima di cena che il loro bracciante venisse a servire il te, e finalmente ebbi l'occasione di informarmi.

"Poco fa, il Quarto Signore con chi ce l'aveva?" chiesi.

"Con chi altro se non con la cognata Xianglin?" rispose il bracciante, sbrigativo.

"La cognata Xianglin? Che e successo?" domandai subito.

"Se n'e andata."

"Morta?" Il cuore mi si strinse d'un colpo, quasi sobbalzai, e credo che anche il mio volto cambio colore. Ma lui non alzo mai lo sguardo, cosi non se ne accorse. Mi ricomposi e proseguii: "Quand'e morta?"

"Quando? Stanotte, o forse stamattina. Non saprei."

"Com'e morta?"

"Com'e morta? Di poverta, naturalmente," rispose con indifferenza, senza neppure alzare la testa verso di me, e usci.

Il mio spavento, pero, fu solo momentaneo. Subito dopo sentii che cio che doveva accadere era accaduto, e non avevo bisogno ne del mio "non saprei" ne della sua diagnosi di "poverta" per consolarmi; il cuore si alleggeriva a poco a poco; solo di tanto in tanto, mi pareva di avvertire un certo rimorso. A cena il Quarto Zio sedeva solenne al suo posto. Avrei voluto chiedere qualcosa sulla cognata Xianglin, ma sapevo che, pur avendo letto "gli spiriti sono la buona facolta delle due forze," aveva ancora moltissimi tabu, e nei pressi del Sacrificio era assolutamente vietato menzionare morte, malattia e simili; in caso di necessita, si sarebbero dovuti usare eufemismi sostitutivi, ma purtroppo non li conoscevo, sicche piu volte volli chiedere ma alla fine desistetti. Dalla sua espressione solenne sospettai persino che mi ritenesse una stirpe maledetta per essere venuto a disturbarlo proprio in quel momento, e gli comunicai immediatamente che l'indomani sarei partito da Luzhen per la citta, per tranquillizzarlo. Neppure lui insistette perche restassi. Cosi consumai un pasto in un'atmosfera opprimente.

L'inverno ha giornate brevi, e con la neve la notte aveva gia avvolto tutto il borgo. Tutti si affaccendavano sotto le lampade, ma fuori dalla finestra regnava un gran silenzio. I fiocchi di neve cadevano sulla spessa coltre gia accumulata, e pareva di udire un fruscio che rendeva ancor piu profondo il silenzio. Seduto solo sotto la lampada a olio di colza dalla luce gialla, pensai: questa cognata Xianglin, priva di qualsiasi interesse, gettata dalla gente nel mucchio della spazzatura come un vecchio giocattolo di cui ci si era stancati -- un tempo il suo corpo giaceva nella polvere, e agli occhi di chi vive piacevolmente doveva apparire strano che lei pretendesse ancora di esistere; ora finalmente l'Impermanenza l'ha spazzata via tutta quanta. Se l'anima esista o no, non lo so; ma in questo mondo, che chi non sa vivere non viva, e che chi si annoia di vederla non la veda piu, per gli uni e per gli altri, non e poi cosi male. Ascoltando in silenzio il fruscio della neve che pareva crepitare fuori dalla finestra, i miei pensieri mi portarono gradualmente verso un senso di sollievo.

Ma i frammenti della sua mezza vita che avevo visto e sentito si composero finalmente in un quadro unico.

Non era di Luzhen. Un inverno, quando il Quarto Zio aveva bisogno di cambiare la serva, la mediatrice, la vecchia Wei, la condusse dentro: capelli legati con un nastro bianco, gonna nera, giacchetta blu, corpetto bianco pallido, eta sui ventisei-ventisette anni, carnagione giallognola ma ancora con le guance rosse. La vecchia Wei la chiamo cognata Xianglin, disse che era vicina di casa della famiglia della madre, e che essendo morto il capofamiglia, era uscita a lavorare. Il Quarto Zio aggrotto le sopracciglia, la Quarta Zia ne comprese il senso: non gradiva che fosse vedova. Ma vedendo che era di bell'aspetto, robusta di mani e piedi, con gli occhi bassi e senza aprir bocca, pareva una donna docile e resistente alla fatica, e la tenne, nonostante il cipiglio del Quarto Zio. Durante il periodo di prova, lavorava tutto il giorno, come se stare in ozio la annoiasse, e aveva la forza di un uomo; il terzo giorno fu assunta stabilmente, con uno stipendio di cinquecento monete al mese.

Tutti la chiamavano cognata Xianglin; nessuno le chiese il cognome, ma essendo la mediatrice di Weijiashan e dicendo che era vicina, probabilmente si chiamava Wei anche lei. Non era loquace; rispondeva solo se interrogata, e con poche parole. Solo dopo una decina di giorni si venne a sapere gradualmente che aveva in casa una suocera severa; un cognato piu piccolo, poco piu di dieci anni, capace di tagliare la legna; e che in primavera aveva perso il marito, anche lui taglialegna, piu giovane di lei di dieci anni: questo era tutto cio che si sapeva.

I giorni passarono in fretta, ma il suo lavoro non diminui mai; non era esigente col cibo, e non risparmiava le forze. Tutti dicevano che la serva assunta dal Quarto Signor Lu era davvero piu laboriosa di un uomo diligente. A fine anno, quando si spolverava, si lavava il pavimento, si ammazzavano polli e oche, si cucinavano le offerte per tutta la notte, faceva tutto da sola, senza bisogno di braccianti aggiuntivi. Eppure sembrava soddisfatta; agli angoli della bocca cominciava a comparire un'ombra di sorriso, e il viso si era fatto piu pieno e chiaro.

Appena passato il Capodanno, tornando dal fiume dove aveva sciacquato il riso, impallidi improvvisamente: disse di aver visto, da lontano, un uomo sulla riva opposta che andava avanti e indietro, e le sembrava un cugino del marito, che forse era venuto a cercarla. La Quarta Zia, allarmata, volle saperne di piu, ma lei non aggiunse altro. Il Quarto Zio, non appena lo seppe, aggrotto le sopracciglia e disse:

"Non va bene. Temo che sia scappata di casa."

Era davvero fuggita, e di li a poco questa ipotesi fu confermata.

Passarono una decina di giorni, e quando tutti stavano gia dimenticando la faccenda, la vecchia Wei porto all'improvviso una donna di poco piu di trent'anni, dicendo che era la suocera della cognata Xianglin. La donna, pur avendo l'aspetto di una montanara, si comportava con disinvoltura e parlava con abilita; dopo i convenevoli, chiese scusa e disse che era venuta apposta per riportare a casa la nuora, perche con la primavera c'era molto da fare e in casa c'erano solo vecchi e piccoli, mancavano le braccia.

"Se e la suocera a volerla indietro, che c'e da dire?" disse il Quarto Zio.

Si fecero i conti dello stipendio: in tutto millesettecento cinquanta monete, tutte depositate in casa dei padroni, senza averne speso una sola, e furono consegnate alla suocera. La donna prese anche i vestiti, ringrazio e usci. Era gia mezzogiorno.

"Oh, e il riso? La cognata Xianglin non era andata a sciacquarlo?..." Dopo un bel po', la Quarta Zia se ne accorse con un grido. Doveva avere un po' di fame e si era ricordata del pranzo.

Tutti cercarono il setaccio da riso. Prima in cucina, poi nella sala, poi in camera: nessuna traccia del setaccio. Il Quarto Zio usci di casa e non lo vide neppure; solo in riva al fiume lo trovo, posato piano sul bordo, e accanto c'era un cespo di verdura.

Chi aveva visto riferi che al mattino era attraccata una barca col baldacchino bianco, col telo tutto chiuso, e non si sapeva chi ci fosse dentro, ma nessuno ci aveva fatto caso. Quando la cognata Xianglin usci a sciacquare il riso, appena si fu inginocchiata, dalla barca saltarono fuori due uomini, parevano montanari; uno la afferro, l'altro lo aiuto, e la trascinarono nella barca. La cognata Xianglin grido ancora qualche volta, poi non si udi piu alcun suono, probabilmente le avevano tappato la bocca. Poi salirono a bordo due donne: una sconosciuta, l'altra era la vecchia Wei. Sbirciando nella cabina, non si vedeva bene; pareva legata e distesa sulle tavole.

"Infame! Pero..." disse il Quarto Zio.

Quel giorno la Quarta Zia cucino da sola il pranzo; il loro figlio Aniu (阿牛) attizzava il fuoco.

Dopo pranzo la vecchia Wei torno.

"Infame!" disse il Quarto Zio.

"Che intendi? Non ti vergogni di ripresentarti da noi?" La Quarta Zia, che lavava i piatti, appena la vide parlo con collera: "Tu stessa l'hai raccomandata, poi hai complottato per rapirlela; e stato un putiferio, e che figura ci fai fare? Pensi di prenderti gioco di noi?"

"Oh, oh, sono stata ingannata anch'io! Sono venuta apposta per spiegarvi. Lei mi ha chiesto di trovarle un posto, come potevo immaginare che lo facesse alle spalle della suocera? Chiedo scusa, Quarto Signore, Quarta Signora. Sono vecchia e distratta, imperdonabile. Per fortuna i padroni sono sempre stati magnanimi e non se la prendono coi piccoli. Questa volta ve ne raccomandero una brava, per farmi perdonare..."

"Pero..." disse il Quarto Zio.

E cosi la faccenda della cognata Xianglin si chiuse, e presto fu dimenticata.

Solo la Quarta Zia, poiche le serve assunte in seguito erano per lo piu pigre o golose, o golose e pigre insieme, mai soddisfacenti, ogni tanto menzionava la cognata Xianglin. Ogni volta mormorava tra se: "Chissa come sta adesso?" nella speranza che tornasse. Ma col secondo Capodanno anche lei smise di sperare.

Verso la fine del Capodanno, la vecchia Wei venne a fare gli auguri, gia mezza ubriaca, e disse che era tornata dai parenti a Weijiashan, dove si era trattenuta qualche giorno, perche era venuta in ritardo. Parlando, il discorso cadde naturalmente sulla cognata Xianglin.

"Lei?" disse la vecchia Wei tutta contenta. "Adesso le e andata bene. La suocera, quando la riprese, aveva gia promesso la mano a He Laoliu (贺老六) di Hejia'ao, e pochi giorni dopo il ritorno la misero nella portantina nuziale e la mandarono via."

"Ah, che suocera!" esclamo la Quarta Zia, stupefatta.

"Oh, mia signora! Voi parlate davvero da gran dama. Noi gente di montagna, famiglie modeste, non e niente di strano. Aveva un cognato piccolo, che doveva prendere moglie pure lui. Se non la dava in sposa, dove trovava i soldi per la dote? La suocera era una donna sveglia e calcolatrice, percio la fece sposare in montagna. Se l'avesse data a uno del villaggio, la dote sarebbe stata poca; solo le donne disposte a entrare in quelle gole remote sono poche, percio ottenne ottantamila monete. Il secondo figlio si e preso la moglie con cinquantamila di dote, e tolte le spese del matrimonio, restarono piu di diecimila. Ah, guardate che bel calcolo!..."

"E la cognata Xianglin acconsenti?..."

"Che acconsenti e acconsenti. Disordini ne fa sempre qualcuna; basta legarla con una corda, ficcarla nella portantina, portarla dal marito, metterle il copricapo nuziale, fare le riverenze, chiudere la porta della camera, e la faccenda e finita. Ma la cognata Xianglin fu davvero fuori del comune; tutti dissero che forse perche aveva servito in una casa di letterati, era diversa dalle altre. Signora, noi ne abbiamo viste tante: le vedove date in seconde nozze, alcune piangono e gridano, altre minacciano di ammazzarsi, altre fanno tanto chiasso dal marito che non riescono a fare le riverenze, e ci sono quelle che rompono persino le candele nuziali. Ma la cognata Xianglin fu straordinaria: dicono che lungo tutta la strada non fece che ululare e maledire; arrivata a Hejia'ao, la voce era gia tutta rauca. Tirata fuori dalla portantina, due uomini e il cognato la tennero stretta ma non riuscivano a farle fare le riverenze. In un momento di disattenzione, appena la lasciarono -- ah, Amitabha! -- lei sbatte la testa contro lo spigolo dell'altare dell'incenso, si fece un buco grande nella fronte, il sangue colava a fiotti; con due manciate di cenere d'incenso e due pezze rosse non riuscivano a fermarlo. Alla fine, con mille mani, la chiusero insieme al marito nella camera nuziale, e ancora malediceva. Oh, davvero..." Scrollo il capo, abbasso gli occhi e non parlo piu.

"E poi?" chiese la Quarta Zia.

"Dicono che il giorno dopo non si alzo neppure," disse alzando lo sguardo.

"E poi?"

"Poi? Si alzo. A fine anno partori un figlio, maschio, che al Capodanno aveva gia due anni. Mentre ero dai miei, qualcuno ando a Hejia'ao e al ritorno disse di averli visti, madre e figlio: la madre era grassa, il figlio pure; sopra non c'era suocera; il marito era forte e lavoratore; la casa era di proprieta. Oh, le e andata proprio bene."

Da allora la Quarta Zia non menziono piu la cognata Xianglin.

Ma un autunno, forse due Capodanni dopo la notizia della sua fortuna, ecco che lei era di nuovo in piedi davanti alla sala del Quarto Zio. Sul tavolo c'era un cesto rotondo a forma di castagna d'acqua, sotto la tettoia un piccolo fagotto. Portava ancora il nastro bianco nei capelli, la gonna nera, la giacchetta blu, il corpetto bianco pallido, il viso giallognolo, solo che le guance avevano perso il colore, gli occhi bassi con tracce di lacrime agli angoli, lo sguardo spento. E ancora con la vecchia Wei, che con aria compassionevole chiacchierava con la Quarta Zia:

"...Questo si chiama proprio 'il cielo ha tempeste impreviste': suo marito era un uomo robusto, chi avrebbe pensato che giovane com'era sarebbe morto di tifo? Era gia guarito, ma mangiate una ciotola di riso freddo, ricadde. Per fortuna c'era il figlio; lei sa lavorare: tagliare legna, raccogliere te, allevare bachi da seta, tutto sa fare. Avrebbe potuto tirare avanti. Ma chi se lo sarebbe immaginato che anche il bambino sarebbe stato preso da un lupo? Mancava poco alla fine della primavera, e nel villaggio arrivarono i lupi. Chi l'avrebbe detto? Ormai le resta soltanto se stessa. Il cognato grande venne a prendere la casa e la caccio. Non aveva dove andare, e non le rimase che venire a chiedere ai vecchi padroni. Per fortuna ora non ha piu legami, e in casa della signora serve proprio un cambio, percio l'ho portata. Penso che una che conosce gia la strada valga piu di una nuova..."

"Che sciocca sono stata, davvero," disse la cognata Xianglin, alzando i suoi occhi senza luce, e prosegui: "Sapevo solo che d'inverno le bestie in montagna non trovano da mangiare e scendono al villaggio; non sapevo che potesse succedere anche in primavera. La mattina presto aprii la porta, misi una cesta di fave e dissi al nostro Amao di sedersi sulla soglia a sgusciare le fave. E un bambino ubbidiente, fa tutto quello che gli dico; usci. Io intanto spaccavo legna dietro casa, sciacquavo il riso, misi il riso a cuocere e volevo cuocere le fave. Chiamai: Amao! Non rispose. Uscii a guardare: le fave sparse per terra, e il nostro Amao non c'era. Lui non va a giocare a casa d'altri; chiesi in giro, nessuno. Mi agitai, mandai gente a cercarlo. Solo nel tardo pomeriggio, cercando e cercando fin nelle gole di montagna, su uno spineto trovarono appesa una sua scarpina. Tutti dissero: e andata male, temo che l'abbia preso il lupo. Piu avanti, lo trovarono disteso nell'erba: le viscere erano state tutte divorate, ma nella manina stringeva ancora il cestino..." Si mise a singhiozzare, incapace di finire la frase.

La Quarta Zia dapprima esito, ma udita tutta la storia, le si arrossarono gli occhi. Ci penso un momento, poi le disse di portare il cesto e il fagotto nella stanza della servitu. La vecchia Wei tiro un sospiro di sollievo come se le avessero tolto un gran peso dalle spalle; la cognata Xianglin aveva l'aria un po' piu distesa di quando era arrivata e, senza bisogno di indicazioni, sistemo il fagotto con esperienza. Da allora torno a fare la serva a Luzhen.

Tutti continuavano a chiamarla cognata Xianglin.

Questa volta pero la sua condizione era molto cambiata. Dopo due o tre giorni di lavoro, i padroni sentirono che le mani e i piedi non erano piu agili come prima, la memoria era molto peggiorata, e su quel viso da morta non appariva mai un sorriso; la Quarta Zia cominciava a mostrarsi scontenta. Il Quarto Zio, quando era arrivata, aveva aggrottato le sopracciglia come al solito, ma data la difficolta di trovare serve, non si era opposto troppo; aveva solo ammonito segretamente la Quarta Zia dicendo che gente cosi, benche sembri pietosa, corrompe i costumi; per aiutare va bene, ma al momento dei sacrifici non deve toccare nulla; tutti i piatti dovranno prepararli da sola la Quarta Zia, altrimenti, non essendo pura, gli antenati non mangeranno.

La cosa piu importante nella casa del Quarto Zio erano i sacrifici, e prima la cognata Xianglin era piu occupata proprio in quelle occasioni; questa volta rimase in ozio. Il tavolo fu posto al centro della sala e ricoperto col drappo; lei ricordava come al solito di disporre le coppe e i bastoncini.

"Cognata Xianglin, lascia stare! Faccio io," disse in fretta la Quarta Zia.

Lei si ritiro mortificata. Ando a prendere i candelieri.

"Cognata Xianglin, lascia stare! Li prendo io," disse di nuovo la Quarta Zia, in fretta.

Giro in tondo piu volte, senza trovare nulla da fare, e se ne ando perplessa. L'unica cosa che poteva fare quel giorno era sedere accanto al forno ad attizzare il fuoco.

La gente del borgo continuava a chiamarla cognata Xianglin, ma il tono era molto diverso da prima; le parlavano ancora, ma con un sorriso freddo. Lei non faceva caso a niente di tutto cio; con gli occhi fissi, raccontava a tutti la storia che non dimenticava ne di giorno ne di notte:

"Che sciocca sono stata, davvero," diceva. "Sapevo solo che d'inverno le bestie nei monti non trovano da mangiare e scendono al villaggio; non sapevo che potesse succedere anche in primavera..."

La storia era abbastanza efficace: gli uomini, arrivati a quel punto, ritiravano il sorriso e se ne andavano a disagio; le donne, invece, non solo le perdonavano ma il loro viso mutava dall'espressione sprezzante in una compassionevole, e versavano molte lacrime. Alcune vecchie che non l'avevano sentita in strada venivano apposta per ascoltare la sua storia pietosa. Quando lei arrivava al singhiozzo, anche loro facevano cadere le lacrime ferme agli angoli degli occhi, sospiravano, si sentivano soddisfatte e se ne andavano, commentando tra loro.

Ma ben presto tutti l'avevano sentita tante di quelle volte che anche le vecchie piu compassionevoli che recitavano il sutra non avevano piu una traccia di lacrime negli occhi. Alla fine quasi tutto il borgo sapeva a memoria le sue parole, e al solo sentirle provava un fastidio da far venire il mal di testa.

"Che sciocca sono stata, davvero," cominciava.

"Gia, tu sapevi solo che d'inverno le bestie nei monti non trovano da mangiare e scendono al villaggio," la interrompevano subito, e se ne andavano.

Lei restava a bocca aperta, attonita, con gli occhi fissi a guardarli, poi anche lei se ne andava, sentendosi fuori posto. Ma insisteva ancora, sperando di introdurre la storia di Amao attraverso altri pretesti: il cestino, le fave, i bambini altrui. Se vedeva un bambino di due o tre anni, diceva:

"Ah, il nostro Amao, se fosse ancora qui, sarebbe grande cosi..."

Il bambino, vedendo il suo sguardo, si spaventava e tirava la gonna della madre perche se ne andassero. E cosi restava di nuovo sola, e alla fine anche lei se ne andava sconsolata. Poi tutti impararono il suo modo di fare, e appena c'era un bambino nelle vicinanze, le chiedevano con un mezzo sorriso:

"Cognata Xianglin, il vostro Amao, se fosse ancora qui, non sarebbe grande cosi?"

Lei forse non sapeva che la sua sofferenza, dopo essere stata masticata e assaporata dalla gente per tanti giorni, era ormai diventata feccia buona solo per il fastidio e il disprezzo; ma dai sorrisi altrui intuiva qualcosa di freddo e tagliente, e capiva di non aver piu bisogno di aprire bocca. Si limitava a guardarli di sfuggita, senza rispondere una parola.

A Luzhen si celebrava sempre il Capodanno: dopo il venti dell'ultimo mese lunare l'attivita impazzava. In casa del Quarto Zio bisognava anche assumere braccianti, e nonostante tutto non bastavano; chiamarono anche la signora Liu (柳妈) come aiutante. Si ammazzavano polli e oche; ma la signora Liu era una devota, vegetariana, e non uccideva esseri viventi; accettava solo di lavare le stoviglie. La cognata Xianglin, oltre ad attizzare il fuoco, non aveva altro da fare; stava seduta a guardare la signora Liu lavare le stoviglie. Una leggera neve cominciava a cadere.

"Ah, che sciocca sono stata," disse la cognata Xianglin guardando il cielo e sospirando, come parlando tra se.

"Cognata Xianglin, ci risiamo!" disse la signora Liu, guardandola in faccia con impazienza. "Dimmi: la cicatrice sulla fronte, non te la sei fatta battendo la testa?"

"Mmh," rispose vagamente.

"Senti, allora com'e che alla fine hai ceduto?"

"Io?..."

"Tu, si. Penso che in fondo tu stessa l'abbia voluto, altrimenti..."

"Ah, tu non sai quanta forza aveva!"

"Non ci credo. Non credo che con tutta la tua forza non gli resistessi. Alla fine devi aver ceduto di tua volonta, e poi dici che era piu forte."

"Ah... prova un po' tu." Rise.

Anche il viso rugoso della signora Liu rise, facendolo raggrinzire come una noce; i suoi occhietti secchi guardarono la cicatrice sulla fronte della cognata Xianglin e si piantarono nei suoi occhi. La cognata Xianglin parve a disagio, smise subito di ridere, distolse lo sguardo e torno a guardare la neve.

"Cognata Xianglin, davvero non ti conviene," disse la signora Liu con aria misteriosa. "Un altro po' di resistenza, o magari sbattere la testa fino a morire, sarebbe stato meglio. Adesso: hai vissuto col tuo secondo marito meno di due anni, e ti sei guadagnata un gran peccato. Pensa: quando andrai agli inferi, i due mariti morti si disputeranno, e a chi andrai? Il Re degli Inferi non potra che segarti in due e dividerti fra loro. Ci penso, e davvero..."

Sul viso di lei si dipinse il terrore: una cosa che nel villaggio di montagna non aveva mai saputo.

"Io penso che faresti bene a riscattarti per tempo. Vai al Tempio del Dio della Terra e dona una soglia, che fara le veci tue: calpestata da mille persone, scavalcata da diecimila, redimera i peccati di questa vita, e dopo morta non dovrai soffrire."

Per il momento non rispose nulla, ma doveva essere angosciatissima, perche il mattino dopo, alzandosi, aveva due grandi occhiaie nere. Dopo colazione ando al Tempio del Dio della Terra nella parte occidentale del borgo a chiedere di donare una soglia. Il custode dapprima rifiuto ostinatamente, finche lei, disperata fino alle lacrime, acconsentirono a fatica. Il prezzo era dodicimila monete grosse.

Ormai non parlava piu con nessuno, perche la storia di Amao era da tempo respinta da tutti; ma da quando aveva parlato con la signora Liu, la notizia si era diffusa, e molti avevano scoperto un nuovo interesse per lei e tornavano a provocarla. Quanto al tema, naturalmente era cambiato: si concentravano sulla cicatrice in fronte.

"Cognata Xianglin, ti chiedo: allora com'e che alla fine hai ceduto?" diceva uno.

"Peccato, sbattere la testa per niente," commentava un altro guardandole la cicatrice.

Lei probabilmente dai sorrisi e dal tono capiva che la prendevano in giro, percio stava sempre con gli occhi fissi, senza dire una parola, e poi smise anche di voltare la testa. A labbra serrate, con quella cicatrice in fronte che tutti consideravano un marchio di vergogna, correva per le strade in silenzio, spazzava, lavava le verdure, sciacquava il riso. Ci volle quasi un anno prima che dalla Quarta Zia ritirasse lo stipendio accumulato, lo cambiasse in dodici dollari d'argento e chiedesse un permesso per andare nella parte occidentale del borgo. Ma non passo neanche il tempo di un pasto che torno, con l'aria molto sollevata e lo sguardo insolitamente vivace; disse contenta alla Quarta Zia che aveva donato la soglia al Tempio del Dio della Terra.

Al sacrificio invernale del solstizio, lavoro con ancora piu impegno. Vide la Quarta Zia disporre le offerte e, con Aniu, portare il tavolo al centro della sala; allora ando tranquillamente a prendere le coppe e i bastoncini.

"Lascia stare, cognata Xianglin!" grido la Quarta Zia in fretta, ad alta voce.

Lei si ritiro come scottata, il viso divento grigio-nero; non ando piu a prendere i candelieri, e resto li, smarrita. Solo quando il Quarto Zio accese l'incenso e le disse di andarsene, se ne ando. Questa volta il cambiamento fu enorme: il giorno dopo, non solo gli occhi le si erano infossati, ma anche lo spirito era ancor piu abbattuto. E aveva paura: non solo del buio notturno, delle ombre, ma anche della gente; persino vedendo i padroni, tremava come un topolino che esce dalla tana in pieno giorno; altrimenti stava seduta immobile, proprio come un manichino. In meno di sei mesi i capelli le divennero tutti bianchi, la memoria pessima, al punto da dimenticare spesso di andare a sciacquare il riso.

"Com'e ridotta la cognata Xianglin! Sarebbe stato meglio non tenerla, allora," diceva la Quarta Zia talvolta, anche davanti a lei, come per avvertirla.

Ma lei restava sempre cosi, senza speranza di miglioramento. Decisero di mandarla via, di rimandarla dalla vecchia Wei. Ma quando io ero ancora a Luzhen, si limitavano a dirlo; a giudicare dalla situazione attuale, devono averlo fatto alla fine. Se divenne mendicante subito dopo essere uscita dalla casa del Quarto Zio, o prima ando dalla vecchia Wei e poi divenne mendicante, questo non lo so.

Mi svegliai di soprassalto per i petardi vicini, fragorosissimi; vidi la luce gialla della lampada, grande come un fagiolo, e udii gli scoppi dei mortaretti: era il Sacrificio della Benedizione nella casa del Quarto Zio; seppi che era quasi l'ora del quinto turno di guardia. Nel dormiveglia udii ancora in lontananza il crepitio incessante dei petardi, che pareva fondersi in un'unica nube di suono, e insieme ai fiocchi di neve che danzavano in vortici, avvolgeva tutto il borgo. In quell'abbraccio fragoroso mi sentii anche pigro e comodo; i dubbi del giorno e della prima sera furono spazzati via dall'atmosfera del Sacrificio, e mi parve che le divinita del cielo e della terra, sazie delle offerte e dell'incenso, barcollassero ubriache nell'aria, pronte a dispensare alla gente di Luzhen una felicita senza fine.

(7 febbraio 1924.)